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In Memoriam

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. MELITÓN MANZANAS GONZÁLEZ, asesinado por la banda terrorista E.T.A.

D. Melitón Manzanas González



De 59 años de edad, nació en junio de 1909 en San Sebastián. En esta ciudad estudió Peritaje mercantil y, en su juventud, formó parte de un grupo teatral. Al mes de iniciarse la Guerra Civil, fue detenido y encarcelado en el fuerte de Guadalupe, donde permaneció hasta ser liberado por las tropas que se alzaron contra la República. Al terminar la guerra, entró en el Cuerpo General de Policía como inspector en 1941. Estuvo destinado en Irún y, de aquí, pasó a San Sebastián como jefe de la Brigada Social. Su actuación en la comisaría de San Sebastián le hizo "acreedor de más de cincuenta felicitaciones públicas por su destacadas acciones policiales al servicio de la región en donde encontró una alevosa pero gloriosa muerte", como rezaba una reseña oficial difundida tras su asesinato (Alonso, R., Domínguez, F., García Rey, M., Vidas rotas, Espasa, 2010). Estaba casado y tenía una hija.

El 2 de agosto de 1968 la banda terrorista ETA asesinaba en Irún (Guipúzcoa) al inspector jefe de Policía MELITÓN MANZANAS GONZÁLEZ, casi dos meses después de que el 7 de junio Txabi Echebarrieta acabase a tiros con la vida del agente José Antonio Pardines Arcay. Echebarrieta murió horas más tarde en un enfrentamiento con la Guardia Civil en Tolosa. El etarra que le acompañaba, Iñaki Sarasketa, fue detenido y condenado a muerte, aunque la pena le fue conmutada por cadena perpetua y, posteriormente, se vio beneficiado por las medidas de amnistía aprobadas tras la muerte de Franco, saliendo de prisión en 1977.

El día que asesinaron al agente Pardines, Echebarrieta y Sarasketa se dirigían a San Sebastián para preparar el asesinato del inspector Melitón Manzanas. Es decir, los preparativos del asesinato del jefe de la Brigada de Investigación Social, en lo que ETA llamó 'Operación Sagarra' (manzana en vasco) se iniciaron bastante tiempo antes de la muerte del etarra Echebarrieta.

Iñaki Sarasketa, que acompañaba a Echebarrieta el día que asesinaron al agente Pardines, contó cómo se preparó el atentado contra Melitón Manzanas: "La primera información sobre sus movimientos me la dio Jon Oñatibia, miembro del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y antiguo delegado del Gobierno vasco en Nueva York. Fue una decisión personal, no digo que el PNV tuviera nada que ver. Supimos qué autobús cogía, a qué hora, incluso dónde solía sentarse. Yo se la pasé a Txabi" (El Mundo, 7/07/1998). Los primeros seguimientos del policía los hicieron el propio Echebarrieta y Jokin Gorostidi. Sin embargo el asesinato de Melitón fue presentado posteriormente como una respuesta de ETA a la pérdida del primer miembro de la banda, aunque la realidad fue bien distinta.

Sobre la personalidad de Jon Oñatibia, es interesante la información que proporciona José Díaz Herrera en Los Mitos del Nacionalismo vasco, (Planeta 2005) tras analizar documentación inédita en los archivos de la CIA. Según esa documentación, Oñatibia había sido uno de los hombres de confianza del lehendakari Aguirre para controlar las redes de espionaje que el PNV puso a disposición del OSS, y su sucesora la CIA, durante los años cuarenta y cincuenta. Estas redes, además de infiltrarse y espiar a distintas organizaciones y partidos contrarios a los intereses norteamericanos en América del Sur, espiaron a las distintas fuerzas republicanas y a sus líderes, entregando esta información a la CIA. Uno de los personajes clave en estas redes de espionaje fue Jon Oñatibia.

Cuenta Díaz Herrera que, entre otras cosas, fue el encargado de recuperar la documentación que había dejado el espía Jesús Galíndez tras su desaparición, tal y como le confirmó en entrevista el abogado Richard N. Gardner. A mediados de los años sesenta, y conservando la nacionalidad norteamericana, Oñatibia regresó al País Vasco y se estableció en Oñate, donde oficialmente vivía dando clases a estudiantes norteamericanos. Sarasketa señala que Oñatibia actuó por su propia cuenta ("fue una decisión personal" contó a El Mundo), pero Díaz Herrera deja flotar la duda de que un personaje clave de los servicios del nacionalismo vasco actuase por libre. "El asesinato de Melitón Manzanas, con datos facilitados por los agentes de Aguirre, revela que la historia pasa de padres a hijos y continúa" (Los Mitos del Nacionalismo vasco, pág. 731).

Continuación del mensaje en el siguiente mensaje...
 
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Tras la muerte de Echebarrieta en el enfrentamiento con la Guardia Civil, el Biltzar Tzipia de ETA (Comité Central) decidió continuar con los planes de asesinar a Manzanas y también al policía que desempeñaba las mismas funciones en Vizcaya, aunque este último atentado no llegó a llevarse a cabo. El encargado de organizar el asesinato fue Xabier Izko de la Iglesia que fue también el autor material del atentado.

El asesinato se produjo hacia las 15:30 horas en el descansillo del primer piso de Villa Arana, una casona de Irún con la forma del típico caserío vasco. La planta baja la ocupaba un negocio de equipos de imagen y sonido, y sobre la tienda había dos pisos. En el primero vivían Melitón Manzanas, su mujer y su hija.

Ese día, Melitón se trasladó en autobús desde la comisaría de San Sebastián a su domicilio en Irún. Al llegar a Villa Arana, abrió la puerta y subió la escalera. Su mujer le oyó y abrió la puerta. Le dijo "vienes mojado"... y en ese momento sonó un disparo que alcanzó a Manzanas por la espalda. La mujer vio al asesino, un individuo joven, de estatura media, bigote y largas patillas. Incluso llegó a forcejear con él. El asesino realizó varios disparos más, aunque no llegó a herir a la mujer del policía. También fue testigo la hija de Melitón, que se asomó a la puerta del domicilio al oír el primer disparo. Su madre la empujó al interior de la casa y ella se acercó a una ventana, pidiendo ayuda a gritos. En el lugar de los hechos se recogieron siete proyectiles del calibre 7,65. El etarra, Izko de la Iglesia, había esperado a Melitón Manzanas dentro de la casa, en un pequeño sótano situado a la izquierda de la escalera.

Melitón Manzanas falleció casi en el acto. Había recibido tres tiros en la cabeza, uno en la mano y otro en la muñeca. ETA reivindicó el atentado en una octavilla que difundió en agosto de 1968, donde se podía leer "Melitón Manzanas, ejecutado". Ante los rumores y falsas noticias que se sucedieron poniendo en duda la autoría del atentado, ETA volvió a difundir un comunicado de prensa el 13 de octubre de 1968, para reafirmar que había sido la autora. El crimen y su propaganda eran fundamentales para la banda en esos momentos, que ponía así en práctica su estrategia de acción-represión-acción contra el régimen franquista. Además, en este caso la figura del policía asesinado era propicia para hacer propaganda, pues Melitón Manzanas ya había sido acusado por miembros de la oposición al franquismo de practicar malos tratos y torturas a los detenidos.

Es frecuente que se utilice este tema para justificar el asesinato. Aunque de forma directa no se justifique, en el fondo se ha presentado el asesinato como una acción de justicia por parte de ETA. En relación con esto es importante señalar que, pese a que la banda terrorista haya alegado históricamente motivos de lo más variopintos para matar (injusticias varias, opresión de las clases populares, defensa del medio ambiente, lucha contra la drogas, la condición de confidente de las víctimas, supuestas torturas y malos tratos...), los verdaderos motivos por los que asesinaba ETA los expuso la propia banda en su revista Zutik en diciembre de 1961 (citado por José Díaz Herrera en Los Mitos del Nacionalismo, pág. 514): "Nuestro enemigo no es Franco. En este momento es la Dictadura de Franco, pero podría serlo la Democracia, la Monarquía o la República. Nuestro enemigo es España encarnada en cualquier sistema, forma de Estado o de Gobierno que niegue la libertad de los vascos a crear su Estado independiente". Los demás motivos alegados para asesinar no dejan de ser meros artificios propagandísticos. Por lo tanto, cabe concluir que aunque a Manzanas le hubieran acusado de cualquier otra cosa que no fuese cometer torturas, el resultado habría sido posiblemente el mismo: lo habrían asesinado por representar todo aquello que odia ETA.

La respuesta del Gobierno al asesinato de Melitón Manzanas fue la declaración del estado de excepción en Giupúzcoa por un período de tres meses a partir del 5 de agosto, medida que fue prorrogada en octubre por otros tres meses más. Esta medida implicaba la suspensión de los artículos 14, 15 y 18 del Fuero de los Españoles que regulaban la libertad de residencia, la inviolabilidad del domicilio y el periodo de detención policial. Para reforzar el estado de excepción, el 14 de agosto el Consejo de Ministros aprobó un Decreto Ley sobre represión del bandidaje y terrorismo, que significaba la inclusión en el ámbito de la jurisdicción militar de los delitos de propaganda, huelgas o sabotajes si estos perseguían fines políticos.

Xabier Izko de la Iglesia fue condenado en el Consejo de Guerra de Burgos de 1970 como autor material del asesinato de Melitón Manzanas, aunque el etarra siempre negó que fuera la persona que hizo los disparos. El asesinato del jefe de la Brigada de Investigación Social de San Sebastián fue una de las acusaciones centrales contra los dieciséis miembros de ETA que se sentaron en el banquillo del Consejo de Guerra celebrado en Burgos en diciembre de 1970. Seis de los acusados fueron condenados a muerte, aunque la condena fue posteriormente revocada y sustituida por cadena perpetua, y los diez restantes acumularon penas que sumaban más de 500 años de cárcel. La banda terrorista ETA quedó diezmada por la represión franquista, que llevó a la cárcel a una parte considerable de sus cuadros dirigentes durante 1968 y 1969.

En 1968 no hubo ninguna víctima mortal más después del asesinato de Melitón Manzanas. En 1969, la única víctima mortal fue el taxista de Arrigorriaga Fermín Monasterio por resistirse a llevar al etarra Miguel Etxevarría Iztueta, alias Makagüen, que huía de una redada policial en un piso del casco viejo de Bilbao en la que fueron apresados Mario Onaindia, Txutxo Abrisketa y Víctor Arana Bilbao. En 1970 y 1971 no hubo víctimas mortales, aunque sí se produjo una intensificación de los atentados de la mano del líder de ETA en esos momentos, el fraile benedictino Eustakio Mendizabal, alias Txikia -que murió en 1972 por disparos de la Policía-, y en 1972 sólo hubo una víctima mortal: el asesinato el 29 de agosto del policía municipal Eloy García Cambra, atentado no planificado, sino que se produjo durante la detención de un sospechoso en la estación de autobuses de Galdácano (Vizcaya).

Sin embargo, el Consejo de Guerra de Burgos acabaría provocando graves dificultades al régimen de Franco, pues las protestas por las condenas a muerte se extendieron por todo el mundo hasta conseguir que fueran conmutadas por las de cadena perpetua. Además, la oleada de solidaridad que despertó el Consejo provocó un flujo de nuevos militantes hacia una banda que en esos momentos estaba totalmente debilitada, no sólo por la acción de las Fuerzas de Seguridad, sino por la crisis interna de ETA con la celebración de la VI Asamblea en 1970, crisis que dividió a la banda en dos: el frente obrero y el militar.

