In Memoriam

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. FRANCISCO FRANCÉS GARZÓN, asesinado por la banda terrorista E.T.A.

D. Francisco Francés Garzón



De 29 años, era sevillano. Pertenecía a la XIX Compañía de la Reserva General de la Policía Nacional, con base en Granada. Llevaba sólo una semana en el País Vasco. El 10 de abril fue enterrado en el cementerio de San Fernando en Sevilla. Estaba casado, tenía dos hijas de corta edad y su mujer estaba embarazada en el momento del atentado.

Dieciséis horas después del asesinato del policía Vicente Sánchez Vicente, ETA asesinaba de nuevo a un miembro de la Policía Nacional, FRANCISCO FRANCÉS GARZÓN.

Eran las siete de la mañana del 9 de abril de 1981, cuando cinco terroristas tendieron una emboscada a los miembros de dos dotaciones de coches patrulla que habían acudido a instalar un control en las carreteras de acceso al centro de Bilbao. Apenas descendieron de los vehículos para colocar las señales indicativas correspondientes, fueron tiroteados desde una distancia de unos sesenta metros con fusiles Cetme, metralletas y escopetas de postas.

Resultaron heridos tres policías de los siete que formaban la dotación: Francisco Francés Garzón, Antonio Muñoz Muñoz y Antonio Prado Martín. El resto de los componentes de las dotaciones de los dos vehículos policiales intentó repeler la agresión, pero la furgoneta de la que habían descendido los etarras desapareció rápidamente. La huida se vio probablemente favorecida por la intensa niebla de ese día.

La furgoneta utilizada por los terroristas, propiedad de la empresa Limpiezas Villar, había sido robada en el vecino barrio de Santutxu veinticinco minutos antes del atentado. Su conductor fue abandonado maniatado en las cercanías del lugar.

Los tres policías heridos fueron inmediatamente trasladados por sus propios compañeros a la clínica de la Virgen Blanca, situada apenas a trescientos metros del lugar del atentado. En ese mismo centro sanitario había sido atendido unas semanas antes el teniente coronel Ramón Romeo Rotaeche, asesinado el 21 de marzo.

Francisco Francés ingresó en la Virgen Blanca en estado agónico y falleció poco después por un paro cardíaco ocasionado por las heridas sufridas en ambos muslos, con desgarro de partes blandas. A Antonio Muñoz Muñoz se le apreció herida por metralla en tórax y hombro derecho, de pronóstico reservado, y a Antonio Prado Martín, herida en cara posterior del muslo izquierdo, de pronóstico leve.

Tras realizársele la autopsia en el depósito del Hospital Civil de Basurto, el cadáver de Francisco Francés fue trasladado al cuartel de la Policía Nacional de Basauri, en una de cuyas dependencias estaba instalada la capilla ardiente con los restos del policía Vicente Sánchez, asesinado el día anterior. Pocos minutos después, ambos féretros eran colocados en el patio de armas del cuartel, donde se celebró el funeral de cuerpo presente. Entre las personalidades asistentes estaban el ministro de Interior, Juan José Rosón, el delegado en la comunidad autónoma, Marcelino Oreja y el general Sáenz de Santamaría.

ETA asumió la autoría del atentado en el mismo comunicado en el que reivindicó el asesinato de Vicente Sánchez Vicente.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. JUAN JOSÉ VISIEDO CALERO y D. TOMÁS PALACÍN PELLEJERO, asesinados por la banda terrorista E.T.A.

D. Juan José Visiedo Calero



De 26 años, era natural de Melilla. Estaba casado y tenía una hija de dos años.

D. Tomás Palacín Pellejero



También casado, tenía 43 años y dos hijos. Era natural de Cervera de Cañada (Zaragoza).

El 13 de abril de 1984 ETA asesinaba en Pamplona a un comandante de Infantería retirado y a dos policías nacionales en dos atentados diferentes cometidos, con apenas una hora de diferencia, por los mismos terroristas.

Como cada día a las siete de la mañana el comandante del Ejército de Tierra retirado, JESÚS ALCOCER JIMÉNEZ, se dirigió a Mercairuña, centro mayorista donde realizaba las compras de suministros que luego vendía en tres supermercados de su propiedad ubicados en Pamplona. Cuando se disponía a entrar en el edificio, dos etarras lo tirotearon alcanzándole dos veces en la cabeza y provocándole la muerte en el acto.

Los etarras se dieron inmediatamente a la fuga en un automóvil Renault 18, de color verde claro, donde les aguardaba un tercer terrorista. Varios testigos pudieron identificar el vehículo utilizado en el atentado y, alertadas las dotaciones policiales de Pamplona, se establecieron diversos controles, procediéndose también a realizar una amplia operación de rastreo por diversas calles de la ciudad a fin de localizar este turismo, cosa que ocurrió unos 45 minutos después.

Una dotación del 091, compuesta por tres policías nacionales, localizó el Renault 18 abandonado en la ronda de Ermitagaña, justo enfrente de un instituto de Enseñanza Media y a varios kilómetros del lugar en que se produjo el asesinato de Jesús Alcocer.

El cabo primero TOMÁS PALACÍN PELLEJERO y el policía nacional JUAN JOSÉ VISIEDO CALERO procedieron a inspeccionar el automóvil. Tras abrir una de las puertas delanteras del vehículo, se produjo la explosión de una potente bomba, compuesta por unos 15 kilos de Goma 2, que había sido colocada en el interior del vehículo. Los cuerpos de los dos policías nacionales fueron lanzados en direcciones opuestas, decapitados y mutilados. Sus restos quedaron esparcidos en un radio de unos cien metros y tuvieron que ser recogidos posteriormente por voluntarios de la Cruz Roja. El conductor del coche de la Policía Nacional, Juan Sánchez Martín, que observaba desde el vehículo a sus compañeros, sufrió heridas leves. El dispositivo que accionó el artefacto explosivo es de los conocidos como pinza y estaba conectado a una de las cerraduras del vehículo.

Por el asesinato de Jesús Alcocer fueron condenados a 29 años en 1988, como autores materiales, Mercedes Galdós Arsuaga y Juan José Legorburu Guerediaga; en 1989, fue condenado Juan Carlos Arriaga, también a 29 años, por haber realizado el control y seguimiento de los movimientos de la víctima; en 1991 fue condenado, como autor material, José Ramón Martínez de la Fuente Inchaurregui.

A las mismas penas fueron condenados por el asesinato de los dos policías Mercedes Galdós Arsuaga, Juan José Legorburu Guerediaga y José Ramón Martínez de la Fuente Inchaurregui. Y también fue condenado a 29 años Jesús Jiménez Zurbano, que fue quien facilitó el explosivo para el vehículo trampa utilizado en la huida.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. EDUARDO LÓPEZ MORENO y D. EMILIO GARCÍA MARTÍNEZ asesinados por la banda terrorista E.T.A y G.R.A.P.O.

D. Eduardo López Moreno



De 38 años, era de Montilla (Córdoba), donde fue enterrado. Vivía en Vera de Bidasoa desde quince años antes de ser asesinado y estaba destinado en el puesto de la localidad navarra de Echalar. Estaba casado y tenía tres hijos, de 18, 15 y 10 años. Su funeral se celebró al día siguiente en el cuartel de la Policía de la localidad navarra de Beloso con la presencia del director general de la Policía Nacional, Ángel Olivares, y de diversas autoridades navarras.

A las tres menos cuarto del jueves 19 de abril de 1995, el policía nacional EDUARDO LÓPEZ MORENO fallecía en Endarlaza (Navarra) al estallarle una bomba-trampa compuesta por cinco kilos de amerital.

El artefacto lo había colocado la banda terrorista ETA en la planta baja de la antigua casa cuartel de la Guardia Civil en esa localidad navarra. La banda terrorista pretendía atentar contra las patrullas de guardias civiles que periódicamente acudían a inspeccionar el edificio abandonado. La vieja casa cuartel estaba junto en el límite fronterizo con Guipúzcoa, y al borde del río Bidasoa.

El agente había acudido solo a inspeccionar el edificio abandonado. El motivo por el que Eduardo acudió allí nunca se llegó a saber con exactitud. Su viuda afirmó que Eduardo había ido al río Bidasoa a pescar y, posiblemente, entró en el inmueble al observar a alguien o algo sospechoso. Otras fuentes reprodujeron la interpretación de un compañero de la víctima, que manifestó que López Moreno le había comentado que, al hallarse fuera de servicio, iba a dirigirse a la casa cuartel para buscar cerraduras que pudiera luego utilizar y, de paso, echar un vistazo.

Sea como fuere, la bomba trampa dejada por ETA en el cuartel, abandonado y en desuso desde hacía dos años, estalló a las 15:30 horas alcanzando de lleno al policía nacional, que murió en el acto. Una patrulla de la Guardia Civil, que acababa de pasar al lado del cuartel, oyó la explosión y volvió para ver qué había ocurrido. Allí se encontraron el cuerpo destrozado de Eduardo y, en la puerta del edificio, el vehículo de su propiedad.

El examen realizado por los Gedex (Grupo Especialista en Desactivación de Explosivos) de la Guardia Civil permitió hallar un temporizador de sesenta minutos de la marca francesa Coupatan, utilizado habitualmente por ETA.

Vecinos y conocidos de Eduardo López Moreno calificaron a su familia de "gente sencilla, simpática y educada". Una vecina del edificio donde vivía aseguró que "tenía mucha relación con la gente del pueblo lo cual no es habitual entre los policías".

El mismo día por la mañana, en torno a las 8:05 horas, ETA atentó contra el entonces líder de la oposición y presidente del Partido Popular, José María Aznar. A consecuencia del atentado, quedó gravemente herida Margarita González Mansilla, sepultada debajo de su vivienda a escasos metros del lugar donde explotó el coche-bomba, en la calle José Silva de Madrid. Margarita estuvo en coma hasta su fallecimiento el 22 de julio. En el atentado resultaron heridas además una veintena de personas que sufrieron quemaduras y traumatismos de diversa consideración, entre ellas el líder del PP, aunque éste de carácter leve.

D. Emilio García Martínez



El teniente de la Policía Nacional Emilio García Martínez, de 47 años, falleció a las 8,35 de la mañana de ayer en Valencia a consecuencia de la explosión de una bomba conectada al sistema de encendido de su vehículo. En el momento de poner en marcha su automóvil, aparcado en un estacionamiento privado, se produjo una fuerte explosión causada por un paquete de un kilogramo de peso que contenía, según informes policiales, pólvora prensada y metralla. Ningún grupo reivindicó el atentado hasta el momento de escribir esta información.José Barrionuevo, ministro del Interior, viaja hoy a Valencia para presidir los funerales que se celebrarán por la muerte del teniente García Martínez. Todas las fuerzas políticas mostraron su repulsa al atentado, primero de este tipo que tiene lugar en esa ciudad.

