Policía Nacional

“He acompañado a morir a 29 niños…”: Policía en la calle, Spiderman en el hospital

Eduardo Balboa del Cid (Málaga, 1989), como buen superhéroe, lleva una doble vida. Es policía por la mañana. Vigila la estación de tren de Atocha, controla que no haya robos y atiende a quienes han sufrido algún delito. Por la tarde, se transforma. Este chico de 28 años, complexión atlética y alegría a prueba de bombas se enfunda el traje de Spiderman y recorre Madrid para ‘salvar’ niños con cáncer. Lleva cuatro años disfrazándose del héroe de Marvel —otros tres más sin máscara— y visitando las plantas de oncología de los principales hospitales de España para animar a los chicos, hablar con ellos e incluso ayudarles a transitar “sin miedo” en su camino hacia el otro lado cuando la medicina ya no puede hacer más.

He acompañado a 29 niños a su marcha hacia la muerte“, explica a El Confidencial sin perder la serenidad. “Si los médicos no pueden salvarle, yo tampoco puedo; esto lo asumo; no puedes salvarle ni frustrarte por ello”, reflexiona Edu, como le gusta que le llamen cuando no se ciñe el traje del hombre araña. En ese momento, en el que ya se percibe el final de sus pequeñas pero grandes vidas, el héroe de Marvel saca sus superpoderes. “Los acompaño a marcharse sin miedo, les digo que todo saldrá bien, que se irán al Cielo, les doy la mano y les ayudo a que se vayan tranquilos”, cuenta con una alegre paz.

Edu dedica gran parte del tiempo a jugar con los niños. (Fotos cedidas por Eduardo Balboa)
Edu dedica gran parte del tiempo a jugar con los niños. (Fotos cedidas por Eduardo Balboa)

El policía aclara que él no se mete en religión, que ha acompañado en sus momentos más difíciles a niños musulmanes, cristianos y de todas las creencias, que no hace distinción y que se limita a darles lo que tiene dentro para transmitirles tranquilidad y seguridad con la que afrontar el momento más trascendental de su vida. “No hablo de lo que no sé; pero, a ver, evidentemente, el niño se va a algún lugar cuando fallece y por eso le doy la mano y le acompaño para que se vaya tranquilo“, añade con la calma de un jubilado y el enérgico tono de un joven agente del orden.

“En el proceso de la muerte nunca me disfrazo, generalmente porque el niño está en la cama, en coma; estoy a su lado y ya está”, describe Edu, quien considera que “en parte también es bonito acompañar a morir“. “Todos quieren estar cuando un niño nace; pero pocos cuando se marcha”, afirma el policía antes de añadir que la fuerza para hacer lo que hace la saca de dentro. “Sé que estoy donde tengo que estar cuando hago esto, de ahí saco la fuerza, de lo mismo que hago”, resume Edu, que también insiste en aclarar que “la mayoría de los niños se curan” y siguen una vida normal. “Los que mueren son una minoría, gracias a Dios”, apunta.

Sea cual sea el final del pequeño, lo cierto es que el héroe de Marvel genera unos vínculos con la familia que duran para siempre. “Los lazos son indestructibles pase lo que pase”, sentencia antes de recordar ejemplos de estas relaciones. “El domingo voy a la boda de una mamá que perdió a su hijo en octubre“, cuenta el funcionario, que de momento no tiene pareja ni hijos, pero que no descarta la opción. Entiende que ser policía y visitar niños enfermos “son cosas independientes” pero tienen en común que ambas parten de un “espíritu de servicio a los demás”.

El policía cuenta a los niños que él les transmite superpoderes. (Foto cedida por Eduardo Balboa)
El policía cuenta a los niños que él les transmite superpoderes. (Foto cedida por Eduardo Balboa)

El disfraz de Spiderman parece el auténtico de las películas porque está hecho con la máxima calidad. “Se lo encargué a un particular, que me lo hizo a medida; me costó 400 euros y lo pagué yo de mi bolsillo”, explica Edu, que pone todo su entusiasmo cuando se enfunda el traje. “Intento dar veracidad al personaje”, asegura. “A veces entro por la ventana y los niños se impresionan, le doy toda la veracidad que puedo“, explica el policía, que detalla que se pone el traje cuando los padres contactan con él (la mayoría, por Facebook) o cuando, vestido de paisano, le promete a un niño que el superhéroe vendrá a verle. Porque la mayoría del tiempo que dedica a esta tarea lo hace como Edu Balboa, no como el hombre araña.

Cuando voy sin disfraz soy como un hermano mayor de los niños; hablo con ellos, juego a muchas cosas; depende del tipo de cáncer, de la situación del chico o la chica, hago unas cosas u otras”, explica. “A los adolescentes, que ya son más conscientes de las cosas y tienen miedo a lo que les puede pasar, trato de quitarles ese temor hablando con ellos“, añade. “A los pequeños, les hago juegos para que estén ocupados y lo pasen bien, para que sigan siendo niños y no se pierdan su infancia; a algunos, si veo que es procedente, les digo que conozco a Spiderman y que si quieren vendrá en unos días a verles”, relata Edu, que un día quiso que otro policía, Javier Ramón González —autor de libros de motivación como ‘De patrulla con Filípides’ o ‘Del sueño a la meta’—, escribiera su historia.