El frente militar se transformó en ETA-V Asamblea, que sería la que se quedaría finalmente con la "marca" y con la estrategia de los asesinatos y atentados como fórmula de actuación. El año 1973 sería el del gran golpe propagandístico de ETA: el asesinato, en noviembre, del almirante Luis Carrero Blanco, su escolta, el policía Juan Antonio Bueno Fernández, y su chófer, José Luis Pérez Mogena. A todos los efectos, y durante muchos años, el de Carrero Blanco fue el único atentado con víctimas mortales de ese año, porque los otros tres asesinados por ETA en 1973 fueron los jóvenes gallegos José Humberto Fouz Escobero, Jorge Juan García Carneiro y Fernando Quiroga Veiga que, el 24 de marzo, cruzaron la frontera francesa para ver la película El último tango en París y, tras ser secuestrados y torturados hasta la muerte, nunca más se supo de ellos.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. ANTONIO LIGERO HEC y D. RAFAEL MUCIENTES SANZ, asesinados por la banda terrorista E.T.A.

D. Antonio Ligero Hec



De 30 años, era natural de Conil de la Frontera (Cádiz), donde una calle lleva su nombre. Estaba casado y tenía dos hijos. Había ingresado en 1979 en el Cuerpo Nacional de Policía. En marzo de 1984 le fue asignado el destino de Vitoria. Antes de incorporarse a la Policía Nacional había sido mecánico naval.

D. Rafael Mucientes Sanz



De 37 años, era natural de la localidad vallisoletana de Mojados. Estaba casado y tenía dos hijas. Había ingresado en 1971 en el Cuerpo Nacional de Policía. Desde 1982 prestaba servicio en la IV Compañía de la 56ª Bandera de la Policía Nacional, con sede en Vitoria.

A las cuatro de la tarde del 6 de agosto de 1987 la banda terrorista ETA asesinaba en Vitoria mediante la explosión de un coche-bomba a los policías nacionales ANTONIO LIGERO HEC y RAFAEL MUCIENTES SANZ, en un atentado en el que también resultó herida por la metralla Obdulia Vega Solac. El atentado se produjo en plenas fiestas patronales de Vitoria en honor de la Virgen Blanca.

Los agentes formaban parte de una patrulla de rutina compuesta por dos coches de la Policía que transitaban por el Alto de Armentia. Miembros de la banda terrorista habían colocado un coche-bomba en la cuneta de una curva situada en la carretera que va desde el Alto de Armentia hasta el paseo de San Prudencio en Vitoria. El coche-bomba estaba cargado con treinta kilos de explosivo y cuarenta de metralla. En el momento en el que los coches se pusieron a la altura de la bomba, uno de los terroristas accionó el detonador a distancia. La explosión alcanzó de lleno al segundo turismo, que resultó materialmente destrozado, y sus dos ocupantes, Antonio Ligero y Rafael Mucientes, fallecieron prácticamente en el acto. Restos del turismo se esparcieron por los alrededores encontrándose trozos del mismo a un centenar de metros. En el lugar de los hechos se recogieron también bolas de rodamiento de considerable diámetro y tuercas que formaban parte de los cuarenta kilos de metralla del artefacto. Los agentes asesinados pertenecían a la IV Compañía de la 56ª Bandera de la Policía Nacional, con sede en Vitoria, y llevaban varios años destinados en la capital alavesa.

Los dos policías nacionales fueron trasladados urgentemente al Hospital de Santiago, donde ingresaron cadáveres. Presentaban fractura de cráneo con salida de masa encefálica y graves quemaduras por todo el cuerpo. Fragmentos de la metralla que integraba el artefacto se incrustaron en viviendas situadas a centenares de metros del lugar de la explosión. Parte de esta metralla alcanzó la pierna de Obdulia Vega Solac, que fue dada de alta tras ser atendida en un centro sanitario de Vitoria.

La zona en la que se produjo el atentado era un lugar de esparcimiento de la capital alavesa. En el momento de la explosión, numerosas personas comían en restaurantes de los alrededores. Los cristales de domicilios y restaurantes quedaron hechos añicos y algunas puertas se desencajaron por la violencia de la explosión, escuchada en un radio de varios kilómetros.

A los pocos minutos de producirse el atentado llegó al lugar de los hechos Julen Elorriaga, delegado del Gobierno en el País Vasco. Su residencia oficial, Los Olivos, situada en el Alto de Urbieta, está muy cerca del lugar de la explosión.

Durante la celebración del funeral, un grupo de agentes de la Policía Nacional increpó a los representantes políticos presentes y reclamó que sus miembros fueran trasladados a otros puntos de destino en España. Por este motivo, la Dirección General de la Policía abrió expediente a una docena de policías. En esa época eran frecuentes las protestas sindicales por las pésimas condiciones y la deficiente calidad de los acuartelamientos de los policías destinados en el País Vasco, unido a que muchos agentes sufrían el denominado síndrome del Norte derivado de la alta tensión que padecían las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad por el terrorismo y el rechazo social. En los días posteriores al asesinato de Antonio Ligero y Rafael Mucientes el Ministerio del Interior anunció la puesta en marcha de gabinetes psicológicos para atender a los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado destinados en el País Vasco y en Navarra.

Un día después del asesinato de Rafael y Antonio, la banda terrorista ETA lanzó siete granadas contra la casa-cuartel de la Guardia Civil en Zaráuz (Guipúzcoa), hiriendo de gravedad por una esquirla en el cerebro a Borja Blanco Vega, un bebé de doce meses hijo de un guardia civil. Su hermano de siete años y la abuela del niño también resultaron heridos.

Diferentes sentencias de la Audiencia Nacional especifican que los responsables del atentado fueron José Javier Arizkuren Ruiz, alias Kantauri, Juan Carlos Arruti Azpitarte, alias Paterra, y María Soledad Iparraguirre Guenechea, alias Anboto. Para ello contaron con la colaboración del matrimonio formado por Miren Gotzone López de Luzuriaga e Ignacio Fernández de Larrinoa, que les alojaron en su domicilio desde finales de julio y les ayudaron a huir a Francia.

En 1991 la Audiencia Nacional condenó a 57 años de reclusión mayor a Juan Carlos Arruti Azpitarte, además de a otras penas de reclusión menor. En la misma sentencia fueron condenados a las mismas penas Ignacio Fernández de Larrinoa y Miren Gotzone López de Luzuriaga porque "ayudaron a los miembros del comando en los preparativos". En enero de 2008 fue condenado José Javier Arizkuren Ruiz, Kantauri, a 82 años de cárcel. En febrero de 2010, la Audiencia Nacional impidió que Arruti Azpitarte, Paterra, saliese de prisión -en la que está desde 1989 cumpliendo penas que suman un total de 403 años- al aplicarle la doctrina Parot. De este modo, la excarcelación de este asesino se verá aplazada hasta el año 2019.

María Soledad Iparraguirre, alias Anboto, fue detenida en Francia en octubre de 2004. Con un currículum espeluznante como miembro de los grupos Araba y Madrid de ETA, ha sido la etarra que más lejos ha llegado en la cúpula de la banda, después de María Dolores González Katarain, Yoyes. Estaba huida desde 1981. El 24 de septiembre de 2010 el Consejo de Ministros aprobó continuar con el procedimiento de solicitud a Francia de la ampliación de extradición activa de Iparraguirre concretamente por el atentado del 6 de agosto de 1987. La etarra se encuentra actualmente en la prisión francesa de Fresnes en París, mientras Francia decide sobre otras solicitudes anteriores de extradición.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. MODESTO RICO PASARÍN, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Modesto Rico Pasarín.



Era natural de Baracaldo (Vizcaya) y llevaba varios años residiendo en Santutxu. Tenía 33 años y se había casado muy poco tiempo antes de su asesinato. No tenía hijos. Su mujer tuvo que ser trasladada al Hospital de Basurto cuando supo qué había pasado víctima de un ataque de nervios. Modesto ingresó en el Cuerpo Nacional de Policía en 1989 y fue destinado a la Jefatura Superior de Policía de Bilbao. En el momento de su asesinato desarrollaba su trabajo en la Audiencia Provincial de Vizcaya.

El lunes 17 de febrero de 1997, la banda terrorista ETA asesinaba en el barrio bilbaíno de Santutxu al policía nacional MODESTO RICO PASARÍN.

Modesto murió al estallar una bomba colocada en el interior de su coche, bajo el asiento del conductor. Su cuerpo salió despedido y fue a chocar contra un muro de un colegio situado a varios metros de distancia. La imagen del cuerpo del policía destrozado sobre la acera provocó escenas de pánico y conmoción.

La explosión se produjo minutos antes de las 9:00 horas, a pocos metros de ese centro escolar en el que estudiaban 1.800 alumnos, por lo que a esa hora el lugar era muy transitado por escolares. Minutos antes, dos autobuses de estudiantes habían partido de las inmediaciones del lugar del atentado para realizar una excursión. Otro vehículo con escolares debía estacionar en el mismo lugar procedente de un barrio cercano. Varios edificios, entre ellos el colegio, se vieron afectados por la onda expansiva, que provocó la rotura de numerosos cristales en las ventanas.

Este atentado tenía una singularidad: la bomba estaba colocada dentro del coche, lo que dificultaba su detección. Modesto Rico arrancó su vehículo en un patio que es utilizado como aparcamiento situado junto al portal de su casa, en la plaza Santiago Lasalle. El turismo tan sólo se había desplazado unos 25 metros, hasta una bocacalle que da acceso a la travesía Menéndez y Pelayo cuando, al descender desde la acera a la calzada, la bomba estalló. El sistema de activación de la bomba, que contenía de tres a cinco kilos de explosivo, estaba formado por una ampolla de mercurio dotada de dos polos.

El atentado de Modesto ponía fin a un periodo de 25 meses sin víctimas mortales de ETA en Vizcaya, desde que los terroristas asesinaron en enero de 1995 al policía nacional Rafael Leiva Loro e hirieron gravemente a Domingo Durán Díez, que sobrevivió tetrapléjico hasta marzo de 2003. Pero Modesto era la cuarta víctima mortal de una espiral de violencia que había provocado tres asesinatos fuera de Vizcaya la semana anterior: el del magistrado Rafael Martínez Emperador en Madrid, el del peluquero de la base aérea de Armilla en Granada, Domingo Puente Martín, y el del empresario Patxi Arratíbel Fuentes, mediador en el pago del secuestro de Emiliano Revilla, en Tolosa.

En el año 2000 fue condenado el etarra Pedro del Hoyo Hernández (natural de Badajoz y captado por ETA en 1995) a 30 años de prisión por realizar labores de recopilación de información y de vigilancia sobre la víctima, lo que permitió que otros miembros de la banda pudieran colocar la bomba en el coche de Modesto.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. PEDRO ORTIZ DE URBINA GARAYALDE, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Pedro Ortiz de Urbina



Tenía 63 años y era natural de la localidad de Gamarra Mayor a las afueras de Vitoria. Era viudo desde tres años antes de su asesinato y no tenía hijos. Pedro había sido comisario de policía. Posteriormente ejerció de veterinario en el matadero municipal de Vitoria, tras pedirse una excedencia en la Policía. Se jubiló de subcomisario en 1982. Los vecinos de la víctima aseguraron que era una persona algo introvertida, muy conocida en el barrio por su gran pasión por los animales.

En torno a las 7:30 horas tres personas intimidaron, a punta de pistola, a Jesús María Díaz de Heredia, propietario de un vehículo Seat Ritmo, que se disponía a salir del garaje de su casa. Los jóvenes situaron al propietario del vehículo en la parte trasera y, sin mediar palabras, se dirigieron al domicilio del ex subcomisario, en la avenida de Judizmendi de la capital alavesa. Tras penetrar en el edificio, dos miembros de la banda subieron hasta el piso de los porteros mientras un tercero permanecía en el coche robado con el propietario.

Al cabo de cinco minutos los tres terroristas se reunían en el octavo piso del inmueble y, tras maniatar al portero y al propietario del vehículo, bajaron con la portera al tercer piso, obligándola a llamar a la puerta del domicilio de Pedro Ortiz de Urbina. Al no responder nadie porque el expolicía se encontraba en misa como cada mañana, los agresores tuvieron que repetir la operación al cabo de unos minutos.