En Mondragón, otra bomba causó la muerte en la madrugada de ayer de dos de los cuatro ocupantes de un automóvil, presumiblemente miembros de un comando legal de ETAm que manipulaban el explosivo en su interior. Los otros dos jóvenes resultaron gravemente heridos. Las dos personas muertas son José Antonio Gárate, de 25 años, natural de Elgóibar, y Félix Badiola Etxaburu, de 24 años de edad y vecino de Eibar.

Mercedes Padrós Corominas (31 años) y Josefina García Aramburu (43), militantes de los GRAPO, se confesaron ayer autoras de la colocación el 19 de abril de 1983 de una bomba en el coche del teniente de la Policía Nacional Emilio García Martínez, que murió. El fiscal pidió para cada una 32 años de prisión. Fuentes jurídicas creen que ambas confesaron para lograr la absolución de José Balmón, acusado de ser uno de los dirigentes grapo que ordenaron la acción, y uno de los otro cuatro procesados para los que se pidieron penas similares.

Según el escrito de conclusiones provisionales del fiscal, Josefina García Aramburu, Joaquín Calero Arcones y José Balmón eran máximos dirigentes de los GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre), miembros de su comité central, y los tres ordenaron a Anastasio Gonzalo Cardiel, Carmen Muñoz y Mercedes Padrós la realización del atentado contra el policía. Josefina facilitó el artefacto, que fue colocado en el Renault 8 del teniente García, e hizo explosión cuando éste intentaba poner el vehículo en marcha. El oficial dejó viuda y dos hijos. Aparte de las penas solicitadas para los acusados, el fiscal ha pedido una indemnización de 10 millones de pesetas para las herederos de la víctima. Mercedes Padrós confesó que recibió la orden de atentar contra el teniente de Josefina García Aramburu, lo que ésta ratificó. Padrós añadió que había vigilado al policía por su cuenta, y que colocó la bomba debajo del asiento del conductor. Los restantes acusados negaron haber participado en el atentado y afirmaron que habían sido objeto de torturas en comisaría.

La versión de Balmón

Calero reconoció ser miembro del comando central de los GRAPO, pero dijo que no dio la orden. Balmón dijo que es dirigente del PCEr, pero negó pertenecer a los GRAPO. No quiso contestar las preguntas del fiscal, que, a su juicio, "está al servicio de la policía" y le acusa de delitos que, según él, no ha cometido.Ninguno de los procesados quiso responder a preguntas relativas a Anastasio Gonzalo Cardiel. Éste, se sentó aparte, y en ningún momento habló con los otros. Al parecer, Gonzalo es uno de los 13 disidentes de los GRAPO que en enero hicieron un manifiesto en el que argumentaban que la lucha armada no era la solución y que la organización debía encaminar sus pasos, hacia otros movimientos de lucha de masas como movimientos feministas o ecologistas, etcétera.

Esto ha sido considerado por los GRAPO como una traición, y no se dirigen la palabra, e incluso en la prisión se encuentran en módulos separados. Los defensores de todos los procesados pidieron la absolución por falta de pruebas, incluidos los de las dos mujeres que se responsabilizaron del atentado. En el alegato final, Josefina García Aramburu dijo: "Somos responsables de la acción, pero no somos culpables".

Achacó la culpa a la situación social y a la represión, y tachó a la víctima de "oficial de las fuerzas represivas". Fuentes jurídicas señalaron que la actitud de las dos mujeres, para quienes el fiscal pide 32 años de cárcel por, delitos de atentado con resultado de muerte y estragos, al confesar su participación en los hechos obedece a una estrategia para conseguir la absolución de Balmón.

Éste, máximo dirigente del PCEr en prisión, tiene la libertad al alcance de la mano, pues no existen pruebas contra él, salvo las declaraciones de algunos de sus compañeros. Consiguió pasar por comisaría sin firmar ninguna declaración, y en el único juicio celebrado hasta ahora contra él salió absuelto, al hacerse Josefina García, al igual que ayer, responsable de la acusación que pesaba contra él.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. JOSÉ RAMÓN MORÁN GONZÁLEZ, asesinado por la banda terrorista E.T.A.

D. José Ramón Morán González



Tenía 32 años y era natural de La Velilla (León). Estaba casado y tenía una hija de 3 años, Helena. Vivía en Sopelana e ingresó en el Cuerpo en enero de 1965. Anteriormente estuvo destinado en Palma de Mallorca, Torremolinos y Barcelona. Desde abril de 1972 estaba destinado en Guecho como jefe de Departamento de Expedición de DNI. El asesinato de José Ramón era el segundo que cometía la banda terrorista en 1975, año de la muerte de Franco. El 29 de marzo ETA había asesinado al también policía José Díaz Linares.

A las 8:40 horas del 22 de abril de 1975 es asesinado a tiros en Guecho (Vizcaya) JOSÉ RAMÓN MORÁN GONZÁLEZ, inspector de Policía.

A José Ramón le dispararon por la espalda y a corta distancia con una escopeta de cañones recortados. El inspector acababa de bajarse del tren para dirigirse a su puesto de trabajo en la comisaría de Guecho. Diariamente cogía ese tren, pues vivía en Sopelana, a unos siete kilómetros de la localidad vizcaína.

Cuando se encontraba en la confluencia de las calles Alango y Alangobarri, a unos 150 metros de la comisaría, dos terroristas salieron de un Morris 1300, se le acercaron por la espalda y uno de ellos le disparó dos veces a una distancia de unos 25 centímetros. A continuación, volvieron al coche, donde les esperaba otro etarra, y se dieron a la fuga. Sólo un niño fue testigo de los hechos.

José Ramón, que iba desarmado, presentaba dos orificios en la parte lateral del hemitórax izquierdo y región escapular izquierda a nivel de omóplato. Trasladado al puesto de socorro de Guecho, falleció pocos minutos después de ingresar.

La Guardia Civil realizó una extensa operación de control en las carreteras de Vizcaya y en la zona montañosa próxima a Guecho. El coche, robado, apareció en la zona de Las Arenas a cinco kilómetros del lugar del atentado.

En su comunicado de reivindicación del atentado desde Burdeos, la banda terrorista ETA dijo que lo habían matado por ser un represor del pueblo vasco. José Ramón había intervenido en varias operaciones antiterroristas, aunque en el momento del atentado realizaba un trabajo puramente burocrático en las oficinas de expedición del DNI de Guecho.

El 25 de abril, y como respuesta al asesinato de José Ramón, se estableció el estado de excepción en las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa. Era la quinta vez que se adoptaba esta medida desde el asesinato de Melitón Manzanas el 5 de agosto de 1968.

Uno de los etarras que participó en el asesinato de José Ramón, Félix Eguia Inchaurraga, alias Papi, dirigente de los grupos especiales de ETA, resultó herido el 31 de julio de 1975 en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. En el mismo enfrentamiento resultó muerto otro etarra, identificado el 2 de agosto como Jesús Múgica Ayestarán. Eguia Inchaurraga también participó, como colaborador en la huida, en el atentado contra el guardia civil Gregorio Posada, el 3 de abril de 1974.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. JUAN MANUEL HELICES PATINO, asesinado por la banda terrorista E.T.A.

D. Juan Manuel Helices Patino



Tenía 33 años y era natural de Rota (Cádiz), en cuyo cementerio fue enterrado. Estaba casado y tenía dos hijos. Vivía en Irún desde once años antes de su asesinato. Juan Manuel y su compañero pertenecían a la Brigada de Seguridad Ciudadana. En 2005 el Consejo de Ministros le concedió, a título póstumo, el ascenso honorífico a oficial del Cuerpo Nacional de Policía.

El 23 de abril de 1992, pasadas las nueve de la noche, un policía fuera de servicio, dirigente del sindicato Unión Federal de Policía (UFP), observó a dos individuos que le infundieron sospechas mientras paseaba por las calles de Irún. Decidió comunicarlo al 091, que envió a dos agentes en un coche patrulla camuflado de la Brigada de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional.

En la confluencia de las calles Salvador Etxeandía y avenida de Navarra encontraron a los dos sospechosos. Mientras su compañero estacionaba el vehículo, JUAN MANUEL HELICES PATINO descendió del vehículo y se acercó a los dos individuos para proceder a la identificación. En esos momentos, y sin mediar palabra, uno de los sospechosos sacó una pistola y disparó un único tiro contra el agente, atravesándole la cabeza. El compañero de Juan Manuel hizo uso de su arma reglamentaria repeliendo la agresión sin saber si alcanzó o no a alguno de los etarras.

Los terroristas huyeron en direcciones opuestas, según testigos presenciales. En su huida uno de los etarras dejó abandonada una metralleta. La policía encontró el arma a setenta metros del lugar en el que se produjo el atentado.

Juan Manuel fue trasladado al Hospital de Aránzazu de San Sebastián, donde ingresó clínicamente muerto. Según el parte médico, el policía presentaba "herida por arma de fuego con orificio de entrada en región frontotemporal izquierda y salida por zona parietooccipital derecha, con estallido de bóveda craneal y fractura de base de cráneo". Falleció dos horas después.

El asesinato de Juan Manuel se produjo un día después de que, con el voto del PNV y el PSE, se aprobara la modificación del trazado de la autovía de Leizarán. La construcción de la autovía provocó la oposición de diversos colectivos políticos y sociales vascos, ligados al mundo independentista. A ellos se sumó con "entusiasmo" la banda asesina, igual que ocurrió con la central nuclear de Lemóniz.

En este caso, el impacto ambiental en el valle de Leizarán, situado entre las provincias de Navarra y Guipúzcoa, fue la bandera que enarboló el independentismo vasco. La banda terrorista se sumó haciendo lo que sabe hacer: asesinar a tres personas y herir a otras nueve, alegando su relación con la construcción de la autovía.

Tras la aprobación de la modificación del trazado, Herri Batasuna colgó unos infames carteles en las calles del País Vasco en los que se podía leer: "Victoria. Ayer ganamos Lemóniz, hoy ganamos la autovía y mañana ganaremos la autodeterminación". A HB se le olvidó mencionar el "detalle" de los muertos y heridos que esas "victorias" habían provocado.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. HIGINIO RICO GÓMEZ, asesinado por la banda terrorista E.T.A.