‘Entre superhéroes’ cuenta cómo Balboa llega a los niños y pone ejemplos reales. Uno de ellos, el de Alba, una niña que falleció con siete años tras someterse a un trasplante de médula que no salió bien. La pequeña, que además escribió el prólogo del libro, “conectó muchísimo” con Edu, explica González. “Estaba ingresada en el hospital de Málaga, era muy graciosa y le encantaban las sevillanas; para su cumpleaños, Edu se compró un traje de flamenco y bailó con ella vestido de sevillanas”, recuerda el autor del libro, que él mismo define como “el más bonito” que escribirá nunca.

La última sonrisa de mi hija

Otro niño que también aparece —”otro angelito”, como dice González— y que igualmente “se marchó” —como le gusta decir a Edu para evitar la palabra muerte— era del Real Madrid y le gustaba mucho Cristiano Ronaldo. “Edu movió cielo y tierra para conseguir que el futbolista fuera a visitar al pequeño al hospital del Niño Jesús donde estaba ingresado”, asegura González, a quien Balboa ha marcado para siempre. “Al principio, cuando me lo propuso, no sabía si quería hacer este libro sobre el cáncer infantil, pero tras hablarlo con mi mujer me lancé y luego el texto se escribía solo; ha sido una de las mejores experiencias de mi vida y estoy contento porque he puesto mi granito de arena en toda esta labor que hace Edu”, subraya González, que aún se sorprende cuando ve a Spiderman jugar con los niños.

“Edu dice que para conectar con un niño hay que ponerse a su altura, que de ese modo se siente como uno de ellos y puede hablar su mismo idioma; si tiene que meterse debajo de una mesa para jugar con ellos, lo hace sin problemas; dice que los niños son muy sabios, que transmiten unas ganas tremendas de luchar y que siempre sonríen, que esa sonrisa ayuda muchísimo a sus padres para pelear contra la enfermedad”, describe González, quien también recuerda en este punto a una niña, que también falleció al poco tiempo, que “estaba muy malita en brazos de su madre y apenas podía moverse”. “Cuando vio a Spiderman, sonrió; su madre le dijo luego a Edu que la última sonrisa de su hija se la había sacado él y que por eso estaba muy agradecida; es muy mágico todo lo que hace”, afirma González, quien le acompañó cuando vino al hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia. “Los niños estaban como locos, se desvivían con él”, recuerda.

Edu Balboa y su amigo Javier Ramón González, autor del libro sobre el policía Spiderman. (Foto cedida por Edu Balboa)
Edu Balboa y su amigo Javier Ramón González, autor del libro sobre el policía Spiderman. (Foto cedida por Edu Balboa)

En los últimos días, sin embargo, Edu se ha situado involuntariamente en el centro de una iniciativa totalmente distinta. Un compañero de trabajo ha pedido a través de Change.org que el Ministerio del Interior le conceda al hombre que se esconde tras la máscara la medalla al Mérito Policial. “Es un héroe y no solo por el disfraz de Spiderman (…), sino también porque lleva años visitando en sus ratos libres a los niños ingresados”, defiende el impulsor de la iniciativa, que considera que para entender la labor de su amigo basta con leer los comentarios de los familiares en su página de Facebook. “Siempre te estaré agradecida porque vinieras a conocer a mi pequeño; dos años después de aquella pesadilla, él solo recuerda los poderes que le diste”, afirma una madre.

“Él nunca ha buscado notoriedad, porque dice que el mejor reconocimiento de lo que hace son las sonrisas de los niños a los que visita en el hospital; pero yo creo que, por lo que aporta a la sociedad en su tiempo personal y por la humildad con la que lo hace, este compañero de la Policía Nacional merece que le otorguen esta distinción“, argumenta el agente que impulsa la petición de medalla para su compañero. Edu, por su parte, en línea con la descripción que de él hace el promotor de la solicitud, asegura a El Confidencial que la iniciativa le parece “muy bonita” pero que él ya tiene “recompensa de sobra con el cariño de las familias“. “Esto es lo que me hace seguir con lo que hago”, subraya Balboa, quien incide en que él dedica su tiempo libre a ayudar porque le “llena”.

“Nunca he sufrido estas enfermedades ni yo ni nadie de mi familia, lo hago porque quiero, porque veo que es bueno”, insiste el héroe de carne y hueso, que también asegura haberse convertido en un “abanderado del trasplante de médula“, sobre todo a raíz de la amistad que le unió con Pablo Ráez, que falleció hace un año tras convertirse en un fenómeno mediático por su lucha contra la leucemia y a favor de la donación de médula. “Le conocí la primera vez que se puso enfermo, luego le acompañé tras su segunda recaída y hasta su muerte; fue un gran amigo mío”, sentencia.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/espana/2018-05-26/poli-spiderman-cancer-ninos-change-org_1568504/