Eran ya las 8.35 horas cuando los tres terroristas se personaban de nuevo en el tercer piso, utilizando a la joven portera para que pulsara el timbre. En cuanto Pedro Ortiz de Urbina abrió la puerta, retiraron a la portera y dispararon contra el funcionario de policía retirado. Un proyectil lo alcanzó en el pecho y otro en la cabeza. Cayó muerto en el mismo umbral de la puerta, en donde posteriormente fueron recogidos cuatro casquillos del calibre 9 milímetros parabellum, marca SF.

Los asesinos huyeron en el mismo coche robado y lo abandonaron después en una de las calles adyacentes al lugar del atentado.

En 1990 fue condenado como autor material del asesinato de Pedro Ortiz de Urbina el etarra Juan Carlos Arruti Azpitarte, alias Paterra, y Carlos Torrecilla Parra como cómplice. En 2002 fue también condenado por el asesinato del expolicía Javier Arizkuren Ruiz, Kantauri.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. JOSÉ LUIS DE RAYMUNDO MOYA, D. JOSÉ VICENTE DEL VAL DEL RÍO, D. MIGUEL ÁNGEL RAYA AGUILAR y D. JOAQUÍN RAMOS GÓMEZ, asesinados por la banda terrorista E.T.A.

D. José Luis Raimundo Moya



De 57 años de edad, estaba soltero. Era natural de Izurzun (Navarra). Licenciado en Derecho y diplomado en Medicina y Cirugía, también había realizado cursos de Criminología. En 1944 ingresó en el Cuerpo Superior de Policía. Según sus compañeros era un demócrata, votante del partido socialista y defensor de las instituciones vascas. Además, estaba considerado un profesional muy preparado y había publicado varios libros. Era comisario jefe de la Comisaría del distrito de Santiago en Bilbao.

Un mes después del asesinato, previo secuestro, del ingeniero Ryan, y menos de dos semanas después del 23-F, a las 15:15 horas del 5 de marzo de 1981, ETA asesinaba en el barrio bilbaíno de Deusto al comisario de Policía JOSÉ LUIS RAIMUNDO MOYA. Un etarra, que se había bajado de un vehículo en el que había otros dos terroristas, se dirigió a él y le disparó a bocajarro un tiro en la nuca cuando se dirigía a pie a su domicilio en la calle Blas de Otero, donde vivía con su hermano y su cuñada.

Varias personas acudieron al lugar con intención de prestar auxilio al herido que fue atendido de urgencia por personal del ambulatorio de la Seguridad Social de Deusto. Con un hilo de vida fue trasladado en una ambulancia al servicio de urgencia del Hospital de Basurto, donde fallecería una hora después, a las cuatro y media de la tarde, mientras era intervenido quirúrgicamente. La herida era mortal y el parte médico confirmaba esta apreciación: "Impacto de arma de fuego con orificio de entrada a nivel occipital y salida a nivel frontoparietal izquierdo, con pérdida de masa encefálica".

El presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, y el presidente del Gobierno vasco, Carlos Garaikoetxea, se trasladaron esa misma tarde a Bilbao en un viaje relámpago para visitar la capilla ardiente instalada en la Jefatura Superior de Policía de Bilbao.

Una hora después del atentado Txiki Benegas, secretario general del PSOE en el País Vasco, declaraba a los medios informativos: "ETA militar, con esta acción, se sitúa objetivamente con los golpistas que quieren acabar con la democracia y la libertad. ETA pretende acabar con el proceso autonómico vasco y provocar un estado de excepción en Euskadi". La banda terrorista reivindicó el atentado al día siguiente mediante llamada a la redacción de Egin.

En 1988 fueron condenados por este asesinato Francisco Javier Echevarría González y Joseba Koldobika Artola Ibarreche.

D. José Vicente del Val del Río



Tenía 21 años. Estaba soltero y era natural de Burgos.

El 30 de marzo de 1978 fallece el policía JOSÉ VICENTE DEL VAL DEL RÍO, tras pasar veinticinco días entre la vida y la muerte, consecuencia del atentado sufrido el 5 de marzo en el que murieron sus compañeros Joaquín Ramos Gómez y Miguel Raya Aguilar. El ametrallamiento de un Jeep de la Policía dejó heridos, también, a otros dos policías: Armando Doval González y Santiago del Canto de los Reyes. El atentado fue obra de miembros del grupo Araba de ETA. José Vicente fue alcanzado por siete disparos en el hemitórax, hepigastrio, pared torácica derecha y bazo. Fue traslado en estado de máxima gravedad al Hospital de Santiago. Finalmente no pudo sobrevivir a las graves heridas sufridas.

D. Miguel Ángel Raya Aguilar



El conductor del vehículo, el policía nacional Miguel Ángel Raya Aguilar, era natural de Huelma (Jaén). Tenía 26 años cuando sufrió el atentado que le costó la vida. Consiguió salir del Jeep ametrallado, pero se desplomó junto a la rueda delantera.

D. Joaquín Ramos Gómez



Era natural de Sevilla. Casado, tenía 26 años cuando fue asesinado. Fue alcanzado por disparos en el tórax, las extremidades y la cabeza, y aunque llegó con vida al Hospital de Santiago, falleció dos horas más tarde mientras era sometido a una intervención quirúrgica.

A las 20:00 horas del 5 de marzo de 1978, dos policías nacionales resultaron muertos y tres heridos -uno de ellos de extrema gravedad- al ser ametrallado el Jeep que ocupaban por dos o tres terroristas de ETA. Los fallecidos eran MIGUEL ÁNGEL RAYA AGUILAR y JOAQUÍN RAMOS GÓMEZ. El agente que resultó gravemente herido fue José Vicente del Val del Río, de 21 años y natural de Burgos. Presentaba heridas de bala en hemitórax, hepigastrio, pared torácica derecha y rotura de bazo -que le fue extirpado- e hígado. Su estado fue calificado por los médicos como de extrema gravedad. Se debatió entre la vida y la muerte durante veinticinco días, falleciendo finalmente el 30 de marzo.

Asimismo, resultaron heridos menos graves los policías Armando Doval González, soltero, de 21 años, natural de Orense, y Santiago del Canto de los Reyes, casado, de 24 años y natural de Jerez de la Frontera. El cabo primero Antonio Barrado Tejada, de 26 años, natural de Zarza de Montánchez (Cáceres), resultó ileso.

El atentado ocurrió en el barrio de Zaramaga, de Vitoria, cuando un vehículo de la Policía, ocupado por un cabo y tres policías, se detuvo frente a la entrada del matadero municipal, en la calle de los Reyes de Navarra. Ahí otros dos agentes, que estaban de patrulla, se introdujeron en el vehículo oficial para informar de los avatares de la ronda. En ese momento dos o tres individuos salieron de una cabina telefónica próxima y vaciaron sus ametralladoras contra los agentes.

Media hora antes, los terroristas habían robado un coche a punta de pistola en Aizcorbe (Navarra). El propietario del vehículo presentó la denuncia de sustracción del mismo en la comisaría hacia las ocho y veinte de la noche, minutos después de que se produjera el atentado contra el Jeep de la Policía.

Los pistoleros de ETA aparcaron el coche a pocos metros de una cabina telefónica situada frente al lugar donde, minutos más tarde, se detendría el Jeep de la Policía para recibir el parte de la pareja que realizaba la patrulla en aquella zona. Todo hace pensar que dos o tres de los jóvenes se dirigieron a pie desde el coche hasta la cabina telefónica, en donde debieron esperar la llegada del Jeep. A las ocho de la noche llegó el vehículo policial y aparcó en un rellano existente frente a la puerta del matadero municipal. A los pocos minutos llegaron los dos policías que se introdujeron en el Jeep para informar de las novedades a sus compañeros. En ese momento dos terroristas se dirigieron hacia el vehículo, situado al otro lado de la calle, abriendo fuego con varias ráfagas de fusil ametrallador. El Jeep resultó alcanzado por 52 impactos de bala y se usaron dos cargadores de treinta proyectiles.

La mayoría de los impactos dieron de lleno en la zona central del vehículo, hiriendo al chófer y a los cuatro policías que ocupaban los asientos de la parte posterior. Únicamente el cabo, situado en el asiento junto al conductor, resultó ileso. Todo parece indicar que los policías que ocupaban el Jeep fueron sorprendidos, no teniendo tiempo para repeler la agresión desde el interior del vehículo. En medio de la confusión que produjeron los disparos, los etarras montaron en su coche alejándose a gran velocidad del lugar, en dirección a la calle Vitoria. Tras dejar abandonado el vehículo en la salida hacia Bilbao, los asesinos siguieron su huida a pie.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. ÁNGEL RODRÍGUEZ HERMIDA y D. FÉLIX GARCÍA ALONSO, asesinados por la banda terrorista el G.R.A.P.O.

D. Ángel Rodríguez Hermida



El sábado 10 de marzo de 1979 miembros del Grapo asesinaban al inspector del Cuerpo General de Policía Ángel Rodríguez Hermida en Madrid.

El asesinato tuvo lugar cuando Ángel Rodríguez y otros dos policías que viajaban en un Renault 12 policial, sospecharon de tres jóvenes que, a bordo de un Renault 7 circulaban por diversas calles de Moratalaz (Madrid).

El vehículo sospechoso fue seguido por los policías hasta que se introdujo en uno de los callejones sin salida formados por la calle de la Hacienda de Pavones, a la altura del número 164.

Cuando los policías se aproximaron al coche para pedir la documentación de los sospechosos los ocupantes del Renault 7 se apearon del mismo y comenzaron a disparar sobre los policías. Una de las balas alcanzó a Ángel Rodríguez en el cuello, mientras que otro policía repelió la agresión e hirió en la mejilla al miembro del comando Antonio Tosina, mientras los otros dos activistas del Grapo se daban a la fuga.

Ambos heridos fueron trasladados a la Ciudad Sanitaria Francisco Franco, donde falleció el agente.

D. Félix García Alonso



Un policía resultó muerto y otro gravemente herido tras un atentado perpetrado a las cuatro y veinte de esta tarde contra una pareja de la Policía Armada que patrullaba la zona de Entrevias, en el distrito de Vallecas, de Madrid.

El policía que falleció en el acto era don Felipe García Alonso, y su compañero, que ingresó gravemente herido en la Ciudad Sanitaria "Francisco Franco", Don Manuel Blázquez Blanco.

El atentado tuvo lugar a la altura del número 96 de la calle" Manuel Pérez, en el barrio de Entrevias del distrito de Vallecas. Sus ejecutores fueron, al parecer, tres individuos, que tras efectuar varios disparos contra los miembros de la Policía y arrebatarles las armas se dieron inmediatamente a la fuga en un coche «Seat», matrícula M-3809-AG. Los desconocidos, en su huida, tuvieron un accidente, lo que les obligó a arrebatar a su ocupante, a punta de pistola un «Seat 127», matrícula M-5181-BH. Según testigos presenciales, los presuntos autores del atentado, que mostraban aspecto normal, vestían cazadoras y llevaban el pelo largo, eran esperados por otros tres jóvenes.

Fingieron una discusión en tea confluencia de la citada calle con la de Sierra de la Sagra y cuando se aproximaron tos agentes del orden les ametrallaron a bocajarro. Dichos testigos añadieron que vieron a los jóvenes cómo remataban a los policías, una vez abatidos por los disparos, y con gran sangre fría volvieron al vehículo. A unos cien metros del fugarse encontraba en aquel momento un «jeep» de la Policía Armada con dos agentes, quienes rápidamente y ayudados por los vecinos trasladaron al señor García Alonso al Hospital «Francisco Franco», donde ingresó ya cadáver.

En cuanto al señor Blazquez Blanco, fue conducido a la casa de socorro en estado de extrema gravedad. Presentaba heridas por arma de fuego con tres impactos de bala, uno de ello3 con proyectil incluido. Pese a su estado desesperado, una vez intervenido quirúrgicamente, también en la Ciudad Sanitaría «Francisco Franco», se espera que salve la vida. En el lugar donde ocurrieron los hechos han sido encontrados varios casquillos de bala del calibre nueve parabellun.