D. Higinio Rico Gómez



Dos miembros de un comando de los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (Grapo) asesinaban a tiros, en el interior del polideportivo del barrio madrileño de La Elipa, al policía nacional Higinio Rico Gómez y herían gravemente a su compañero, también policía. El atentado se produjo poco después de las 10:00 de la mañana cuando dos jóvenes de unos veinte años se acercaron al bar del polideportivo, donde se encontraban los dos policías, y sin mediar palabra dispararon sobre ellos con una metralleta y una pistola.

Los terroristas huyeron hasta el exterior del polideportivo donde les esperaba un taxi robado a punta de pistola a su propietario y ocupado por otros dos terroristas, en el cual se alejaron del lugar. Los policías heridos fueron trasladados a la Clínica Francisco Franco, donde fueron sometidos a intervenciones quirúrgicas, pero Higinio no pudo superar la gravead de las heridas y fallecería una semana después.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. JULIO SEGARRA BLANCO, D. PEDRO BARQUERO GONZÁLEZ y D. IGNACIO GARCÍA GARCÍA, asesinados por la banda terrorista E.T.A y G.R.A.P.O.

D. Julio Segarra Blanco



Era de Cabanillas del Campo (Guadalajara) y tenía 50 años. Estaba casado con la bilbaína María Nieves Echevarría y tenía tres hijos: los dos mayores de 14 y 13 años, y el pequeño que había nacido una semana antes. Llevaba en Bilbao desde 1966. En el momento de su asesinato estaba destinado en la Segunda Compañía Móvil del acuartelamiento de Basauri.

D. Pedro Barquero González



Tenía 30 años. Era de Alcalá del Valle (Cádiz). Se había casado hacía siete meses con María Dolores Ledo García, de 25 años y natural de Baracaldo, que impartía clases a alumnos de tercero de EGB en el colegio Zumalacárregui del barrio de Arabella.

El 4 de mayo de 1983 la banda terrorista ETA intentó secuestrar al teniente de la Policía Nacional JULIO SEGARRA BLANCO con el objetivo de canjearlo por presos de la banda. Para ello robaron un coche a punta de pistola y se introdujeron en el interior de un garaje situado en la plaza del Carmelo del barrio de Santuchu en Bilbao. Ahí sorprendieron los terroristas al policía, que bajó en torno a las 8:00 horas a recoger su automóvil para trasladarse al cuartel de Basauri. Lo ataron de pies y manos con alambres y lo amordazaron con esparadrapo.

Cuando estaban a punto de meterlo en el maletero de un vehículo, entraron en el garaje PEDRO BARQUERO GONZÁLEZ, cabo de la Policía Nacional, y su mujer, MARÍA DOLORES LEDO GARCÍA, embarazada de casi siete meses. Pedro sacó su arma, pero los terroristas se adelantaron y dispararon contra el policía y su mujer. A continuación, hicieron lo mismo con Julio, que estaba atado y amordazado. El triple asesinato se produjo cuatro días antes de las elecciones municipales.

Julio y Pedro, destinados en el acuartelamiento de Basauri, solían ir juntos a trabajar en el coche del primero. Aquel día Pedro libraba y tenía previsto acompañar a su mujer, en avanzado estado de gestación, al ginecólogo.

Dentro del garaje la escena era terrorífica. Julio Segarra muerto, amordazado y atado de pies y manos, y a unos cinco metros, en medio de sendos charcos de sangre, los cuerpos sin vida de Pedro Barquero y María Dolores Ledo. El cabo sostenía en la mano derecha su pistola reglamentaria, mientras ella yacía a su lado con un brazo recogido hacia el regazo y el otro extendido. En el lugar de los hechos se encontraron cinco casquillos 9 milímetros parabellum SF y cuatro de la marca Santa Bárbara.

La madre de María Dolores fue el primer familiar en llegar al lugar. Vivía con su marido, obrero de la empresa siderúrgica Echevarría, en el barrio de Arabella.

El triple asesinato provocó una fuerte conmoción en la sociedad vasca y en toda la clase política, que lo condenó unánimemente, con la excepción de Herri Batasuna. Felipe González, que se encontraba en la República Federal de Alemania, declaró que el atentado suponía "un incremento de la crueldad y la propia degeneración humana". Varios partidos suspendieron sus mítines de campaña en señal de duelo, y pararon muchos colegios públicos de EGB de Bilbao. El lehendakari, Carlos Garaikoetxea, señaló que el asesinato supone el contrapunto dramático de los momentos alegres que vive el pueblo vasco tras el triunfo del Athletic. "Esperemos que esto termine algún día. No se dan cuenta del espanto que significa para unas familias, esposas e hijos lo que está sucediendo". El delegado del Gobierno, Ramón Jáuregui, afirmó que los autores del atentado están llevando al País Vasco a la ruina e hizo un llamamiento al pueblo vasco para que condenasen los hechos y colaborasen con las Fuerzas de Seguridad del Estado en la detención de los terroristas. El PSOE señaló en un comunicado que se trata de una obra "inhumana y bestial del fanatismo e irracionalidad de los asesinos", mientras que Alianza Popular solicitó al Gobierno que "tomase las medidas necesarias para cortar esta plaga criminal y para cegar las fuentes que la nutren". Un portavoz de Euskadiko Ezkerra señaló que "mientras la mayoría nos empeñamos en construir Euskadi ladrillo a ladrillo, algunos se han empeñado en destruirlo a ladrillazos".

Por este atentado fueron condenados en 1995 Enrique Letona Viteri, alias Masillas, y José Félix Zabarte Jainaga, alias Juan Luis, a sendas penas de 29 años como autores de un delito de atentado con resultado de muerte, a 29 años por un delito de asesinato, en concurso ideal con uno de aborto, y a 17 años por un delito de homicidio.

El 8 de abril de 2011 se celebró un nuevo juicio por este atentado. En el banquillo se sentaron Juan Manuel Inciarte Gallardo, alias Jeremías, y Félix Ignacio Esparza Luri, alias Iñaki.

Inciarte Gallardo negó su participación en los hechos, alegando encontrarse en esos momentos trabajando en un mercado de Managua (Nicaragua) de donde sólo regresó a mediados de los 80 cuando su madre enfermó. Esparza Luri aseguró ante el juez que podía acreditar documentalmente dónde estaba, porque registró en esas fechas la petición de "asilo político" en el País Vasco francés por "la fuerte represión policial y las torturas cometidas" en España.

En la vista declararon dos policías que han contado cómo el ya condenado Letona Viteri se enfrentó al "dilema moral" de haber asesinado a una mujer a punto de dar a luz. Los testigos relataron que, según contó Letona en el interrogatorio, tras los crímenes se desató "una fuerte discusión" entre él y Esparza Luri. Letona se había mostrado dispuesto a "cumplir, y pegar un tiro en la nuca al teniente", pero "no encontraba ningún sentido a matar a una mujer en muy avanzado estado de gestación, que además no suponía ningún peligro" para Esparza Luri. Después de la "ejecución" de Maria Dolores Ledo, que el etarra calificó de "salvajada", Letona admitió que había abandonado las filas terroristas. El representante del Ministerio Público pidió a la Sala que valorase este testimonio que da cuenta de cómo Esparza Luri "remata de forma absolutamente innecesaria y gratuita" a la mujer embarazada. En su declaración el 8 de abril, sin embargo, Letona Viteri negó la participación de Inciarte Gallardo y Esparza Luri en el atentado.

En la vista también declaró un testigo de los hechos. Según explicó al tribunal, aquel día entró en el garaje de la plaza del Carmelo de Bilbao donde aparcaba su coche. El testigo protegido notó "una cierta oscuridad que no era la de todos los días" y escuchó lo que le pareció "un sollozo, un lamento". Al girarse, pudo ver al cabo de la Policía Nacional Pedro Barquero González y a su esposa, María Dolores Ledo García. Ya en el coche, dio marcha atrás y enseguida reconoció los "destellos" de varios tiros. Pudo observar por el espejo retrovisor a uno de los pistoleros empuñando un arma y disparando a "una distancia corta" a los cuerpos del cabo y de su mujer. Según explicó, uno de los asesinos estaba agachado y "estaba rematando" a las víctimas. "Me puse a cien, salí temblando de allí", indicó el testigo, que añadió que cuando salió del turismo uno de los terroristas le enseñó una placa de Policía.

D. Ignacio García García



El lunes 4 de mayo de 1981 un comando de los GRAPO asesinó en Madrid al general Andrés González de Suso y, posteriormente, al Policía Nacional Ignacio García García, cuando intentó detener a los agresores. El atentado contra e militar tuvo lugar a las 09:25 de la mañana cuando el general salía del portal de su casa; dos terroristas que le estaban esperando se le acercaron y dispararon a quemarropa contra él, dejándole mortalmente herido.

Los terroristas huyeron hacia la calle de Díaz Porlier, pero en el cruce con la calle Hermosilla fueron descubiertos por una patrulla de la Policía Nacional; el policía Ignacio García García trató de interceptarlos, llegando a sujetar a uno de los individuos, pero en ese instante, el otro se volvió y disparó por la espalda contra el agente, a quien remató de un tiro cuando ya estaba en el suelo. Ignacio García García ingresó poco después en la Ciudad Sanitaria Provincial, sin embargo ya había fallecido en el momento de su ingreso. En el tiroteo en el que murió Ignacio tres peatones sufrieron además heridas de bala, dos de ellos de carácter muy grave.

El segundo terrorista pudo refugiarse en un garaje y, tras la intervención de varias patrullas, se produjo su detención; se trataba de Emilio Avelino Gómez Gómez.

Los GRAPO asesinan en Madrid al general González de Suso y a un policía nacional

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. FERNANDO LLORENTE ROIZ, asesinado por la banda terrorista E.T.A.

D. Fernando Llorente Roiz



De 51 años, era natural del pueblo santanderino de Villanueva de Villaescusa. Había ingresado en el Cuerpo General de Policía veintisiete años antes. Estuvo destinado un año en Valladolid, regresando después a Bilbao, donde permaneció en distintas secciones de la Jefatura Superior. Primero en la llamada Brigada de Orden Público 091, donde llegó a ocupar el puesto de jefe de sala de la misma Brigada. Desde nueve años antes de su asesinato había pasado a la sección del Documento Nacional de Identidad, a petición propia y debido a problemas de salud ya que tuvo que ser sometido a una intervención quirúrgica de vesícula. Estaba casado con Icíar Ortueta Ozamiz, hija de un afamado corredor de motos de los años 40, Javier Ortueta, y tenía tres hijas de 20, 17 y 3 años en el momento en que su padre fue asesinado.

