Son ingenieros industriales, electrotécnicos, delineantes, mecánicos... Pero, por encima de todo, son policías nacionales y su misión no es otra que la de buscar, desmantelar y abrir, ya sea por la fuerza o mediante la técnica, cualquier tipo de habitáculo que pudiera ocultar personas, drogas o cosas.
Es el Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas o GOIT. Se trata de una unidad altamente especializada conformada por diecinueve agentes y que nació ante la sofisticación que las organizaciones criminales estaban alcanzando a la hora de evitar la persecución policial.
Los integrante del GOIT intervienen cuando así son requeridos en cualquier punto de España. De hecho, una de sus más espectaculares actuaciones tuvo lugar recientemente en la provincia de Pontevedra.
Ocurrió el pasado mes de diciembre. Tras una investigación de Scotland Yard y del SOCA británico, los GEO abordaron a doscientas millas de la costa gallega a un buque oceanográfico, Destiny Empress, en el que se sospechaba que podía transportarse un importante alijo de droga tras su paso por Trinidad y Tobago.
La interceptación en alta mar de esta embarcación fue todo un éxito. Y eso que se tuvo que abordar el buque bajo unas condiciones durísimas, con la mar muy picada, dado que se tenía el convencimiento de que los integrantes de la tripulación -siete personas- «pudieran hacer entrega de la droga antes de su entrada en el puerto de Vigo, destino final de la mercancía».
Ya en el arsenal militar de Ferrol le tocó el turno al Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas. Fueron ellos los que descubrieron «un habitáculo secreto en las sentinas». Y dentro: cuarenta fardos, una tonelada, de cocaína.
Una «boca de hombre»
Llegar hasta el alijo no fue una tarea fácil. Desde la Policía Nacional se reseñó que «para llegar a este lugar había que introducirse a través de una trampilla tipo boca de hombre». Este acceso había sido habilitado en el suelo de una de las dependencias del oceanográfico y los narcos la habían ocultado y sellado mediante placas de aluminio atornilladas, que, a su vez, estaban cubiertas por una moqueta.
También fue complicado en el caso del South Sea, congelador que transportaba más de seis mil kilos de cocaína y que fue intervenido en el 2003. En su día, fue el mayor alijo aprehendido en alta mar en Europa y eso que, en un primer momento, la droga no aparecía por ningún lado.
Desde el primer momento, las sospechas se centraron en la posibilidad de que se hubiera practicado algún habitáculo en la estructura de la embarcación. La labor del GOIT permitió descubrir los estupefacientes en las bodegas del South Sea, un caso del que se conoció la sentencia de la Audiencia Nacional hace apenas unos meses.
No siempre, ni mucho menos, la actividad de estos expertos se limita a barcos. Ahí está la operación Ciclón, donde una tonelada de cocaína iba oculta en la maquinaria industrial de unos molinos de viento, o los 35 kilos de heroína que unos narcos habían camuflado en dos calderines -donde se acumula a presión el aire utilizado para accionar los frenos- de un camión. Este último caso fue toda una labor de ingeniería, ya que en el dentro de los calderines se introdujeron sendos cilindros metálicos, sellados mediante soldadura, con la droga. Para lograr meter los cilindros, los delincuentes previamente tuvieron que fracturar los calderines para, acto seguido, volverlos a soldar.
Los funcionarios del GOIT también tuvieron su momento en la operación Malaya, localizando zulos y descerrajando alguna que otra caja fuerte, o localizando armas, disfraces y material utilizado por El Solitario.