El jefe de la primera circunscripción de la Policía Armada, coronel Platero, acudió inmediatamente a la ciudad sanitaria Francisco Franco, así como diversos jefes y oficiales del Cuerpo, compañeros de las víctimas y personal civil interesado por lo sucedido. Muchos de ellos ofrecieron donar su sangre en caso de que fuese necesario. El policía asesinado era natural de Robledo de Corpes (Guadalajara), 'había nacido en 1953 y estaba soltero. Su compañero herido, también soltero, nació en 1956, había salido de la academia de policía el pasado diciembre y estaba en período de prácticas durante cuatro meses.

El Rey don Juan Carlos fue Informado del hecho, así como del asesinato del ex sargento de la Guardia Civil don José María Acedo, en Guipúzcoa, del que más adelante ofrecemos información. El Consejo de Ministros retrasó media hora su comienzo al ser informado el presidente Suárez de ambos hechos. Desde el momento en que se conocieron los acontecimientos el gobernador civil tomó contacto con sus colaboradores y siguió personalmente las pesquisas policiales en orden al esclarecimiento de los hechos.

El atentado de hoy en Madrid estuvo precedido por dos falsas alarmas de atentado ayer, las cuales conmovieron el hemiciclo del Congreso. A media tarde se puso en movimiento la Guardia Civil de Tráfico ante la noticia de que habían sido ametrallados dos números que cumplían su servicio en Valdemoro, al sur de Madrid. Comprobada su falsedad, más tarde se recibió otra llamada anónima en el mismo sentido, que volvió a poner en jaque a la policía.

Según algunas impresiones recogidas en fuentes oficiales, la razón de las llamadas telefónicas podría achacarse bien a un maníaco o, por el contrario, podrían obedecer a un plan establecido que utilizara el consiguiente movimiento de fuerzas producido por cada llamada para entrar o salir de Madrid. Por otra parte, fuentes oficiosas de la policía dieron cuenta a «La Vanguardia de que desde hace días se había localizado un comando terrorista en Madrid, cuyos pasos eran seguidos por los servicios correspondientes. Nota oficial sobre los hechos En relación con el atentado, el Gobierno Civil de la provincia ha hecho pública la siguiente nota:

«Poco después de las cuatro y cuarto de la tarde, tres individuos dispararon contra una pareja de la Policía Armada que patrullaba por la calle de Manuel Pérez, tírente al núm. 96. A consecuencia de los disparos recibidos, falleció don Félix García Alonso, resultando gravemente herido don Manuel Vázquez Blanco. Los agresores huyeron en un «Seat 131» amarillo, matrícula M-3809-AG, que posteriormente cambiaron por un 127 en la avenida dé Entrevistas, cuando, con las armas, obligaron a su conductor a descender. Según testigos presenciales, los asesinos actuaron con enormes dosis de sangre fría, disparando a corta distancia y sin dar tiempo a los servidores del orden a defenderse. Cuando los policías cayeron al suelo, les arrebataron sus armas y golpearon a uno de ellos con la culata en la cabeza. Se encontraron casquillos del 9 corto y Parabelíum.

El fallecido, don Félix García Alonso, presentaba seis impactos de bala y murió a los pocos minutos del atentado. Tenía 27 años, y había ingresado en el Cuerpo en enero de 1975. Natural de Buenaventura de Corpves, su estado actual era soltero. Fue trasladado al hospital Francisco Franco y, posteriormente el Gómez Ulla, donde se le practicó la autopsia y quedó montada la capilla ardiente a primeras horas de la noche. Su compañero en la patrulla de barrio, don Manuel Vázquez Blanco, recibió tres impactos de bala.

Fue trasladado al equipo quirúrgico número tres y, posteriormente, al Francisco Franco, donde fue intervenido tras la presencia de numerosos compañeros de la policía, que se trasladaron al hospital, ante la llamada que se hizo para donar sangre del factor «RH negativo». La intervención finalizó a las siete y media y. en el transcurso de la misma, le fue extirpado el riñón derecho. Otra bala i le había perforado el hígado e interesado el pulmón. Una tercera le atravesó el brazo izquierdo. La operación fue satisfactoria y aunque su estado es aun grave, se guardan esperanzas respecto a su evolución.

El señor Vázquez Blanco tiene 22 años y había ingresado en el Cuerpo hace tres meses. Es soltero. A última hora de la tarde se trasladaron al hospital Gómez Ulla el gobernador civil de Madrid, el jefe superior de Policía y el coronel jefe de la circunscripción de la Policía Armada. Posteriormente, el gobernador volvió al hospital para trasladar su condolencia a los padres del joven policía asesinado.» el señor Acedo levantaba ligeramente la cabeza. Entonces dio media vuelta, metió otro cargador en la pistola y disparó contra la cabeza de la víctima.»

La Vanguardia, sábado 11 de marzo de 1978

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30 Nov 2011
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Recordamos hoy al Policía Nacional D. JOSÉ ANTONIO ÁLVAREZ DÍEZ, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. José Antonio Álvarez Díez



De 27 años, estaba casado con Gabriela García (22 años) y tenían un hijo. Era natural de Tremor de Arriba (León). Había ingresado en el Cuerpo Superior de Policía cinco años antes de su asesinato. Ejerció su corta carrera en San Sebastián.

Pasadas las once de la noche del 14 de marzo de 1986, el inspector del Cuerpo Superior de Policía JOSÉ ANTONIO ÁLVAREZ DÍEZ resultaba muerto en San Sebastián en el transcurso de un tiroteo con tres miembros de la banda terrorista ETA. Uno de ellos, que llevaba identificación falsa, falleció también en el intercambio de disparos.

José Antonio se hallaba en compañía de otro policía en un coche camuflado siguiendo las evoluciones de tres personas -entre ellas una mujer- dentro de un Citröen Visa que estaba aparcado en el paseo de Miraconcha. La víctima se acercó al turismo para pedir la identificación de los sospechosos cuando recibió dos disparos a bocajarro, uno de los cuales le atravesó el corazón y provocó su muerte instantánea.

Su compañero repelió la agresión con su arma reglamentaria y alcanzó al terrorista Ángel María Galarraga Mendizábal, alias Pototo, con varios disparos que le ocasionaron la muerte. Los otros dos terroristas huyeron a pie y llegaron hasta la playa de La Concha, donde se les perdió el rastro.

Galarraga Mendizábal tenía un largo historial criminal dentro de la banda terrorista, además de pertenecer a una saga familiar de terroristas. Combatió con la guerrilla salvadoreña a principios de los ochenta y era hermano de Juan Manuel Galarraga Mendizábal, alias Zaldivi, acusado de ser el principal responsable del atentado de la calle Correo de Madrid el 13 de septiembre de 1974, la primera masacre de ETA. Una hija de este último, Saroia Galarraga, fue detenida en Francia en 2001 junto al etarra Juan Antonio Olarra Guridi. Días después su prima Hodei Galarraga Irastorza moría en Bilbao al explotarle la bomba que transportaba en un vehículo. Un hermano de Saroia, Haritza, está también implicado en actividades de Segi. Ángel María Galarraga fue enterrado el 16 de abril en Zaldivia, donde fue homenajeado por simpatizantes de la banda. Además, el Ayuntamiento corrió con todos los gastos del sepelio.

En el interior del coche de los terroristas, que había sido robado con anterioridad a un veterinario de la localidad guipuzcoana de Azcoitia, fueron encontrados 12 kilos de Goma-2. El explosivo estaba colocado en el interior de dos ollas metálicas, en las que los terroristas habían introducido 20 kilos de tornillos de grueso calibre, a modo de metralla. El artefacto, preparado para explotar, iba a ser utilizado al paso de un vehículo policial que haría su ronda habitual por el paseo marítimo.

En 1989 la Audiencia Nacional condenó a 44 años por este atentado a Ignacio Erro Zazu, alias Pelos, y Estanislao Echaburu Solabarrieta, alias Iván. Ignacio Erro Zazu fue detenido en 1987 en una operación en Pasajes de San Pedro en la que, durante el enfrentamiento con la Policía, murió la etarra Lucía Urigoitia Ajuria. Además de por el asesinato de José Antonio Álvarez Díez, ha sido juzgado y condenado a cientos de años por varios asesinatos más. Por otra parte, es uno de los 47 etarras que redimió condena por estudiar carreras en la UPV sin tener los requisitos mínimos de acceso a la universidad, escándalo que llevó a la Fiscalía General del Estado a investigar el asunto en el año 2005.

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30 Nov 2011
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Recordamos hoy al Policía Francés (gendarme) D. JEAN-SERGE NÉRIN, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Jean-Serge Nérin



De 53 años, ejerció toda su carrera en la comisaría de Dammarie-les-Lys, en el departamento de Seine-et Marne. Nacido en Cayenne (Guayana), tenía cuatro hijos: una hija de 32 años, uno de 18 años y dos mellizos de 16. Le quedaban dos años para jubilarse.

El martes 16 de marzo de 2010 moría el gendarme francés JEAN-SERGE NÉRIN tras un intercambio de disparos con varios miembros de la banda terrorista ETA. Uno de ellos, Joseba Fernández Aspurz, alias El Guindi, fue detenido, pero los otros cinco consiguieron huir. Fernández Aspurz tenía antecedentes por terrorismo callejero.

Jean-Serge Nérin recibió varios disparos al tratar de impedir que los etarras robaran un coche en un concesionario de BMW, momento en que los terroristas abrieron fuego contra él. Según fuentes de la investigación Jean-Serge llevaba chaleco antibalas, pero la bala pasó bajo la axila y le destrozó la caja torácica. Falleció una hora después del tiroteo.

El gendarme muerto fue la primera víctima de las fuerzas policiales francesas asesinada por ETA y la duodécima víctima de la banda después de la ruptura de la tregua. Es, además, la última víctima mortal de la banda terrorista. Desde el 30 de julio de 2009, cuando una bomba lapa acabó con la vida de los agentes Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvà Lezáun en Palma de Mallorca, ETA no había vuelto a asesinar.

Aunque Jean-Serge era el primer policía francés asesinado por ETA, éste no ha sido el único enfrentamiento entre los etarras y los gendarmes. De hecho, ya se habían producido trece enfrentamientos más entre los terroristas y la Policía francesa.

El 4 de abril, la banda asesina emitió un comunicado, vía diario Gara, en el que acusaba a Francia de obligarle a asesinar al gendarme. Con su cinismo habitual, en el comunicado se dice que "el origen del enfrentamiento está en la actuación de la Policía francesa contra nuestros militantes y, por tanto, de ningún modo al revés. Ellos fueron los que se acercaron a los gudaris de ETA para secuestrarlos y fueron los primeros en disparar". Además exigían a Francia una "profunda reflexión" y señalaban la "borrachera represiva" del Gobierno español.

En enero de 2012 la Guardia Civil, en una operación conjunta con la Gendarmería francesa, detuvo en París a tres miembros de la banda terrorista ETA, armados y con documentación falsa, en la que fue la primera operación policial contra la banda del Gobierno de Mariano Rajoy tras las elecciones del 20 de noviembre de 2011. Entre los detenidos se encontraba Jon Etxeberria Oyarbide, al que fuentes del Ministerio de Interior vinculan con el tiroteo en el que murió asesinado Jean-Serge Nérin.

Además, está acusado de participar en varios actos de terrorismo callejero, igual que Joseba Fernández Aspurz, El Guindi -detenido tras el tiroteo que acabó con la vida del agente francés- y de pertenecer a Segi, la ilegalizada organización juvenil proetarra. Etxeberria perteneció al grupo Ustargi de ETA formado por chivatos de la banda que proporcionaban información a la misma sobre objetivos en la provincia de Álava. En 2001 fue detenido por la Guardia Civil y puesto en libertad bajo fianza, circunstancia que Etxeberria aprovechó para huir.