En torno a las once de la noche del miércoles 7 de mayo de 1975 ETA asesinaba a tiros en Bilbao al inspector de policía FERNANDO LLORENTE ROIZ cuando iba a entrar en su domicilio de la calle Calixto Díez.

Fernando regresaba a su casa, tras terminar su jornada laboral. Antes de subir a su domicilio, había entrado en el Bar Garrote que estaba lleno de público que contemplaba un combate de boxeo televisado. Allí se encontró con unos amigos, con los que bebió dos chiquitos. Después recogió una bota de vino que había dejado en el bar para que la arreglasen y salió en dirección a su casa. Acababa de terminar el décimo asalto del combate.

Para entonces su esposa, María Icíar Ortueta Ozamiz, había recibido una llamada telefónica de un desconocido preguntándole si había regresado su esposo, a lo que respondió negativamente.

Los clientes del bar escucharon los disparos en el momento en que Fernando abandonaba el establecimiento. Un testigo presencial relató que todos se tiraron al suelo y que los disparos fueron aislados, de pistola, y no en ráfaga. Cuando salieron, el inspector ya estaba sobre la acera, en la puerta de su domicilio. Un vecino que se encontraba asomado a la ventana afirmó que vio correr a toda velocidad a dos individuos en dirección a la calle General Salazar.

Fernando Llorente fue auxiliado por sus vecinos y amigos. Inmediatamente le trasladaron en un taxi al Hospital Civil de Basurto, donde falleció minutos después en la unidad de reanimación del centro hospitalario.

Al día siguiente los restos mortales de Fernando se trasladaron a la Jefatura Superior de Policía de Bilbao. Unas doscientas personas aguardaban la llegada del cadáver en un ambiente de gran tensión. El funeral se celebró a las 12:30 horas en la propia Jefatura. Su viuda dio muestras de gran entereza, y antes de iniciarse el funeral dijo que perdonaba "de todo corazón a quienes han asesinado a mi marido". El director general de Seguridad, Francisco Dueñas, le impuso a título póstumo la Medalla de Oro al Mérito Policial con distintivo rojo, máximo galardón que prendió en la bandera española que cubría el féretro.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. JOSÉ ANTONIO MONTES GILA y D. JUAN ANTONIO GARCÍA ANDRÉS, asesinados por la banda terrorista E.T.A.

D. José Antonio Montes Gila



Era natural de Pegalajar (Jaén) y tenía 36 años. Ingresó en la Policía en 1976 y cuando fue asesinado prestaba servicio en la Sexta Unidad de Radiopatrullas de la comisaría madrileña de Chamartín. Estaba casado y tenía una hija. Fue enterrado en el cementerio del pueblo de Barajas en Madrid.

D. Juan Antonio García Andrés



Tenía 33 años y estaba casado. Ingresó en la Policía en 1979 y prestaba servicio en la comisaría de Buenavista en Madrid. Natural de Navarredonda (Madrid) fue enterrado en el madrileño cementerio de La Almudena.

El 8 de mayo 1989 la banda terrorista ETA asesinó en Alcalá de Henares (Madrid) a los policías nacionales JOSÉ ANTONIO MONTES GILA y JUAN ANTONIO GARCÍA ANDRÉS, e hirió a otros dos en un atentado en dos fases. Previamente habían ametrallado al funcionario de prisiones José Luis López Montenegro.

En torno a las 22:10 horas tres etarras se apostaron en la carretera comarcal que lleva a la prisión de Alcalá-Meco con el objetivo de asesinar a un funcionario de prisiones. Cuando vieron que se aproximaba el vehículo conducido por José Luis López Montenegro, los etarras abrieron fuego contra él. Alcanzado en la espalda por dos proyectiles, José Luis pudo apearse del coche y huir a pie campo a través para salvar la vida. A continuación, los etarras colocaron una carga explosiva en el vehículo del funcionario de prisiones, compuesta por quince kilos de amonal.

Unos minutos más tarde, un microbús con una docena de agentes y dos vehículos particulares, ocupados también por policías nacionales de paisano, pasaron por la carretera donde estaba el coche de López Montenegro, con las luces encendidas y una puerta abierta. Uno de los vehículos policiales trasladó al herido y el otro se acercó a inspeccionar el interior del coche del funcionario. Cuando los policías se acercaban al mismo, la carga explotó y ocasionó la muerte en el acto de José Antonio Montes y Juan Antonio García.

Además, resultaron heridos Pedro Fuentes Fuentes, de carácter leve, y Gabriel Sánchez Rico, de gravedad. Ambos, tras la primera inspección ocular, se dirigieron a su propio coche para informar de los hechos y eso les salvó la vida, porque en ese momento el automóvil explotó.

Al parecer, los terroristas no tenían definida a qué víctima querian asesinar. Tan sólo pretendían que fuera un funcionario de prisiones y que viajara solo. El único dato con el que contaban los etarras era la hora de cambio de turno entre los funcionarios, una información que incluso podía haber sido dada por uno de los presos etarras de Alcalá Meco. Además, el funcionario de prisiones contra el que se atentó, José Luis López Montenegro, no estaba adscrito a la cárcel de Alcalá-Meco propiamente dicha, sino al recinto de jóvenes donde no hay ningún preso etarra.

La ficha de salida del trabajo de López Montenegro marcaba las 22:09 horas. Dos minutos antes, otro funcionario de la cárcel fichaba también su salida. Se dirigió al cruce de la carretera y reconoció por el retrovisor a López Montenegro. Observó también a la derecha del cruce de la carretera de Alcalá de Henares un coche al que no prestó atención y siguió su camino a casa. Este funcionario se libró porque José Luis iba demasiado cerca de él.

Al día siguiente se instaló la capilla ardiente por los dos policías asesinados en la sede de la Policía en Canillas. Al funeral asistieron el ministro de Interior, José Luis Corcuera, y el de Justicia, Enrique Múgica.

Distintas fuentes sindicales confirmaron que los presos etarras en Alcalá-Meco celebraron por todo lo alto el asesinato de José Antonio y Juan Antonio. Fue un auténtico escándalo. Los etarras coreaban, insultaban y amenazaban a los demás funcionarios con frases como "Ya quedáis menos. Van a acabar con vosotros. Dos menos. La próxima te toca a ti". Ante ello, el alcalde de Alcalá de Henares, el socialista Florencio Campos, declaró tras el atentado que "la actitud respetuosa de los alcalaínos hacia los visitantes y familiares de los presos etarras podía cambiar en el futuro".

En 1992 la Audiencia Nacional condenó a Henri Parot a 105 años de prisión por el atentado que costó la vida a los dos agentes de policía.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. DIONISIO VILLADANGOS CALVO, D. JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ FONTANA y D. JESÚS HOLGADO SABIO, asesinados por la banda terrorista E.T.A.

D. Dionisio Villadangos Calvo



Era natural de Villazala (León). Tenía 24 años y estaba soltero. Había ingresado en la Policía Nacional ocho meses antes de ser acribillado a balazos en San Sebastián.

D. José Manuel Rodríguez Fontana



Era de Almería. Tenía 24 años y estaba soltero, aunque tenía previsto casarse en agosto. Había ingresado en la Policía en septiembre de 1979 y llevaba apenas mes y medio en San Sebastián. Segundo de nueve hermanos, hijo de una familia modesta, ayudaba económicamente a sus padres con su sueldo de policía nacional. La preparación de su ingreso en el Cuerpo la realizó en la Academia de la Policía existente entonces en Badajoz. Una vez terminada su formación pidió destino voluntario a San Sebastián.

D. Jesús Holgado Sabio



Era natural de Carratraca (Málaga), tenía 27 años y estaba soltero. Sus restos mortales fueron enterrados en el pueblo malagueño de Jimera de Líbar, con la asistencia de prácticamente todos los vecinos de su localidad natal, donde cerraron todos los establecimientos en señal de duelo y protesta por el asesinato.

Unos minutos antes de las nueve y media de la mañana del 15 de mayo de 1980 la banda asesina ETA acribillaba a balazos en San Sebastián a tres policías nacionales cuando tomaban café en un bar de la ciudad. JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ FONTANA, natural de Almería, perdió la vida en el acto; DIONISIO VILLADANGOS CALVO, de León, fallecía a los pocos minutos de ingresar en un centro sanitario; y JESÚS HOLGADO SABIO, de Málaga, murió desangrado a las seis de la tarde, después de ser sometido a una intervención quirúrgica en la residencia Nuestra Señora de Aránzazu.

El atentado se produjo cuando los tres policías, que prestaban servicio en las oficinas de expedición del carné de identidad, bajaron a tomar café al Bar Majusi en el barrio donostiarra de Amara, a unos treinta metros de las oficinas del DNI. Las víctimas, que vestían de uniforme, estaban apoyadas en la barra del establecimiento y fueron sorprendidas por la espalda por dos terroristas que, a cara descubierta, abrieron fuego de pistola contra los agentes. José Manuel Rodríguez Fontana, que había conseguido desenfundar su pistola parapetado detrás de una caja de botellas, fue el primero en caer herido de muerte. A sus dos compañeros no les dio tiempo ni de hacer el amago de sacar sus armas reglamentarias. Un tercer terrorista esperaba al volante de un automóvil, en el que segundos después los asesinos emprendieron la huida.

Los tres agentes iban de uniforme ya que acababan de terminar el servicio, tras haber pasado toda la noche de vigilancia en el interior de las dependencias policiales del Documento Nacional de Identidad.

En el establecimiento se encontraba también un inspector de Policía de paisano que iba desarmado, por lo que sólo pudo dar aviso de lo ocurrido a la comisaría de San Sebastián. En el interior del bar se recogieron posteriormente cinco casquillos de bala calibre 9 milímetros parabellum. El mismo día del atentado, la banda terrorista ETA se hizo responsable del asesinato de los tres agentes. A día de hoy, cuando han pasado 31 años del atentado, sigue sin saberse absolutamente nada sobre los autores materiales del mismo.

Al día siguiente, 16 de mayo, se celebraron los funerales en el Hospital Militar de San Sebastián, presididos por el delegado especial del Gobierno en el País Vasco, el general Sáenz de Santamaría. Hubo momentos de tensión, acentuados por las muestras de dolor de la madre de uno de los policías muertos, que repetía en voz alta el nombre de su hijo. Posteriormente, los féretros con los cadáveres de los agentes fueron trasladados a sus localidades de origen.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. LUIS NAVARRO IZQUIERDO, asesinado por la banda terrorista E.T.A.