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Pd: aunque no pertenece al CNP pero igualmente lo pongo en este post.
 
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30 Nov 2011
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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. ALFONSO MASIDE BOUZO y D. AGUSTÍN MARTÍNEZ PÉREZ, asesinados por la banda terrorista E.T.A.

D. Alfonso Maside Bouzo



Tenía 26 años y estaba soltero. Sus restos mortales fueron trasladados a Baños de Molías (Orense), donde había nacido. Igual que Agustín, llevaba destinado cuatro años en la comisaría de Sestao.

D. Agustín Martínez Pérez



Tenía 27 años. Sus restos fueron trasladados a La Bañeza (León), de donde era natural. Estaba destinado en la comisaría de Sestao desde cuatro años antes del atentado. Su madre le había pedido un día antes de ser asesinado que pidiese el traslado cuanto antes, aunque su hijo le contestó que estaba muy a gusto en el País Vasco.

Poco después de las tres de la tarde del lunes 22 de marzo de 1982, dos inspectores de Policía y la novia de uno de ellos, argentina, resultaron muertos en un atentado perpetrado por ETA en la localidad vizcaína de Sestao. Otros dos policías quedaron gravemente heridos.

Los cuatro inspectores, y la mujer que les acompañaba, fueron salvajemente ametrallados por cuatro pistoleros que irrumpieron, con la cara descubierta, en el restaurante donde los cinco se encontraban a punto de finalizar el almuerzo. Los fallecidos fueron ALFONSO MASIDE BOUZO, AGUSTÍN MARTÍNEZ PÉREZ y CRISTINA MÓNICA ILLARMENDI RICCI (novia de Agustín y empleada en el local donde estaban comiendo). Resultaron gravemente heridos Miguel Ángel Fernández Martínez y Miguel Ángel Cabezas Fernández, también policías.

El atentado se produjo en el restaurante Rancho Chileno, situado en un bloque de viviendas construido a la salida de Sestao en dirección a Portugalete. Desde hacía algún tiempo, los cuatro policías tenían por costumbre comer en el mismo restaurante, si bien no parecían ser muy conocidos en el barrio.

Al comedor, una pieza rectangular de unos dieciséis metros cuadrados con una decena de mesas, se accede desde una puerta situada en un extremo de la barra del bar. Los terroristas irrumpieron por dicha puerta, armados con varias metralletas y, al menos, una pistola. Sin mediar palabra, efectuaron no menos de un centenar de disparos en ráfaga, directamente dirigidos contra la mesa situada en el extremo diagonalmente opuesto a la puerta. En el momento de producirse el atentado, además de los policías, había en el establecimiento media docena de personas que jugaban a las cartas y muchos clientes en la barra del bar.

En el techo del comedor eran visibles dos impactos de bala, y unos treinta o cuarenta más en la pared y cristalera del fondo. La Policía recogió en el lugar un centenar de casquillos.

Los agresores habían llegado al lugar en dos coches: un Ford Granada, robado poco antes de las tres de la tarde en el casco urbano de Sestao, y un R-12 de color blanco. Tras cometer el atentado, huyeron en dirección a Baracaldo, donde el Ford Granada sería hallado hacia las cuatro de la tarde.

Tras el atentado, las fuerzas de seguridad del Estado reforzaron la vigilancia en los pasos internacionales de Guipúzcoa, a fin de impedir un posible intento de fuga de los terroristas hacia Francia.

Según la información de la Policía, el grupo estaba formado por seis o siete personas: tres cometieron el atentado, dos permanecieron al volante de los vehículos utilizados, y uno o dos más se quedaron encargados de vigilar las inmediaciones del bar.

Uno de los policías consiguió repeler la agresión, alcanzando al etarra Enrique Letona Viteri que fue sacado herido del lugar por otro de los terroristas. Los etarras abandonaron en su huida dos metralletas, una de ellas de fabricación israelí y la otra francesa, así como una pistola marca Browning, del tipo FN.

De los tres inspectores que resultaron heridos, uno de ellos, Alfonso Maside Bouzo, falleció cuando era trasladado a la Residencia Sanitaria de Cruces, en compañía de Miguel Ángel Cabezas Fernández. Este fue alcanzado en el abdomen resultando gravísimamente herido. En el centro sanitario fue intervenido y se le extrajeron dos balas del estómago.

El tercer herido, Miguel Ángel Fernández Martínez, fue trasladado al Hospital de Basurto (Bilbao) y al día siguiente ya se encontraba fuera de peligro, aunque con heridas en el tórax, región lumbar, codo izquierdo y ambas piernas. Fue este agente quien consiguió repeler la agresión desde el suelo hiriendo a Letona Viteri.

Los sindicatos policiales reaccionaron con energía al atentado. El Sindicato Profesional de Policía denunció que el atentado pretendía desestabilizar psicológicamente a "un cuerpo que tiene a su cargo una de las principales y más peligrosas misiones de un Estado democrático y de derecho, como es la lucha antiterrorista". Por su parte, la Unión Sindical de Policía solicitaba a la ciudadanía vasca que respondiera vigorosamente ante este atentado a los derechos humanos, y reclamaba medidas eficaces políticas y policiales para poner fin a esta situación.

La misa funeral, celebrada en un clima de fuerte tensión al día siguiente, 23 de marzo, se inició a las 10:30 horas en una dependencia de la Jefatura de Policía de Bilbao. Instantes antes habían llegado el presidente del Gobierno y demás personalidades, entre las que también figuraban los representantes de las instituciones locales y dirigentes de los principales partidos políticos. El funeral fue oficiado por el capellán castrense de la Policía Nacional en Vizcaya, Juan Perelló Ayuso, que dijo en su homilía: "Ayer tarde, los corazones endurecidos de unos viles asesinos se cobraron tres nuevas víctimas, cuyo defecto era ser portadores de una placa puesta al servicio de la sociedad, y en el caso de Cristina, el compartir una mesa donde reponer fuerzas para proseguir la jornada de trabajo".

Al terminar el funeral, Leopoldo Calvo Sotelo y Carlos Garaicoechea fueron abucheados cuando abandonaban la Jefatura Superior de Policía de Bilbao.

Finalizado el acto religioso los féretros, portados a hombros por compañeros de los fallecidos, fueron conducidos hacia la plaza de Indauchu, donde debían ser introducidos en los furgones funerarios. La banda del Regimiento de Infantería interpretó una marcha fúnebre, mientras que sendas secciones de la Guardia Civil y la Policía Nacional, formadas frente a la salida principal de la Jefatura Superior, rendían honores a los dos policías muertos. El retraso en la llegada de los furgones hizo que la comitiva estuviera detenida durante bastantes minutos en la calle, en un clima de alta tensión emocional. Finalmente, los féretros fueron conducidos hasta la Iglesia del Carmen, donde se rezó un responso.

Por este atentado fueron condenados como autores materiales Enrique Letona Viteri y Ángel Luis Hermosa Urra (1994); Miguel Arrieta Llopis (2001) y Sebastián Echániz Alcorta (2004) expulsado de Venezuela a España en 2002. Como cómplice por haber facilitado la información necesaria para cometer el atentado, fue condenado Juan Carlos Echeandia Zorroza (1984), y como encubridor, Juan Ignacio Aldana Celaya (1994).

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30 Nov 2011
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Recordamos hoy al Policía Nacional D. ANTONO RECIO CLAVER, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Antonio Recio Clave




Tenía 50 años y dos hijos: un joven de 16 años y una chica de 14. Inspector de Policía de la Brigada de Información, había nacido en Zaragoza, pero llevaba trabajando en Vitoria más de veinte años. Allí contrajo matrimonio con Marisol Laza, hija del dueño de la fontanería que regentaba desde que murió su suegro, en la que realizaba labores de contabilidad.

Una semana después del asesinato del presidente de la Hermandad de Legionarios, José María Maderal Oleaga, a las 8:40 horas del día 23 de marzo de 1979 tres miembros de la banda terrorista ETA asesinaban a tiros en Vitoria al inspector de Policía ANTONO RECIO CLAVER en la entrada al almacén de fontanería que regentaba junto a su mujer.

A las ocho de la mañana del 23 de marzo Antonio había iniciado precisamente una jornada de trabajo en este establecimiento de fontanería, distribuyendo el trabajo a los ocho empleados del almacén que, al parecer, salieron todos a cumplir con diversas entregas de materiales y encargos. Minutos después de salir el último trabajador penetraron en la entrada del local tres terroristas. Antonio se encontraba dentro de una pequeña oficina, separada del almacén por cristaleras, e intentó defenderse utilizando su pistola, que apareció junto al cadáver. Le dispararon once balas (ocho de munición FN y tres de Geco), varias de las cuales lo alcanzaron en la cabeza y el tórax. Una vez en el suelo, recibió un tiro de gracia junto a la oreja izquierda.

Los autores del asesinato, miembros del grupo Araba de ETA, habían robado un turismo Chrysler, a punta de pistola, en la avenida del Generalísimo. Los propietarios del vehículo, un matrimonio, fueron abandonados en el alto del puerto de Vitoria, a unos quince kilómetros de la capital. El coche utilizado por los terroristas apareció abandonado sobre las once de la mañana en una calle de Vitoria.

Por el asesinato de Antonio sólo ha sido condenado en 1998 Ignacio Arakama Mendia a una pena de 30 años de prisión.

La muerte de Antonio Recio pasó inadvertida para los medios de comunicación, en un momento en que las víctimas del terrorismo se contaban por decenas. Sin embargo, aquel policía fue el primer miembro del Cesid asesinado por ETA, aunque la banda ni siquiera lo sabía.

Lo contó el general Ángel Ugarte, su jefe directo en Vitoria, que prácticamente fue testigo presencial del asesinato. Había quedado con la víctima en el almacén de fontanería a las 9:00 horas para trasladarse a La Rioja, donde tenían abierta una investigación. Llegó a oír los disparos, aunque no pudo ver a los asesinos. "Lo único que pude hacer fue sacarle la cartera, coger el carné del Servicio, el carné blanco con su foto y su nombre, ya sabes, volver a meterle la cartera y dejarlo todo como estaba. Cuando salía me encontré a un inspector de Policía (...) Le dije: ‘Yo no he estado aquí. Encárgate tú. Empieza a moverlo todo. Llama a quien tengas que llamar’" (Ángel Ugarte y Francisco Medina, Espía en el País Vasco. Memoria del primer hombre que negoció con ETA, Random House Mondadori, 2005)

Antonio Recio procedía del Seced, el servicio de documentación de Presidencia del Gobierno que montó Carrero Blanco para controlar la agitación estudiantil. En 1977, el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado ordenó fusionar el Seced con "el Alto" (la División de Inteligencia del Alto Estado Mayor) para crear el Cesid, el servicio secreto de la recién nacida democracia española. Por su parte, Ángel Ugarte fue jefe de los servicios secretos del País Vasco. Se convirtió en la Transición en uno de los mejores conocedores del entramado de ETA, logrando desmantelar en 1975 a la cúpula de la banda. Entre otras muchas operaciones, este militar de profesión fue el encargado de infiltrar en el comité ejecutivo de la banda a Mikel Lejarza Eguía, Lobo, el primer topo de los servicios secretos en ETA.

Recientemente Ángel Ugarte declaró en una entrevista al diario El País (26/07/2010) "que ETA no se disolverá voluntariamente y que mantiene la misma táctica que hace tres décadas" (...) "La banda no se ha planteado nunca dónde ni cuándo se va a terminar. Hay que acabar con ella ahogándola con la policía, la colaboración internacional, la justicia, y a nivel económico, que es lo que no se ha hecho nunca". En opinión del exespía, que abandonó el País Vasco tras varios intentos de atentado, es un error pretender sacar ventaja política en las negociaciones con la banda, y pone como ejemplo a Jesús Eguiguren que "ya está de antemano contaminado. Si con ETA se va a buscar un resultado político a corto plazo, ya está uno perdiendo de antemano. Hay que buscar un profesional que no busque ventajas para ningún partido". Ugarte fue una de las primeras personas que se sentó a negociar con la banda terrorista.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. RAMÓN EZEQUIEL MARTÍNEZ GARCÍA, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Ramón Ezequiel Martínez García



Estaba casado y tenía dos hijos, de 5 y 2 años. Tenía 33 años y era natural de Ceutí (Murcia), aunque residente en Molina del Segura. Ramón había ingresado en el cuerpo de la Policía Nacional el 1 de abril de 1971, por lo que habría cumplido doce años de servicio la semana siguiente a la de su asesinato.