D. Luis Navarro Izquierdo



De 26 años, era natural de Ampudia (Palencia). Estudió la carrera de profesor de Educación General Básica en la Escuela de Magisterio de Palencia. Muy aficionado al atletismo, llegó a ser subcampeón de España en los cuatrocientos metros lisos el año que ganó Colomán Trabado. Estaba casado con María Luisa Marcos, embarazada de un mes. Luis pertenecía a la Segunda Compañía de la Reserva General que había llegado al País Vasco días antes del atentado para reforzar a la plantilla policial de Vizcaya.

En torno a las 14:30 horas del 16 de mayo de 1985, el cabo primero de la Policía Nacional LUIS NAVARRO IZQUIERDO resultó muerto y otros diez agentes heridos, al hacer explosión un coche bomba que ETA había estacionado en una calle de la localidad vizcaína de Basauri.

La explosión, provocada por control remoto al paso de las dos furgonetas de la Policía Nacional, pudo haber causado una matanza, ya que en las inmediaciones del lugar está ubicado un instituto de enseñanza.

El atentado se produjo cuando dos furgonetas de la Compañía de Reserva de Valladolid circulaban por la carretera nacional Bilbao-San Sebastián con destino al acuartelamiento de las Fuerzas de Seguridad del Estado en Basauri, donde iban a relevar a sus compañeros. Cuando el convoy se detuvo en el semáforo de la calle Urbi, junto a la gasolinera Camarero, la banda terrorista hizo explotar el coche-bomba, un Renault 9 de color gris metalizado cargado con 20 kilos de Goma 2 y 10 más de tornillería gruesa. Los terroristas habían rellenado la bomba con tuercas y balas del calibre 9 milimetros para que actuasen como metralla y aumentase su poder letal. Una de las dos dotaciones resultó alcanzada de lleno, mientras que la otra sufrió los impactos de la explosión en su lado derecho.

Como consecuencia de la fuerte explosión, diez policías nacionales resultaron heridos de gravedad y fueron trasladados en ambulancias de la Cruz Roja y la Asociación de Ayuda en Carretera al Hospital Civil de Basurto, a la Clínica Virgen Blanca y al Hospital de Galdácano. Además de los policías nacionales, otras tres personas sufrieron lesiones leves por la onda expansiva y fueron atendidas por los servicios de la Cruz Roja en el lugar de los hechos. Ocho de los policías heridos fueron ingresados en el Hospital Civil de Basurto. El cabo primero Luis Navarro Izquierdo, trasladado al mismo hospital, falleció cuando iba a ser intervenido poco después de ingresar.

En el mismo centro fueron asistidos Agustín Sánchez Hernández, que presentaba graves lesiones en un ojo; José Pérez Pacheco, que sufría pérdida de masa encefálica; el sargento Bernabé Andrés González, con conmoción cerebral; y Gaspar García, cuyo pronóstico era grave. El policía Santiago Fernández Ramos, así como Orestes Gómez Frutos y Balbino Fernández Iglesias, fueron dados de alta al cabo de unas horas. Otros dos policías, el cabo primero Antonio Pascual y José Antonio Hernández fueron atendidos en la Clínica Virgen Blanca de Bilbao, en donde se les diagnosticó heridas de carácter reservado.

El funeral por el cabo primero Luis Navarro Izquierdo tuvo lugar al día siguiente a la una de la tarde en la parroquia Nuestra Señora de las Nieves, de Basauri. Al mismo asistieron los responsables de Interior del Gobierno central, José Barrionuevo, y autonómico, Luis María Retolaza. Esa misma tarde fue trasladado a Ampudia, donde residía su familia.

En 1994 la Audiencia nacional condenó al etarra José Félix Zabarte Jainaga a un total de 298 años de prisión por este atentado. En la misma sentencia se recogía que Zabarte Jainaga iba acompañado por Carmen Guisasola Solozábal y un tercer etarra sin identificar. Guisasola no pudo ser juzgada en esos momentos al negar Francia la extradición. Finalmente fue extraditada y juzgada en 2001 por atentados cometidos entre 1982 y 1989.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. MANUEL ORCERA DE LA CRUZ, asesinado por la banda terrorista E.T.A.

D. Manuel Orcera de la Cruz



Era natural de Úbeda (Jaén), donde había nacido el 27 de mayo de 1953, por lo que tenía 24 años cuando fue asesinado. Ahí se celebró su funeral, que congregó a cerca de quince mil personas. Una calle de su localidad natal lleva su nombre. Manuel estaba casado y tenía una hija de corta edad. Su mujer estaba embarazada del segundo hijo. Estudió en la Academia de Policía de Badajoz y llevaba destinado en San Sebastián desde abril de 1976.

A las siete menos veinte de la tarde del 18 de mayo de 1977, dos miembros de ETA asesinaban a tiros en la estación de Amara de San Sebastián al agente de Policía Armada MANUEL ORCERA DE LA CRUZ, al que dispararon cinco tiros.

Manuel se encontraba de servicio en el interior de la estación. Dos individuos se apearon de un vehículo y, tras penetrar en el interior del recinto ferroviario, tirotearon al agente. Uno de los disparos le alcanzó el corazón, lo que le produjo la muerte prácticamente en el acto. Su compañero en el servicio de vigilancia, que se encontraba en el andén, pudo repeler la agresión haciendo tres disparos contra los agresores, pero no consiguió alcanzarles. A continuación avisó al servicio policial 091. Manuel fue trasladado a la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu, donde ingresó cadáver.

Los etarras se dieron a la fuga en un coche Simca 1200 con matrícula de Barcelona, que había sido robado sobre las 16:30 horas a punta de pistola en el barrio donostiarra de Gros. Su propietario permaneció secuestrado en la falda del monte Ulía hasta momentos antes de cometerse el atentado, y posteriormente lo dejaron ahí abandonado. El coche fue localizado hacia las 19:15 horas por funcionarios de la comisaría de Policía del barrio de Loyola. En el lugar de los hechos se encontraron tres casquillos, con la inscripción FN, calibre 9 milímetros parabellum, munición usada habitualmente en sus acciones por los grupos especiales de la organización ETA-V asamblea, rama político-militar.

El jefe superior de Policía de Bilbao declaró tras el atentado que ETA no conseguiría encrespar a las fuerzas del orden y que la actuación de las mismas se ajustaría siempre a la ley.

Al día siguiente se produjo un atentado similar contra agentes de la Policía Armada de servicio en la estación de Renfe de Pamplona, aunque no hubo que lamentar víctimas mortales.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. MANUEL FUENTES PEDREIRA, asesinado por la banda terrorista E.T.A.

D. Manuel Fuentes Pedreira



Estaba destinado en el Parque Móvil de Bilbao y trabajaba en el acuartelamiento de Basauri como conductor. Tenía 39 años y era natural de La Golada (Pontevedra), donde fue enterrado. Manuel había estado destinado en Vizcaya desde años antes de ser asesinado y, tras su traslado a otros puntos de España, pidió volver al País Vasco por encontrarse totalmente integrado en esta comunidad autónoma. En el momento de su asesinato convivía con su novia, Dolores Quintanilla.

Pasadas las cinco de la tarde del 20 de mayo de 1986, ETA asesinaba de un tiro en la nuca al policía nacional MANUEL FUENTES PEDREIRA en el frontón de la localidad vizcaína de Arrigorriaga, donde acababa de jugar un partido de pelota.

Manuel Fuentes vivía en la calle de Santa Isabel, justo enfrente del recinto deportivo al que acudía muchas tardes para jugar a pala. Después de las cinco de la tarde, cuando el agente había terminado de jugar un partido, se sentó vestido con un chándal en las gradas a descansar y esperar turno para volver a entrar en juego. Dos terroristas, un hombre y una mujer, se sentaron detrás de él. Esperaron unos segundos y, sin mediar palabra, la mujer le disparó por la espalda un único proyectil en la cabeza, con entrada por la nuca y salida frontal. La víctima se desplomó sobre el escalón superior de las gradas del frontón.

Los terroristas escaparon a pie hasta un taxi robado previamente, en el que les esperaba otro etarra al volante. El vehículo tomó una carretera de la red provincial en dirección a la localidad de Arrigorriaga.

Antes de perpetrar el atentado el comando había bloqueado la entrada de la calle de Santa Isabel, por la que sólo se puede circular en un sentido, con otro vehículo para asegurarse mejor la huida.

El cadáver de Manuel Fuentes, cubierto con una manta, permaneció en el frontón hasta que el juez ordenó a las 18:30 horas su traslado al Hospital Civil de Basurto para practicarle la autopsia. En el suelo del frontón se recogió un casquillo de bala, de calibre 9 milímetros, marca SF, fabricado en 1979.

El Partido Nacionalista Vasco condenó "sin paliativos" el asesinato de Manuel Fuentes y destacó su especial gravedad en un momento en que su formación política se está "esforzando al máximo por conseguir una solución al problema de la violencia a través del diálogo". El Partido Socialista de Euskadi declaró que la muerte del agente es obra "del grupo fascista llamado ETA" al que "lo único que queda, como profesionales del crimen, es seguir asesinando".

A la ceremonia religiosa celebrada al día siguiente asistieron numerosas autoridades civiles y militares, entre las que se encontraban Julián Sancristóbal, director de la Seguridad del Estado; el director general de la Policía, Rafael del Río; el general inspector de la Policía Nacional, Félix Alcalá Galiano y también el general Vallejo, jefe de la Quinta Zona de la Guardia Civil. También asistieron algunos miembros de la Ertzaintza.

En febrero de 2007 el Ayuntamiento de Arrigorriaga organizó un homenaje a las víctimas del terrorismo relacionadas con esa localidad. La moción fue aprobada por PNV, EA e IU, con la oposición de PSE-PSOE y PP, e incluía también un reconocimiento al etarra José Miguel Beñarán Ordeñana, alias Argala, asesinado en 1978 por el Batallón Vasco Español. Los familiares del etarra se negaron a recibir el homenaje. Un hermano de Argala, Pablo Beñarán, escribió una carta en Gara en la que tachaba el acto que pretendía hacer el Ayuntamiento de "marketing político, hueco y para la foto". Finalmente, el Ayuntamiento rectificó y excluyó a Argala del homenaje, que se hizo sólo a las dos víctimas de la localidad: el taxista Fermín Monasterio Pérez, asesinado por ETA el 9 de abril de 1969, y el agente Manuel Fuentes. En su memoria se colocó una placa en el frontón donde fue asesinado.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. MÁXIMO DÍAZ BARDERA, D. FRANCISCO RIVAS LÓPEZ, asesinados por la banda terrorista E.T.A y D. JAVIER GUERRA HIDALGO, asesinado por un atracador al que el agente intentaba detener.

D. Máximo Díaz Bardera



Tenía 35 años. Era natural de Pedro Bernardo (Ávila), estaba casado y tenía tres hijos de 8, 6 y 3 años. Trabajaba en San Sebastián donde, desde once años antes de ser asesinado, era el encargado de la centralita de teléfonos del Gobierno Civil.

D. Francisco Rivas López



De 50 años, era de Torremocha (Guadalajara) pero llevaba 26 años destinado en San Sebastián, su primer y único destino. Estaba casado con Concepción Ayerbe y tenía una hija de 19 años. Al igual que su compañero y amigo Máximo, vivía con su familia en Pasajes de San Pedro, en una barriada de casas reservada a la Policía Nacional que estaba ubicada en la ladera sur del monte Ulía.

A última hora de la tarde del martes 21 de mayo de 1985 la banda terrorista ETA asesinaba a los policías nacionales MÁXIMO DÍAZ BARDERA y FRANCISCO RIVAS LÓPEZ cuando paseaban, vestidos de paisano y fuera de servicio, por una ladera del monte Ulía, entre San Sebastián y Pasajes. Los terroristas abordaron a sus víctimas en un paraje aislado y las mataron de un tiro a bocajarro en la cabeza. Aparentemente, los policías no opusieron resistencia, pues sus cuerpos no presentaban más señales de violencia que un agujero negro de sangre coagulada en la sien.

Los agentes habían salido de paseo, con los perros de ambos, en torno a las 16:00 horas. Ya de noche, el perro de Francisco apareció en su domicilio. A las 21:00 horas, las familias de ambos policías, extrañadas de que no hubiesen regresado, presentaron una denuncia.

Un centenar de policías, ayudados por un helicóptero de la Guardia Civil, inició el rastreo del monte, especialmente el paraje del Faro de la Plata, un lugar al que Máximo y Francisco solían acudir habitualmente con sus perros. Los cadáveres fueron localizados pasadas las 10:00 horas del miércoles 22 de mayo, tras una noche de intensos rastreos en el monte Ulía y una vez que, en torno a las 9:30 horas, un autodenominado portavoz de ETA indicara al diario Egin el punto exacto del asesinato.

Varios policías se dirigieron hacia la zona y al acercarse oyeron unos gemidos. Siguiendo el quejido llegaron a una zona de zarzales, donde encontraron los cuerpos tumbados boca arriba de los dos policías, a ambos lados del sendero y a la misma altura, frente al mar. La perra de Máximo aullaba de tristeza recostada sobre el pecho de su dueño, y la mano del otro compañero descansaba sobre el suelo, en una postura forzada. Cerca de ambos, había un pequeño ramillete de margaritas, al lado de un casquillo 9 milímetros parabellum, marca SF.

En mayo de 2008, cuando se cumplían 23 años del asesinato, María del Pilar Díaz Ríos, la hija mayor de Máximo, recordaba en una carta escrita al diario El Mundo ese terrible día en que quedó huérfana y en que su padre no llegó a recogerla al colegio:

Hoy es martes, 21 de mayo de 1985. Acabo de salir del cole y estoy esperando a que mi papá venga a buscarme (...) Es el mejor papá del mundo y el mejor policía. En mi familia somos cinco personas: mi papá tiene 35 años, mamá tiene 30 años, yo soy la mayor de tres hermanos y tengo 8 años, y mis dos hermanos tienen 6 y 3 años. Somos una familia feliz (...) Mi papá tarda mucho, los demás niños ya se han ido con sus papás y mi papá no ha venido todavía. (...) Estoy sola en el patio. No lo entiendo. Mi papá no viene. Pero va a venir, porque la palabra de mi papá es ley y si me dijo que venía es que va a venir. Pues verán ustedes, mi padre no vino a buscarme esa tarde al colegio, tuve que irme sola a casa. Pero tampoco vino a casa esa noche... Mi padre no volvió a casa nunca más.

Y recordaba que el ramo de margaritas que se encontraron al lado de los cuerpos de Francisco y Máximo eran para su madre y para ella:

Mi padre había cogido unas flores para mamá y para que yo, su hija María del Pilar, le llevara flores a la Virgen, porque el mes de mayo, para los católicos, es el mes de María. Y la ETA les asesinó. ETA nos asesinó a todos ese día (...) Cuando asesinaron a papá, yo ocupé su lugar, dejando de ser una niña de ocho años para ser el cabeza de familia. Mis hermanos y yo no tuvimos más alternativa que ingresar en colegios de huérfanos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y de las Fuerzas Armadas. En ellos hemos permanecido internos, hasta hace poco tiempo, cuando, gracias a la Ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo del gobierno de Aznar, pude comprar una casa y reunir en ella a mi familia. Después de reconstruir los pedazos que esos repugnantes asesinos cobardes de la ETA dejaron de mi familia y de mí, el amor de una hija a su padre me llevó a reivindicar: Memoria, Dignidad y Justicia.

Continuación en el siguiente post...
 
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30 Nov 2011
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Desde que conoció a Francisco José Alcaraz y empezó a participar en la Rebelión Cívica por él liderada, María del Pilar se siente menos sola. Como declaró el 6 de noviembre de 2010 en el programa Sin Complejos de esRadio, "cuando iba en la pancarta y miré hacia atrás y vi a toda esa gente maravillosa, me sentí menos huérfana". Por el contrario, también recordó cómo en los duros años que tuvo que vivir en el País Vasco tras la muerte de su padre, cada vez que la sociedad miraba hacia otro lado "hacía que me sintiera una apestada". "Ya éramos víctimas del terrorismo desde que nacimos por el hecho de ser hijos de nuestros padres, hijos de policías y guardias civiles".

El asesinato de Máximo y Francisco nunca fue resuelto judicialmente. Incluso se ha afirmado que jamás se ha encontrado ningún dato fidedigno que permitiera identificar a los autores del atentado. Como relataba en la carta a El Mundo

(...) Mi abogada y amiga, Manuela [Rubio Valero] y yo, empezamos a buscar respuestas sobre el atentado de papá, ya que desde el asesinato, mi familia y yo nunca hemos recibido información de ningún tipo por parte de las instituciones publicas. Y todo para descubrir que el asesinato de mi padre ha prescrito, lo que implica que los asesinos nunca serán juzgados". Y añadió: "Mi padre juró proteger a España y a los españoles de bien, y ¡vive Dios, que cumplió su palabra! A papá le asesinaron por ser España, porque su uniforme representa el Estado de Derecho español, el Orden y la Ley. Y en agradecimiento a sus servicios prestados a España, ni España, ni el Estado de Derecho español, ni el Orden, ni la Ley han hecho justicia a un hombre bueno, como papá, ni a otros muchos hombres buenos, que además, para mayor indignación, eran sacados en sus féretros por la puerta de atrás de las iglesias, a hurtadillas. Con un gran abatimiento y con un sentimiento de desolación y desconsuelo absolutos. Con un inmenso dolor en mi corazón y en mi alma, me veo en la necesidad de denunciar esta aberración legal que permite la prescripción de los delitos de terrorismo.

El 26 de abril de 2011 María del Pilar Díaz señaló a Libertad Digital que la instrucción de este atentado, si se puede llamar así a lo que se hizo en este caso, fue desastrosa. Por ejemplo "el juez de instrucción jamás pidió la inspección ocular del lugar de los hechos a la Policía, que a su padre no le hicieron autopsia, que no se investigó nada, que el juez nunca pidió informes a la Policía", agregó. Para poder acceder al sumario del asesinato de su padre, y tras encontrarse un montón de trabas por parte de la Audiencia Nacional, María del Pilar amenazó con encadenarse a la puerta de la misma, tras lo cual consiguió que se lo diesen, sumario "que tuvo que leer de pie, al lado de una fotocopiadora y una papelera".

Sin embargo, hay al menos dos informaciones publicadas en el diario ABC, nueve y diez años después del atentado (03/08/94 y 15/08/95), en las que se hace referencia a Ramón Zapirain Tellechea como presunto autor del asesinato de Máximo y Francisco. Zapirain integró, junto a Arturo Cubillas Fontán, Idoia López Riaño y José Angel Aguirre Aguirre, el denominado grupo Oker de ETA. Zapirain y Aguirre fueron detenidos en noviembre de 1985 y, pese a ser considerados presuntos autores del asesinato de Máximo y Francisco, no se les juzgó por este atentado, aunque sí por otros asesinatos, como el de Facal Soto, cometido apenas tres meses antes que el de Máximo y Francisco. Por ello resulta cuando menos chocante que, diez años después, el diario ABC siguiese haciendo alusión a Zapirain Tellechea como presunto autor del asesinato de los dos policías.

Ps. Una vez terminada esta semblanza, María del Pilar Díaz Ríos, hija de Máximo, me envía este correo electrónico: "Hay un mensaje que me gustaría transmitir. Mi padre pasó muchas noches al raso del cielo para proteger a los españoles de bien. Otras veces el agua le entraba por el cuello de la camisa del uniforme y le salía por la pernera del pantalón pero a mi padre no le importaba porque estaba salvando la vida de los españoles buenos. Muchos días tuvo frío y sueño, y estuvo todo el día sin comer, pero lo importante era que su sacrificio salvaba la vida de los españoles buenos. Por eso quiero hacer un llamamiento a los españoles buenos, quiero decirles que cuando los malvados les golpeen duro, cuando estén cansados, cuando tengan sueño, hambre y frío, recuerden que mi padre juró ante Dios y ante la Bandera de España protegerles de los malvados y ¡vive Dios! que mi padre, como Ángel Custodio de España, cumplió su juramento. Por eso, ahora, es mi obligación como hija, deciros a los españoles de bien que aunque los malvados os golpeen duro, aunque estéis cansados, tengáis sueño, hambre o frío os levantéis y resistáis como antes lo hizo mi padre por vosotros y defendáis España con el mismo orgullo y honor que él lo hizo y así mantendréis viva su memoria, su dignidad y le haréis justicia. A él, mi padre, y a todas las victimas del terrorismo".