A las 07:45 horas del 25 de marzo de 1983 un convoy compuesto por cuatro vehículos de la Policía Nacional que regresaba al cuartel de Fuenterrabía, después de haber realizado el servicio de protección en la cárcel de Martutene de San Sebastián, fue atacado por dos terroristas que dispararon con fusiles y armas automáticas desde lo alto de una colina situada junto a la autopista Bilbao, a la altura de Rentería.

A consecuencia de los disparos resultaron heridos cinco policías nacionales, uno de los cuales, el cabo RAMÓN EZEQUIEL MARTÍNEZ GARCÍA, fallecería tres horas después en el quirófano de la residencia sanitaria de San Sebastián. Los otros cuatro policías que resultaron heridos fueron José María Elbol Martínez, Enrique Oliveros Pequeño, José Micol García y Ramón Nieva Marín.

Las lesiones de todos ellos, incluidas las de Ramón Martínez, se consideraron en un principio leves. El comandante de la Policía Nacional en Guipúzcoa, Taulino Martínez, declaró que, durante su visita a la residencia sanitaria donde se encontraban los heridos, había podido saludar al fallecido mientras esperaba en la camilla la entrada al quirófano. En este encuentro, Ramón Ezequiel Martínez le había comentado la suerte que habían tenido de poder salir con vida del atentado. Sin embargo, cuando se procedía a extraerle el proyectil alojado en su costado izquierdo, sufrió una gran hemorragia que tuvo como consecuencia una parada cardiorrespiratoria. No pudo salir de ella a pesar de las maniobras de reanimación llevadas a cabo por los médicos.

La quinta Compañía de la Reserva de Murcia, a la que pertenecía el fallecido, había llegado a Guipúzcoa el 4 de marzo de 1983, tres semanas antes del atentado. Tenía proyectado volver a su destino aproximadamente el 4 de abril, tras cumplir con el mes de servicios rotatorios que las compañías de la Policía Nacional venían realizando en el País Vasco.

El 26 de marzo se celebró el funeral por el alma de Ramón Ezequiel en la parroquia del Buen Pastor. El entonces ministro de Interior, José Barrionuevo, y el consejero de Interior del Gobierno vasco, Luis María Retolaza, asistieron junto con el delegado del Gobierno en el País Vasco, Ramón Jáuregui, y las primeras autoridades provinciales, como el diputado foral, el gobernador civil, el alcalde de San Sebastián y el general inspector de la Policía Nacional, Félix Alcalá Galiano.

En la homilía, el párroco del Buen Pastor habló de la crueldad de la violencia y aclaró que "no basta tener una Policía Nacional y una Ertzaintza, sino que es imprescindible prestar una colaboración especial de todos y singularmente de los que se manifiestan creyentes, para terminar con esta violencia que ensangrienta nuestro pueblo". Finalizó haciendo una llamada a la responsabilidad de los padres, educadores e instituciones de nuestra sociedad, "y en especial a los partidos políticos, para que se dejen de protagonismos y partidismos y miren más por el bien común".

Tras la misa-funeral, la banda militar, que se encontraba en la entrada del templo, despidió el féretro con un toque de oración solemne. La viuda, a quien rodeaban las autoridades presentes, expresó en voz alta su deseo de que Ramón fuera la última víctima.

José Barrionuevo lanzó vivas a España, a la democracia, al pueblo vasco, al Rey, a la Constitución, a las Fuerzas de Seguridad y a la Policía Nacional que fueron coreados por los asistentes, entre algunos gritos aislados de "ETA asesina". Tras estos actos, el ministro de Interior recorrió andando los trescientos metros que separan la parroquia y el cuartel. Una vez en Aldapeta visitó a los policías heridos y se dirigió posteriormente al lugar en el que se produjo el atentado, donde depositó un ramo de flores.

Por la tarde, los restos mortales del cabo Ramón Martínez fueron trasladados a Ceutí (Murcia), donde por la noche quedó instalada la capilla ardiente.

El atentado fue reivindicado por un Comando Autónomo Anticapitalista escindido de ETA. En 1983 fue condenado por este atentado Francisco Javier Taberna Arruti. No pudo probarse su participación material en el atentado, pero sí su pertenencia al grupo que lo preparó, por lo que la condena fue a una pena de 26 años por el asesinato de Ramón y 17 años por cada uno de los asesinatos frustrados. En 1988 fue condenado a idénticas penas el etarra Francisco Imaz Martiarena.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. ANTONIO GÓMEZ GARCÍA, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Antonio Gómez García



De 24 años, estaba casado y tenía un hijo de pocos meses. Era natural de Bornos (Cádiz) y trabajaba habitualmente en el servicio de escoltas. En ocasiones había acompañado a políticos vascos. Así, fue escolta del secretario general del PSE, Txiki Benegas. Desempeñando esta labor vivió el asalto de Tejero al Congreso el 23 de febrero de 1981.

A media mañana del 31 de marzo de 1982 fallece en el Hospital de la Cruz Roja de San Sebastián el policía nacional ANTONIO GÓMEZ GARCÍA, consecuencia del atentado que, cinco días antes, acabó con la vida del delegado de Telefónica en San Sebastián, Enrique Cuesta Jiménez, del que Antonio era escolta.

Rememorando el asesinato de su padre, Irene Cuesta cuenta en Olvidados, de Iñaki Arteta y Alfonso Galletero, que "Antonio Gómez murió con él [su padre] intentando salvarle, pero no pudo hacer nada".

Antonio fue alcanzado por dos disparos, uno en el hombro y otro en la cabeza, con orificio de entrada y salida, que le produjo estallido craneal con pérdida de masa encefálica. Operado durante dos horas en la misma tarde del viernes 26 de marzo, la víctima había permanecido desde entonces en estado de coma profundo.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. ANIANO SUTIL PELAYO, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Aniano Sutil Pelayo



Tenía 26 años y era natural de La Hiniesta (Zamora) al igual que su mujer. Dejó viuda a Chelo, con 23 años, y una hija, Tania, de 3 años. El 26 de diciembre de 2010, Tania contó por primera vez su historia a El Mundo. Hasta los ocho años no supo qué le había pasado a su padre. El peor día del año era siempre el mismo: cuando tenía que rellenar la ficha escolar al principio del curso y escribir "fallecido" en el hueco para los datos del padre. O las manualidades del Día del Padre, que las hacía para su madre. La explosión destrozó el cuerpo de Aniano, por lo que apenas enterraron unos pocos restos. "En el ático de un edificio cercano al lugar del atentado apareció un tiempo después un resto humano. Era el brazo de mi padre", contó Tania en El Mundo. "A mi padre lo recuerdo como a un héroe. Pero la heroína ha sido mi madre: una niña que se quedó viuda con otra niña a su cargo. No rehízo su vida. Sigue enamorada de él".

A las dos de la madrugada del 27 de marzo de 1983 es asesinado en San Sebastián ANIANO SUTIL PELAYO, Tedax de la Policía Nacional. Junto a su compañero, el cabo Juan Manuel Martínez Aguiriano, intentaba desactivar una bomba colocada por ETA junto al comercio Portobello del barrio donostiarra de Gros.

La Policía Municipal había recibido una comunicación telefónica anónima sobre la ubicación del artefacto. Se avisó a un equipo de artificieros de la Policía Nacional y, tras establecer un cordón de seguridad, la bomba estalló cuando se disponían a desactivarla. La onda expansiva hirió gravemente a Juan Manuel y mató a Aniano en el acto, quedando su cuerpo destrozado. Los terroristas, al parecer, utilizaron un mecanismo trampa, pues su verdadero objetivo era asesinar a los artificieros de la Policía encargados de la desactivación.

Juan Manuel Martínez Aguiriano fue ingresado en la residencia sanitaria de San Sebastián con fuerte shock traumático, contusión craneofacial, amputación traumática de la pierna izquierda, heridas incisocontusas con pérdida de sustancia, y abrasión de partes blandas en pierna derecha, extremidades superiores y rostro. Era natural de Álava, tenía 31 años y estaba soltero.

El motivo por el que los artificieros de la Policía optaron por intentar desactivar la bomba, y no explotarla a distancia, fue la potencia del explosivo y lo estrecha que era la calle en la que estaba colocado, lo que habría provocado grandes daños en los establecimientos y viviendas de las inmediaciones. En este sentido, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Ramón Jáuregui, señaló que "los ciudadanos de San Sebastián, los de la calle Carquizano y adyacentes, deben saber que Aniano Sutil Pelayo ha muerto y que Juan Manuel Martínez está gravemente herido porque han arriesgado su vida a fin de que los ciudadanos y sus bienes no se viesen afectados por las bombas. Podían haberla hecho estallar a distancia, pero no lo hicieron y perdieron ellos".

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. JOSÉ DÍAZ LINARES, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. José Díaz Linares



Tenía 30 años, era natural de Vilella (Lugo). Estudió magisterio en Lugo, aunque no ejerció, sino que ingresó en la Academia General de Policía. Cuando terminó sus estudios en 1973, fue destinado a la Brigada Social de San Sebastián. Estaba casado y tenía una hija de dos años. Era la primera víctima mortal de las 16 de 1975, año de la muerte de Franco.

El 29 de marzo de 1975 el subinspector de Policía JOSÉ DÍAZ LINARES salió de su domicilio de San Sebastián para dirigirse, como todos los días, a su trabajo. En ese momento, seis miembros de ETA, parapetados detrás de una furgoneta y armados con metralletas, le tirotearon hasta la muerte.

José recibió nueve impactos de bala en la espalda, aunque en el suelo se encontraron más de cuarenta casquillos de diferente calibre, lo que indica que se utilizaron varias metralletas. Su esposa fue testigo del asesinato desde una ventana de su domicilio.

Los terroristas habían robado la furgoneta apenas una hora antes. Su propietario, que se encontraba en esos momentos descargando artículos de pastelería, fue maniatado, amordazado y encapuchado en el interior de la furgoneta, mientras los terroristas se dirigieron al barrio de Intxaurrondo, donde asesinaron a José.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. JOSÉ VICENTE DEL VAL DEL RÍO, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. José Vicente del Val del Río



Tenía 21 años. Estaba soltero y era natural de Burgos.

El 30 de marzo de 1978 fallece el policía JOSÉ VICENTE DEL VAL DEL RÍO, tras pasar veinticinco días entre la vida y la muerte, consecuencia del atentado sufrido el 5 de marzo en el que murieron sus compañeros Joaquín Ramos Gómez y Miguel Raya Aguilar. El ametrallamiento de un Jeep de la Policía dejó heridos, también, a otros dos policías: Armando Doval González y Santiago del Canto de los Reyes. El atentado fue obra de miembros del grupo Araba de ETA. José Vicente fue alcanzado por siete disparos en el hemitórax, hepigastrio, pared torácica derecha y bazo. Fue traslado en estado de máxima gravedad al Hospital de Santiago. Finalmente no pudo sobrevivir a las graves heridas sufridas.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. BERNARDO PÉREZ SOBRINO, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Bernardo Pérez Sobrino



Era de Carrión de Calatrava (Ciudad Real), pero vivía en el País Vasco desde hacía más de diez años. Tres años antes de su asesinato había ingresado en el cuerpo de la Policía Nacional y estaba destinado en Bilbao. Tenía 27 años. Estaba casado con María del Carmen Medina González, también de 27 años, que sufrió un ataque de nervios al conocer la noticia del asesinato de su marido. Bernardo y María del Carmen tenían dos hijos.

En torno a las cuatro de la tarde del 2 de abril de 1984, y mientras tomaba un café en el Bar Bautista del barrio bilbaíno de Uretamendi, un etarra disparó dos veces por la espalda a BERNARDO PÉREZ SOBRINO, policía nacional, hiriéndolo mortalmente en la cabeza. Uno de los proyectiles alcanzó al dueño del establecimiento, Lisardo Landeta Olalde, que tuvo que ser intervenido quirúrgicamente en el Hospital Civil de Basurto de una herida en el brazo.

El etarra entró en la tasca y, tras pedir una consumición, disparó contra Bernardo, que iba de paisano y se encontraba de espaldas al agresor. En el suelo se recogieron, posteriormente, dos casquillos del calibre 9 milímetros parabellum y una bala sin percutir. En la puerta del bar otros dos terroristas esperaban al autor de los disparos en un Seat 133 de color blanco que habían robado veinte minutos antes a punta de pistola. El vehículo apareció, media hora después, en una céntrica avenida bilbaína.

Un familiar de la víctima declaró tras el atentado: "Yo sé que Bernardo no ha hecho nada de lo que se hubiera tenido que arrepentir. Sé que sus asesinos han ido sólo al uniforme".

En 1986 fue condenado a 29 años de prisión mayor, como autor material del asesinato de Bernardo, el etarra José Félix Zabarte Jainaga. Los dos cómplices que le ayudaron a cometer el atentado no han sido juzgados. Zabarte Jainaga, miembro del grupo Vizcaya de ETA, fue detenido en julio de 1985 junto a otros 17 miembros de la banda terrorista. Zabarte fue condenado a centenares de años de cárcel por su participación en varios asesinatos terroristas. La aplicación de la doctrina Parot impidió que saliese de prisión en marzo de 2008, estando prevista dicha salida para 2015. Si es así, para esa fecha habrá cumplido 30 años de cárcel.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. FRANCISCO JAVIER TORRONTERAS GADEA, asesinado por la banda terrorista E.T.A.

D. Javier Torronteras Gadea



El fallecido tenía 42 años y llevaba 17 en la Policía, 14 de ellos en el GEO. Tenía una interminable hoja de servicios con detenciones de miembros de los GRAPO, la mafia italiana u operaciones contra ETA, entre ellas la desarticulación del 'Comando Donosti' tras la ruptura de la tregua trampa, lo que le valió una Cruz al Mérito policial con distintivo Rojo. A lo largo de su trayectoria también recibió una Cruz al Mérito policial con distintivo Blanco, decenas de felicitaciones públicas. Tras su muerte fue condecorado a título póstumo con la Medalla al Mérito del Trabajo en su categoría de Oro.

Este jueves se cumplen 10 años de la muerte del GEO de la Policía Nacional Francisco Javier Torronteras Gadea, la última víctima del 11M. Dos agentes que estaban presentes ese día en el número 40 de la calle Carmen Martín Gaite de Leganés (Madrid) relatan por primera vez en declaraciones a Europa Press lo sucedido y recuerdan a su compañero fallecido tras la inmolación de la célula yihadista responsable del mayor atentado de la historia de España. Uno de estos testigos relata en primera persona cómo con la ayuda de un inspector sacaron del edificio a su compañero aún con vida.

"La onda expansiva nos dejó medio tontos. Fueron décimas de segundo, estábamos allí y se escucharon los gritos: '¡El compañero!, ¡el compañero!'. Estaba encima del montón de cascotes, tras la explosión salió despedido. Junto a un inspector le recogimos. Se improvisó una camilla con una barandilla de la escalera del edificio que había caído al patio tras la explosión", relata uno de los agentes, que desde ese día padece una pérdida de audición en el oído izquierdo.

"Tengo el recuerdo de entrar y que nos recibieran a tiros. Eran de metralleta o de pistola, pero eran tiros. También se escuchaban cánticos en árabe". Cuando llegaron los policías "el patio interior estaba lleno de mujeres y niños jugando" y hubo que desalojar rápidamente.

Era el 3 de abril de 2004, habían pasado tres semanas y dos días desde los atentados en los trenes y las investigaciones habían llevado a la Policía hasta un piso en Leganés, donde sospechaban que se encontraban algunos autores de la matanza. Cuando los terroristas se sintieron acorralados, en lugar de entregarse, se inmolaron en el interior del domicilio causándole la muerte al veterano miembro de los GEO.

Fueron varias horas de tensa espera. "Teníamos arriba el helicóptero, enfocando con la luz, lo único que se escuchaba de vez en cuando por encima del helicóptero eran los cánticos en árabe que salían de la casa". Durante ese periodo, algunos de los islamistas, entre ellos Jamal Ahmidan, 'El Chino', aprovecharon para llamar a sus familiares para despedirse

"Al principio se escuchó una pequeña explosión, que fue cuando los GEO detonaron la puerta, después se escuchó una ráfaga de disparos, luego aquello se quedó en calma unos minutos y a las nueve menos cinco o así fue cuando reventó. Pegó la explosión y la mitad salió a la piscina y la otra mitad a la calle, la onda expansiva reventó por las dos partes el piso", relata.

"Había dinero, manos y cabezas"

"La onda expansiva me desplazó. Yo estaba resguardado detrás de una columna, me cogió un costado y me desplazó", añade el agente. Para llegar hasta Torronteras tuvo que recorrer unos metros del patio interior donde "se veía dinero por el suelo, manos, cabezas (de los terroristas). "Se pensó que había una mujer porque había manos pequeñas", apunta el otro agente aún con secuelas en un brazo y una pierna.

"Le cogimos (a Torronteras) y le movimos unos cuatro o cinco metros y entraron los sanitarios y ya se le pasó a una camilla de verdad. Él iba tendido boca arriba con los ojos abiertos, aún con vida y llevaba todo el vientre reventado. En el momento de cambiarle la camilla fue cuando ya se le venció la cabeza hacía la derecha. Eso lo recuerdo como si fuera ahora mismo y esa imagen no se olvida en la vida", narra con lágrimas en los ojos al recordar el momento en el que fueron conscientes de que su compañero había muerto.

Quienes recuerdan este episodio son dos veteranos agentes de 62 y 64 años con 30 años de carrera a los que se les entrecorta la voz y se emocionan al recordar. El hijo de uno de ellos "también es compañero" y con apenas 27 años, en sus primeros días como Policía le tocó prestar servicio en Atocha el día de los atentados.

Piden no dar el nombre ni dejarse fotografiar. "Estamos en la Policía Judicial y estamos todos los días en la calle", se disculpan. Aseguran no estar acostumbrados a tratar con la prensa y admiten que es la primera vez que relatan en público lo sucedido, pero advierten de que se acuerdan "como si fuera ayer mismo".

El dispositivo policial de vigilancia previo en torno la vivienda se precipitó inesperadamente cuando los agentes observaron salir del edificio a un ciudadano de raza árabe que bajaba a tirar la basura. Este individuo detectó la presencia policial y emprendió "velozmente la fuga, sin que pudiera ser interceptado por los funcionarios presentes en el lugar", según consta en las diligencias policiales recogidas por Europa Press.

Los terroristas vivían en el piso primero, puerta 2, del bloque y eran los únicos ciudadanos de raza árabe que vivía en ese edificio. Así lo recuerdan estos dos testigos policiales: "a mi me tocó dentro y el compañero se quedó fuera haciendo el cordón de seguridad".

"No sabíamos lo que había"

"A los vecinos les decíamos que no sabíamos lo que había, pero que por motivos de seguridad tenían que abandonar el piso. Tampoco podíamos decirles más porque cuando nosotros llegamos no sabíamos más. Sabíamos que aquí podía haber una célula yihadista, pero no sabíamos que pudiera tener relación con el 11M, de eso nos enteramos después", dicen.

La Policía trató sin éxito de establecer contacto con las personas del interior de la casa para que saliesen sin oponer resistencia. Los policías llegaron incluso a solicitar la asistencia de un traductor, aunque tenían el convencimiento de que los terroristas sabían hablar español.

"Muchas veces hemos pensado que lo que le pasó a él (Torronteras) nos podría haber pasado a nosotros. Otros miembros de los GEO que estaban en la misma posición se les veía desde fuera arrastrarse agarrados a la pared", abunda el compañero que presenció la escena desde fuera donde también se sintió la onda expansiva. "Se fue la luz empezó a salir agua de todos los sitios. Hasta que se organizó la situación aquello fue un drama", cuenta.

La tumba profanada

Torronteras murió instantes después cuando estaba siendo atendido por el SAMUR a consecuencia de un "shock hemorrágico traumático", según el escrito del Instituto Anatómico Forense de la Comunidad de Madrid. Su familia fue sometida a un doble sufrimiento ya que, tras darle sepultura, el cadáver fue profanado en el Cementerio Sur de Madrid. La investigación se archivó sin esclarecerse los autores de este acto.

Torronteras fue la única baja policial en Leganés, pero pudieron ser más. La explosión causó heridas a 14 agentes del GEO y otros funcionarios que se encontraban tanto dentro como fuera del edificio. También a cinco civiles que estaban en las inmediaciones. Además, generó numerosos daños materiales en el edificio -hubo que reconstruirlo entero- y en los edificios colindantes y en 39 coches que se encontraban en las inmediaciones.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D.ÁNGEL LIETOR ALFARO, D. JOSÉ LUIS MARTÍNEZ MARTÍNEZ y D. JESÚS MARÍA GONZÁLEZ ITUERO, asesinados por la banda terrorista E.T.A y G.R.A.P.O.

D. Ángel Lietor Alfaro



El policía nacional Angel Lietor Alfaro, de 52 años de edad, fue asesinado de un disparo de pistola poco antes de las ocho de la mañana de ayer, cuando salía de su domicilio, en la calle Numancia, número 10. Los asesinos, un hombre y una mujer jóvenes, según referencias de los testigos, utilizaron para huir un taxi que habían robado a punta de pistola a su conductor y propietario, Francisco Quesada García, junto al cementerio de Fuencarral. En el lugar del atentado ha sido hallado el casquillo de la bala que produjo la muerte al policía: se trata de un Lapua, calibre nueve milímetros parabellum, de fabricación extranjera, proyectil que ha sido considerado por los expertos como bastante antiguo.

A la hora en que se produjo el suceso, Angel Lietor Alfaro se encaminaba, vestido de paisano a su puesto de trabajo en el cuartel de la plaza de Pontejos. Entonces fue abordado por un hombre y una mujer, que vestía falda y gabardina de color claro. Al parecer, uno de los dos individuos efectuó un disparo a quemarropa contra él: la bala produjo al agente graves lesiones en la cabeza.Inmediatamente descendió a la calle la esposa de la víctima, que, con ayuda de varias personas, trató de auxiliarle hasta la llegada de un coche-patrulla de la policía. Poco después, Angel Lietor fallecía mientras era trasladado al hospital de la Cruz Roja, en la calle de Reina Victoria. A mediodía le fue practicada la autopsia.

Datos y declaraciones

Angel Lietor Alfaro había nacido en Jaén, y era padre de un hijo de veintidós años. Residía en Madrid desde hace doce, prestaba servicio en la caja de habilitación de la Unidad de Destinos de la Primera Circunscripción de la Policía Nacional. Estaba próximo a jubilarse, y pensaba solicitar un destino civil.

Una vez que se conoció el suceso, la policía montó un despliegue, a fin de localizar al vehículo en que habían huído los asesinos, un taxi marca Seat-131, matrícula M-0800-DC. Más tarde, consiguieron hallarlo, vacío, en la calle de Fernando Ossorio, próximo al lugar en que se perpetró el atentado. El conductor del mismo denunciaría con posterioridad al hecho las circunstancias en que la sustración se produjo: había sido abordado por dos individuos armados, que le intimidaron y maniataron, de modo que tuvo que permanecer inmóvil hasta que un transeúnte logro liberarle de sus ataduras. Tanto el vehículo como el casquillo de bala están siendo sometidos a estudio en las dependencias de la Dirección General de Seguridad.