D. Javier Guerra Hidalgo



Un agente del Cuerpo Nacional de Policía nacido en Badalona hace 25 años y que llevaba un año y medio casado, murió ayer en el hospital Clínic de Barcelona a causa de dos balazos en el vientre que minutos antes le había propinado Dino Marcelo Miller Martínez, de 29 años, un atracador al que el agente intentaba detener. Los hechos se desencadenaron tras el asalto a una sucursal de La Caixa ubicada en la calle de Sepúlveda esquina con Villarroel. A partir de ese momento, se desencadenó una trágica espiral de acontecimientos que acabaron con la vida del policía.

Ayer a las 11. 45 saltó la alarma en las dependencias policiales: dos personas armadas con sendas pistolas habían atracado una agencia de La Caixa y habían huido en un taxi. En la oficina, pero en la parte no destinada al público, se hallaban en aquellos momentos dos agentes de los Mossos d"Esquadra en una inspección de rutina. Al oír el alboroto salieron a la zona pública y, según la versión del Departamento de Gobernación, optaron por no hacerles frente por la actitud de extrema violencia de los dos atracadores y porque uno de ellos apuntaba a un cliente. Los mossos vieron que si intervenían pondrían en peligro la vida de personas. Esperaron a que los atracadores se fueran con su botín, les siguieron a la calle, tomaron nota de la matrícula del taxi y dieron la alarma a su central, que avisó a la policía. Se alertó a las unidades policiales de la zona y se puso en marcha una operación para aislar a los delincuentes. Poco después éstos abandonaron el taxi y fueron descubiertos por una patrulla, que les dio el alto. Se inició una persecución. Miller se dio la vuelta y disparó dos tiros contra Javier Guerra. Los proyectiles alcanzaron el abdomen del joven policía y le causaron una gran hemorragia.

El agente fue trasladado al cercano hospital Clínic, donde fue intervenido de urgencias y murió en la mesa de operaciones. La pistola que hirió a Gilart La pistola con la que Miller disparó, una Star con el número de serie borrado de 9 milímetros Parabellum, seguramente es la misma que usó Miller la semana pasada para pegar un tiro a José Gilart, un ex policía vinculado con la desaparición de dos personas y con turbios manejos que tienen que ver con el mundo de los atracos y del tráfico de drogas. Gilart recibió un tiro que le seccionó la médula espinal. Ayer Miller fue acorralado por la policía y se refugió en un bar situado en el número 39 de la calle de Sant Antoni Abat. Allí cogió como rehenes al dueño del establecimiento y a sus padres. Les amenazó con su pistola. Le intentaron tranquilizar y el presunto homicida les pidió que le marcaran el número de su madre. Habló con ella y después, con la pistola en la boca, dijo a sus asustados rehenes que se iba a pegar un tiro. Los dueños del bar le rogaron que no lo hiciera y que se entregara a la policía.

Finalmente, el atracador puso fin a la tensión, dejó la pistola en el suelo y salió a la calle, donde le esperaban los policías, que lo inmovilizaron y lo esposaron. Miller es un viejo conocido de la policía. Es un duro representante de un tipo de delincuentes fuertemente castigados por la vida y que en sus acciones delictivas arriesgan hasta el final porque, piensan, no tienen nada que perder. Hace un año y medio fue detenido cuando atracaba una peluquería, pero ya había cometido numerosos atracos a mano armada a tiendas y bancos. Pese a ello, estaba en la calle en libertad condicional desde el pasado octubre. Desde entonces ha cometido siete atracos, dos de ellos en Madrid. El segundo atracador también intentó disparar contra los policías que le seguían, pero se le encasquilló la pistola. Huyó por la calle de Salvador hasta perderse por las callejuelas que conforman Ciutat Vella. Es posible que esté herido.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ GARCÍA y D. MANUEL JÓDAR CABRERA, asesinados por la banda terrorista E.T.A.

D. Manuel Jódar Cabrera



Era de Rubite (Granada) y tenía 35 años. Estaba casado y tenía también dos hijos. Ingresó en el Cuerpo Nacional de Policía en 1975. La familia de Manuel Jódar tuvo que abandonar el País Vasco tras nueve años de acoso, según denunciaron ante el juez Garzón en 2003 en el marco de un procedimiento judicial abierto contra la limpieza étnica en esa comunidad autónoma.

D. José María Sánchez García



Era de Galinduste (Salamanca) donde veraneaba con su familia y donde fue enterrado. De 34 años, estaba casado con Ana María Lerena, con la que tenía, igual que sus dos compañeros, dos hijos: una niña de 5 y un niño de 4. Había ingresado en el Cuerpo Nacional de Policía en 1981.

A las ocho y diez de la mañana del 24 de mayo de 1989 la banda terrorista ETA asesinaba en Bilbao, mediante la explosión de un coche-bomba, a los policías nacionales JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ GARCÍA y MANUEL JÓDAR CABRERA, y al ertzaina LUIS HORTELANO GARCÍA.

Los agentes fallecidos estaban adscritos a los grupos de especialistas en desactivación de explosivos de sus respectivos cuerpos. Los tres policías saltaron en pedazos al estallar un bidón con veinte kilos de amonal, cuarenta de metralla y un multiplicador de pentrita colocado en el maletero de un taxi robado. Los cuerpos quedaron reducidos a fragmentos, y los restos esparcidos a varias decenas de metros a la redonda. El fragmento humano mayor que pudo recogerse era del tamaño de un libro. Otras once personas –cuatro policías, un bombero y seis civiles- resultaron heridos de diversa gravedad.

El atentado fue cuidadosamente preparado por la organización terrorista para dificultar la desactivación del coche bomba y garantizar que se produjesen víctimas. Primero, y para atraer a las Fuerzas de Seguridad del Estado, colocaron un artefacto explosivo de escasa potencia cerca de un concesionario de Peugeot en el barrio bilbaíno de Zorroza. A la vez, dejaron estacionado cerca un taxi cargado con explosivos. Cuando estalló el primer artefacto, llegaron al lugar varios miembros de los equipos de desactivación de explosivos de la Policía Nacional y de la Ertzaintza. Tras inspeccionar los alrededores, repararon en el taxi, cuya desaparición había sido denunciada por su propietario después de que dos terroristas lo robaran a punta de pistola la noche anterior.

En el maletero del vehículo estaba la potente bomba, así que los artificieros iniciaron el procedimiento de desactivación. Después de manipular durante más de dos horas el artefacto y de neutralizar varios sistemas trampa de activación, se decidieron a retirar el bidón que contenía el amonal, mientras una cuarta persona fotografiaba la operación. En ese momento se produjo la brutal explosión. Los terroristas habían colocado un sistema de iniciación oculto entre cemento para que no pudiese ser detectado por los especialistas en desactivación de explosivos.

El atentado coincidió con la víspera de la campaña para las elecciones al Parlamento Europeo del 15 de junio, que se inició a las 00:00 horas del mismo día 24 de mayo. Todos los partidos políticos vascos, con excepción de Herri Batasuna, acordaron en señal de luto y repulsa suspender los actos de la primera jornada de campaña y retrasar 24 horas el inicio de las actividades de ésta.

En 1995 la Audiencia Nacional condenó a José Luis Martín Carmona a 76 años de reclusión mayor como autor del atentado. Anteriormente habían sido condenados los etarras Fernando del Olmo Vega e Inmaculada Pacho Martín por su participación en el mismo. Del Olmo Vega fue detenido en 1991 y condenado a 88 años. Cumple actualmente su condena en la prisión de Almería y tiene prevista la salida de la cárcel en febrero de 2012, aunque la doctrina Parot la puede retrasar hasta 2020. En cuanto a Pacho Martín, ha sido condenada en nueve sentencias a penas que suman 500 años de cárcel por cinco asesinatos. Al aplicársele la doctrina Parot, su puesta en libertad se ha retrasado al 2021. De lo contrario, habría salido de prisión en marzo de 2008.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. DAMIÁN SECO FERNÁNDEZ, asesinado por la banda terrorista el GRAPO.

D. Damián Seco Fernández



Hacia las doce y media del 25 de mayo de 1979 el policía Damián Seco Fernández y el ciudadano Antonio Cívico Mendoza resultaron muertos durante un tiroteo mantenido entre la Policía y cuatro integrantes de un comando terrorista de los GRAPO que pretendía atentar contra un militar. El tiroteo tuvo lugar en la avenida de Pedro Romero del sevillano Polígono de San Pablo. Los hechos se produjeron cuando los policías trataron de identificar a los cuatro ocupantes del vehículo que ocupaban los terroristas.

Dos de los miembros del comando lograron huir mientras los otros entablaron un tiroteo con los policías. A consecuencia del enfrentamiento cayeron mortalmente heridos el inspector Damián Seco Fernández y el ciudadano Antonio Cívico Mendoza, mientras que un terrorista fue herido, de menor gravedad, y detenido.

Dos presuntos miembros de los GRAPO, muertos en enfrentamiento con la Guardia Civil

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. MOISÉS COSME HERRERO LUENGO, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Moisés Cosme Herrero Luengo



De 30 años, estaba casado y tenía dos hijos de corta edad. Llevaba tres años y medio viviendo en el País Vasco. Estaba destinado en la comisaría de Guecho, localidad en la que vivía con su mujer y sus dos hijos. Era natural de la localidad de Martín Miguel (Segovia), aunque fue enterrado en Juarros de Riomoros, pueblo donde también había vivido muchos años. Moisés había sido policía de la escala básica antes de entrar en el Cuerpo Superior de Policía. Su asesinato, además de romper a una familia, truncó una brillante carrera policial. Tres semanas antes de ser asesinado, el 2 de mayo, había sido felicitado por la Audiencia Territorial de Vizcaya por su trabajo de información y captura de un grupo de narcotraficantes.

Cinco días después del asesinato de los policías Máximo Díaz Bardera y Francisco Rivas López, el 26 de mayo de 1985 la banda terrorista ETA acababa con la vida del inspector de Policía MOISÉS COSME HERRERO LUENGO en Algorta.

Moisés, alcanzado por dos disparos en la cabeza, fue asesinado delante de su hijo de tres años. Ese domingo Moisés había salido a comprar el periódico a la plaza del pueblo acompañado del niño. Cuando regresaban a casa, dos etarras descendieron de un Renault 5 azul matrícula de Bilbao y se acercaron al policía por la espalda. Uno de ellos sacó una pistola que tenía escondida dentro de unos periódicos y le disparó en la nuca. Cuando cayó al suelo, lo remató con otro disparo en la cabeza. Todo ello ocurrió delante de su hijo de tan sólo tres años.