La esposa del policía nacional asesinado hizo unas declaraciones en el hospital: «Quiero hacer una llamada a todas Ias madres de familia, porque no hay derecho a esto. Perdono a los criminales, pero esta lucha no tiene principio ni fin, a no ser que se quiera volver a los tiempos de Adán y Eva.» Dijo también que «esto lo hacen personas sin principios, sin cultura, sin fin, sin religión; sin fe en el futuro de España. ¿Cómo estas dos personas pueden tener hijos, cuando han quitado la vida a un hombre que deja un hijo y una esposa?».

Los restos mortales del señor Lletor serán inhumados en Madrid.

D. José Luís Martínez Martínez



Era natural de Calatayud (Zaragoza) y tenía 31 años. Su infancia la pasó en Almería, pues su padre fue trasladado ahí cuando José Luis era muy pequeño. Una vez que terminó su servicio militar, ingresó en la Academia General de Policía. De ahí salió destinado al servicio 091 de San Sebastián, en el que llevaba sólo seis días cuando fue secuestrado y asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Jesús María González Ituero



Tenía de 25 años cuando fue secuestrado y asesinado por ETA. Natural de Madrona (Segovia) era el segundo de los seis hijos del matrimonio González-Ituero. Se había incorporado al cuerpo de la Policía Nacional en septiembre de 1975, tras terminar el servicio militar.

El 4 de abril de 1976 los inspectores de Policía JESÚS MARÍA GONZÁLEZ ITUERO y JOSÉ LUIS MARTÍNEZ MARTÍNEZ fueron secuestrados por ETA en Hendaya (Francia).

Jesús María y José Luis llevaban sólo seis meses en la Policía. Destinados en una comisaría de San Sebastián, habían cruzado a pie la frontera, tras comer en una pizzería de Guipúzcoa. Dejaron sus armas en el puesto de control aduanero de Irún, y de ahí se dirigieron al cine Varietés en Hendaya. Aquí fue donde los vieron vivos por última vez.

Tras comprobarse que los dos amigos no habían recogido sus armas en la aduana, se dio la voz de alarma. Al día siguiente, el cónsul de España en Bayona presentaba una denuncia por secuestro de los dos inspectores ante las autoridades francesas. La Policía francesa realizó una gran operación para intentar localizarlos. Hubo cerca de cuarenta detenidos, pero todo fue en vano. Parecía que a José María y a José Luis se les hubiese tragado la tierra. El único resultado positivo logrado por las fuerzas de seguridad francesas fue el hallazgo de la documentación de ambos agentes en el domicilio de un miembro de ETA.

Un mes después de la desaparición de los dos policías se publicaba en la prensa la noticia de que varias personas afirmaban haber presenciado cómo dos jóvenes, cuya descripción concordaba con la de los desaparecidos, habían sido abordados a la entrada de un cine de Hendaya por un grupo de hombres armados que les habían obligado a introducirse en un coche.

Ante la falta de resultados, el asunto quedó prácticamente archivado. Semanas antes de la aparición de los cuerpos, el padre de Jesús María González dirigió una carta al Rey rogándole que hiciese todo lo posible por esclarecer el asunto. Algo más de un año después de la desaparición, el 18 de abril de 1977, sus cadáveres aparecieron torturados y con un tiro en la nuca en la playa vascofrancesa de La Chambre d'Amour, en el término municipal de Anglet, entre Biarritz y Bayona.

Los cadáveres, en avanzado estado de descomposición, fueron encontrados por cinco adolescentes en un antiguo búnker construido por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Los jóvenes estaban buscando con palas material bélico, que en dicha zona se encuentra con cierta facilidad debido a que los alemanes construyeron durante la Segunda Guerra Mundial varias fortificaciones en la costa. El grupo dio con una masa oscura que resultó ser un cadáver, a tan sólo quince centímetros de profundidad. A escasa distancia se encontraba el otro cuerpo. Inmediatamente dieron aviso a la Policía que procedió a levantar los cadáveres en presencia del juez. En sus ropas podían apreciarse restos de etiquetas españolas, primera pista de que podía tratarse de los policías españoles.

Aparecieron con los pies y las manos atadas, mutilaciones en los dedos y un tiro en la nuca. La autopsia revelaría que uno de ellos había muerto de dos disparos en la cabeza, efectuados a quemarropa, mientras su compañero presentaba un único impacto de bala.

ETA nunca reivindicó su asesinato, igual que ocurrió con los tres jóvenes gallegos secuestrados y torturados hasta la muerte en marzo de 1973 y con todos aquellos casos que despertaban especial rechazo social. Tampoco se sabe nada sobre quiénes fueron los autores del crimen.

La banda terrorista, como hizo otras veces, llegó a señalar que se trataba de una operación montada desde el Ministerio de la Gobernación para desatar una campaña represiva en Francia contra los refugiados vascos. Por otra parte, cierta información de prensa apuntó a las conexiones que podría haber entre el secuestro y asesinato de Jesús María y José Luis, y la desaparición del etarra Eduardo Moreno Bergaretxe, alias Pertur. Según esta versión, Pertur no habría sido asesinado por la banda terrorista ETA, sino por algún grupo de la extrema derecha en un contexto de colaboración entre organizaciones fascistas a escala internacional. En este caso, se trataría de neofascistas italianos. Estas informaciones, publicadas el 28 de julio de 1976 en el diario vespertino de la cadena del Movimiento Unidad, editado en San Sebastián, han sido de nuevo sacadas a la luz por el diario El País del 20 de marzo de 2011.

Según estas informaciones, en los días inmediatamente posteriores a la desaparición de Pertur, el comisario jefe de la Policía de Irún, Eduardo López Maturana, detuvo a su madre, Marta Bergaretxe, cuando trataba de cruzar la frontera en busca de noticias sobre su hijo. El comisario la retuvo ilegalmente tres días en su propio domicilio con la excusa de que quería protegerla de una amenaza que no precisó. Al mismo tiempo que el jefe de la Policía de Irún retenía a la madre de Pertur, dos gendarmes comunicaban a Pierre Larzabal, el cura de Sokoa, y al letrado Abeberry, conocidos nacionalistas vasco-franceses, la propuesta, trasladada expresamente desde la comisaría de Irún, de que si aparecían los policías José Luis Martínez Martínez y Jesús María González Ituero, la madre de Pertur recobraría su libertad. Esta versión, en todo caso, abundaría en la autoría etarra del secuestro y asesinato de Jesús María y José Luis, aunque añadiría nuevas dudas sobre la desaparición de Moreno Bergaretxe.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. VICENTE SÁNCHEZ VICENTE y D. JOSÉ MANUEL CRUZ MARTÍN, asesinados por la banda terrorista E.T.A.

D. Vicente Sánchez Vicente



De 32 años de edad, era de la localidad salmantina de Fuentes de San Vicente. Llevaba ocho trabajando en el País Vasco y estaba adscrito al equipo de desactivación de explosivos de la Jefatura Superior de Policía de Bilbao. Estaba casado y tenía dos hijas de 7 y 4 años. Tras el funeral, fue trasladado a Salamanca, donde fue enterrado.

A las tres de la tarde del 8 de abril de 1981, ETA asesinaba en la localidad vizcaína de Baracaldo al policía nacional VICENTE SÁNCHEZ VICENTE. Dos encapuchados le dispararon instantes después de haber dejado a la puerta del colegio de Santa Teresa a su hija menor, Olga, de cuatro años de edad.

Vicente se dirigió a su vehículo y, antes de que hubiera cerrado la puerta del mismo, dos encapuchados, que habían salido de un coche aparcado en las inmediaciones, efectuaron varios disparos a bocajarro. El automóvil del policía, que estaba aparcado en una subida, se deslizó sin control por la pendiente por espacio de unos quince metros, estrellándose finalmente contra otro vehículo. Durante todo el recorrido, el cuerpo de Vicente Sánchez osciló por la puerta abierta, sin llegar a salirse totalmente del automóvil, escena contemplada desde la parte alta de la cuesta por otros padres y niños que se disponían a entrar en el colegio.

Para el Partido Socialista de Euskadi, este atentado ponía de relieve el "carácter desalmado de asesinos sin escrúpulos ni entrañas, de quienes son capaces de matar a una persona en presencia de sus hijos de corta edad y ante la puerta de un colegio, cuando entraban muchos niños".

La víctima fue trasladada al Hospital de Cruces, donde los médicos únicamente pudieron certificar su fallecimiento. El cuerpo presentaba once impactos de bala. Tras realizarle la autopsia, el cadáver de Vicente fue trasladado al cuartel de la Policía Nacional de Basauri, en una de cuyas dependencias se instaló la capilla ardiente.

ETA asumió el atentado el 11 de abril. No se sabe nada de los autores del asesinato, pero tuvo que producirse necesariamente un seguimiento de sus actuaciones y rutinas diarias. Entre ellas, llevar a su hija al colegio después de comer, algo que la víctima hacía todos los días.

D. José Manuel Cruz Martín



Natural de Huelva, tenía 27 años. Su mujer, 24. Había ingresado en la policía en 1988 y estaba destinado en el País Vasco desde el 1 de febrero de 1989. El matrimonio no tenía hijos.

Diez años después, el 8 de abril de 1991, y también en Baracaldo (Vizcaya), ETA asesinaba de nuevo a un policía nacional. JOSÉ MANUEL CRUZ MARTÍN, agente de la escala básica, murió como consecuencia de la explosión de una bomba adosada a los bajos de su coche cuando circulaba por la calle Juan de Garay, a unos 200 metros del cuartel de la Policía. Eran aproximadamente las siete y media de la tarde.

Su mujer, Catalina Rebollo Samaniego, que le acompañaba, resultó herida grave en las piernas y tuvo que ser trasladada al Hospital de Cruces. Estuvo incapacitada 270 días. Catalina, además, sufrió una fuerte crisis nerviosa al ver el cuerpo de su marido completamente destrozado dentro del coche. Varios transeúntes tuvieron que sacarla del amasijo de hierros en que había quedado convertido el vehículo.

La onda expansiva de la explosión produjo, además, heridas leves a un chaval de 15 años, Asier de la Mata, y a María del Carmen Álvarez Serrano, de 37.

El funeral se celebró al día siguiente en Bilbao. El ministro del Interior, José Luís Corcuera, advirtió a los autores del atentado que "serán puestos a disposición de la Justicia, entre otras cosas porque nos ayudará este pueblo a detenerles. Incluso creo que quienes hasta hace poco eran sus amigos también nos van a ayudar a apartar de la circulación a esta especie que no puede vivir en sociedad".

En 1995 fueron condenados a 50 años de cárcel, como autores del asesinato de José Manuel Cruz, los etarras Raúl Alonso Álvarez, Germán Urízar de Paz y Jesús María Mendinueta Flores, alias Manu. Mendinueta Flores fue detenido en una operación contra el grupo Vizcaya de ETA el 29 de agosto de 1991, en la que resultaron muertos tras un tiroteo el etarra Juan María Ormazabal, El Turco, y el ertzaina Alfonso Mentxaca.

En 2006 fue condenado a 52 años, también como autor, Juan Carlos Iglesias Chouzas, alias Gadafi, que consiguió huir de la operación en que fue detenido Mendinueta Flores. Durante el juicio el etarra tuvo que ser esposado por su negativa a levantarse del asiento y estuvo paseando por la cabina en actitud desafiante durante toda la sesión.

La Audiencia Nacional consideró probado que Mendinueta Flores e Iglesias Chouzas confeccionaron el artefacto explosivo que mató al agente. Después se lo entregaron a Alonso Álvarez y Urízar de Paz, con la información del domicilio y los datos del vehículo de José Manuel. Ambos forzaron la cerradura del vehículo y colocaron el artefacto bajo el asiento del conductor.

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