El niño salió corriendo al ver a su padre sin vida en mitad de un charco de sangre y estuvo vagando por las calles de Algorta durante horas. Finalmente fue encontrado por agentes de la Policía Municipal llorando y lejos del lugar del asesinato. En su media lengua, y entre sollozos, el niño sólo repetía "han matado a mi papá, han matado a mi papá".

El asesinato se produjo en el cruce entre la avenida de Algorta y la calle de Alanco, a pocos metros de la gasolinera Goñi, uno de los enclaves más transitados de Algorta, especialmente los domingos. Además, ese día salía del centro de la localidad la carrera ciclista para aficionados de la comunidad autónoma vasca.

El cuerpo sin vida del inspector fue cubierto con una manta. Al lado del cadáver se recogieron dos casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum marca FN. Los asesinos huyeron por una calle transversal, probablemente en dirección al barrio de Fadura, en la parte baja del pueblo, donde se celebraba una fiesta.

El Renault azul del que descendieron los dos asesinos fue hallado pocos minutos después del atentado aparcado en la calle de Villaondoeta, en el barrio de Villamonte. Un equipo de especialistas en desactivación de explosivos de la Policía Nacional inspeccionó el vehículo antes de retirarlo, en previsión de que pudiera tratarse de un coche bomba.

Los asesinos de Moisés Herrero no han sido juzgados. Sin embargo, según informaciones publicadas por el Ministerio de Interior uno de los autores del atentado fue Félix Ignacio Esparza Luri. El etarra fue detenido en Saint-Paul-les-Dax (Francia) en una operación conjunta de la Guardia Civil y la Gendarmería francesa en abril de 2004. El Tribunal de Apelación de París admitió su extradición a España una vez que hubiese cumplido la condena de 17 años impuesta en Francia. En abril de 2010 fue entregado temporalmente a España para ser juzgado por múltiples atentados.

Por otro lado, informaciones publicadas en prensa señalan también a Francisco Rementeria Barruetabeña, alias Patxi, como presunto autor del asesinato de Moisés. Rementería falleció en agosto de 2000 cuando explotó el artefacto, preparado para cometer un atentado, que transportaba en un vehículo. Un tercer implicado sería Juan Manuel Inciarte Gallardo, alias Buto y Jeremías. Este etarra, uno de los más activos entre 1983 y 1985, fue entregado por México a España en agosto de 2009. Llevaba 23 años fugado con otra identidad.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. ÁNGEL POSTIGO MEJÍAS, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Ángel Postigo Mejías



Era natural de La Línea de la Concepción (Cádiz), aunque llevaba once años residiendo en Pamplona. Tenía 25 años y estaba casado con Manuela Merchán, vecina de la localidad navarra de Villava. Tenían un hijo, David, de 5 años. En noviembre de 2005, en un acto organizado por el colectivo Libertad Ya de homenaje a las víctimas mortales que dejó la banda terrorista en Navarra en el año 1980, Manuela Merchán narró los meses de dolor y soledad que siguieron al asesinato de su marido, en una época en la que la banda asesina mataba cada tres días. El 25 de junio de 2010, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Pamplona, con el apoyo del PSN, decidió poner el nombre de Ángel Postigo a una calle del polígono de Erripagaña.

A las diez y cuarto de la mañana del domingo 15 de junio de 1980, la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en el barrio de La Rochapea de Pamplona al policía nacional ÁNGEL POSTIGO MEJÍAS. Ángel había acudido esa mañana a visitar a su abuela. Al salir del domicilio, se dirigió al automóvil, aparcado junto a la casa, enfrente del Bar El Porrón. Cuando se disponía a abrir la puerta, un hombre y una mujer le acribillaron a balazos. Los terroristas estaban sentados en un banco cercano leyendo el periódico y se levantaron cuando vieron que Ángel se acercaba. Uno disparó con una ametralladora y el otro lo hizo con una pistola. El policía murió en el acto, tras recibir seis disparos en la cabeza, el tórax y los brazos, y quedó tendido en el suelo junto a su coche. En el lugar de los hechos, la Policía recogió diez casquillos de bala, calibre 9 milímetros parabellum.

A continuación, los pistoleros huyeron en un Seat 1430, robado una hora antes a su propietario en Pamplona. Según testigos presenciales, los autores materiales del atentado contaron con el apoyo de otros dos terroristas, un hombre y una mujer, que esperaban armados en el interior del Seat en el que huyeron.

Al día siguiente, lunes 16 de junio, Ángel Postigo fue enterrado en el cementerio de Pamplona, al término de un funeral oficiado en las dependencias del cuartel de la 64ª Bandera de la Policía Nacional.

Una de las etarras que participó en el atentado, Mercedes Galdós Arsuaga, fue condenada por la Audiencia Nacional en 1987 a 27 años de reclusión mayor. Pese a acumular penas de prisión por otros dieciséis asesinatos, quedó en libertad en 2005 tras haber cumplido sólo diecinueve años de cárcel. Posteriormente, en 2002 fue condenado como inductor del asesinato Santiago Arrospide Sarasola a 27 años de cárcel.

En julio de 2000 fue extraditado por Holanda el etarra Esteban Murillo Zubiri para ser juzgado por el asesinato del agente Ángel Postigo. Murillo huyó de su domicilio en 1986, a raíz de la caída de los miembros liberados (a sueldo) del grupo Nafarroa de ETA, y fue detenido en el aeropuerto de Ámsterdam en enero de 1999, procedente de México. Tras la celebración del juicio en 2002, resultó absuelto al no quedar probada su participación en el asesinato, que habría consistido en dar cobijo durante meses a los miembros del grupo Nafarroa -entre los que también estaría el compañero sentimental de Mercedes Galdós, José Ramón Martínez de la Fuente Intxaurregui, alias Joserra-, y proporcionarles el vehículo con el que cometieron el atentado. Martínez de la Fuente cumple condena por varios asesinatos cometidos entre 1981 y 1985 cuando formaba parte del grupo Nafarroa de ETA en su etapa más sanguinaria. Gracias a la aplicación de la doctrina Parot, su salida de prisión está prevista para mayo de 2020.

Presuntamente, el etarra José María Zaldúa Corta también participó en el asesinato del agente de Policía. Este miembro de la banda no fue juzgado al no conceder Francia la extradición en su momento. Zaldúa Corta, con un largo historial de asesinatos a su espalda, murió de un infarto el 22 de septiembre de 2010 mientras montaba en bicicleta en la localidad francesa de Aix-en-Provence.

Por otra parte, la banda terrorista había utilizado a un menor de edad como informante. El menor sometió a vigilancia a Ángel Postigo y recabó información sobre sus rutinas diarias. Esa información se la trasladó a los asesinos de la banda, información que fue fundamental para cometer el atentado que acabó con la vida de Ángel. El citado menor recibió diez mil quinientas pesetas por su "trabajo". Fue detenido y posteriormente condenado en 1981 a 2 años de prisión como cómplice del atentado.

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Recordamos hoy a la Policía Nacional Doña MARÍA JOSÉ GARCÍA SÁNCHEZ, asesinada por la banda terrorista ETA.

Doña María José García Sánchez



Era natural de Madrid. Tenía 23 años y estaba soltera. Hija de guardia civil, formó parte de la primera promoción de mujeres inspectoras del Cuerpo Superior de Policía. Ingresó en la Academia en febrero de 1979, junto con otras cuarenta y una mujeres. Tras ser destinada a la Brigada de Estupefacientes de Sevilla, pasó a la Brigada Central de Información. En el momento de su asesinato estaba agregada en la de Guipúzcoa. En los dos años de servicio tuvo diez menciones oficiales de felicitación por su trabajo. Fue enterrada en Ciruelos (Toledo).

El 16 de junio de 1981 la banda terrorista ETA asesinaba de un tiro a quemarropa, en la localidad guipuzcoana de Zaráuz, a la inspectora de Policía MARÍA JOSÉ GARCÍA SÁNCHEZ. Fue la primera agente de Policía muerta en acto de servicio en un atentado terrorista.

La inspectora participaba en un operativo antiterrorista en Zaráuz junto a varios miembros de la Brigada Central de Información a la que pertenecía. Tenían localizada una vivienda en la urbanización Vista Alegre, donde supuestamente se escondían miembros del grupo Goierri de ETA. Los agentes establecieron un dispositivo de vigilancia en torno al edificio y se estaban preparando para entrar en el mismo.

Después de un rato de espera, cerca de la una de la madrugada la Policía forzó la puerta de acceso al portal. Mientras un grupo subía en el ascensor hasta el sexto piso, donde se presumía que podían haberse refugiado los terroristas, otro grupo quedó en el portal cubriendo una posible retirada. Entre estos últimos estaba María José García. Sin embargo, los etarras se percataron del despliegue policial e iniciaron la huida del piso. La inspectora comenzó a subir por la escalera, quizá porque había escuchado algo sospechoso, y al llegar a un descansillo, entre el portal y el primer piso, se encontró con los terroristas que le dispararon dejándola mortalmente herida.

El proyectil que alcanzó a María José García le atravesó el occipital, con trayectoria lateral, y le destrozó la parte posterior de la cabeza, según confirmaron fuentes médicas. La herida resultó mortal de necesidad y la joven ingresó cadáver a la 1:20 horas en el Hospital de la Cruz Roja de San Sebastián.

Los terroristas lanzaron dos granadas y se entabló un fuerte tiroteo, huyendo posteriormente tras hacer saltar a tiros la cerradura del primer piso. Desde una de las habitaciones los etarras saltaron por la ventana y huyeron hacia el monte Santa Bárbara, situado en la parte trasera del edificio.

Los funerales por el alma de la inspectora asesinada se celebraron en el salón del trono del Gobierno Civil de Guipúzcoa. Posteriormente, sus restos mortales fueron trasladados a Madrid.

Por este atentado sólo fue condenado en 1987 el miembro de ETA Juan María Tapia Irujo, alias Jon y Zapatones, a una pena de 7 años de prisión mayor por encubrimiento, al ocultar a los terroristas que acabaron con la vida de la inspectora de Policía. El grupo Goierri estaba comandado por Mikel Goikoetxea, alias Txapela, que fue asesinado en diciembre de 1983 por los GAL en San Juan de Luz. El etarra que disparó contra la inspectora fue José Luis Eciolaza Galán, alias Dienteputo. También participó en el tiroteo un tercer terrorista, alias Antxoka. Dienteputo, con seis asesinatos a sus espaldas, permanece fugado y sin juzgar. En 2010 era considerado por las Fuerzas de Seguridad del Estado uno de los máximos dirigentes de la banda terrorista ETA.

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