Mossos camuflados rastrean a los delincuentes en Ciutat Vella

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Mossos camuflados
Mossos camuflados

Es habitual verle por los callejones oscuros de Ciutat Vella recogiendo cajas de cartón de los contenedores, o bolsas grandes de basura que no pesen con cualquier desecho de una tienda, que agarra con las dos manos para pasar desapercibido.

El hombre de las cajas de cartón o de las bolsas de basura al hombro al que ya no le quedan camisas extravagantes con las que tratar de pasar desapercibido es mosso d’esquadra y trabaja de fura en la comisaría de Ciutat Vella. Los fura , como ya se ha contado en estas mismas páginas en múltiples crónicas, son una pieza fundamental en la estrategia policial que planta cara a la delincuencia urbana en Barcelona. Van de paisano, en grupos de cuatro o cinco con un cabo al frente que dirige el operativo, y principalmente patean los barrios, aunque cada vez más uno o dos refuerzan el servicio circulando en bici eléctrica o patinete.

La persecución a un ladrón contó con la colaboración de un motorista que ayudó en la detención

En noches de pandemia, en una ciudad especialmente desierta en un centro que agoniza sin turistas, el trabajo de estos policías se ha hecho mucho más complicado. Ante la ausencia de gente, ellos se ven mucho más, el seguimiento a los sospechosos para detenerlos in fraganti es más dificultoso y ante la escasez de víctimas, los malos pueden pasar horas hasta que se deciden a dar un palo. Pasa eso, o sucede, como ocurrió el pasado sábado por la noche, que repartido el grupo de fura por distintos puntos del barrio de Sant Pere se oyó un grito estremecedor de una joven pidiendo desesperadamente ayuda.

El policía caminaba con su binomio por la calle Carders. Los fura salieron a la carrera en dirección a los gritos que provenían del Pou de la Figuera, más conocido popularmente como el Forat de la Vergonya. Los lamentos de la mujer retumbaban entre los muros de las calles estrechas. A la altura de la calle Llastics el policía vio a un joven corriendo, acción sospechosa en una escena en la que el resto de las personas se mantenían inmóviles. El mosso pasó bajo los soportales de la calle, avanzó a un motorista que acababa de encender su moto, retrocedió y sin perder el aliento gritó: “Alto policía. Sigue a ese joven”, y de un salto se encaramó a la moto.

El motorista ni lo dudó. Con el mosso de paquete aceleró todo lo que pudo su ciclomotor y logró ponerse a la altura del joven que huía, a la altura de la calle Sèquia. “¿Paras o te paro?”, le gritó el fura . Y reventado el joven de la carrera, se detuvo.

En el tramo de Sèquia, frente al número uno, poco antes de las diez de la noche, se arremolinaron rápidamente curiosos y vecinos que salieron a los balcones. Algunos con el móvil en la mano, grabando sin perder detalle la actuación policial.

La víctima alcanzó a los policías casi sin aliento y sollozando. Afganesa, con doble nacionalidad alemana, apenas llevaba dos semanas en Barcelona. La joven caminaba confiada por el Born chateando con un amigo con el que había quedado cuando el detenido le arrancó el Iphone y salió corriendo.

“Sí que voy a denunciar y a declarar cuando me llamen”, se comprometió ante los policías, impotentes al ver tantas veces como en muchísimas ocasiones cuando los objetos robados se recuperan, la víctima prefiere desentenderse de los engorrosos trámites judiciales que vienen después.

El detenido, nacido en Marruecos hacía 23 años, tenía un antecedente de cuando era menor de edad, y otra docena ya de mayor, desde el 2016. El arresto anterior al del sábado se produjo el siete de agosto muy cerca de ese mismo lugar, en la calle Serra Xic, donde lo detuvieron por un robo con violencia en el que provocó heridas leves a la víctima.

Mientras los fura esperaban la llegada del coche para trasladar al joven al hospital, porque aseguraba que se estaba mareando, pidió que le destensaran los grilletes. Mientras un mosso le colocaba una mascarilla suya, el joven se tiró al suelo y sobre la acera levantó la cabeza para pedir a los vecinos “grabar, grabar”.

La noche transcurrió con calma. En la puerta de acceso a la comisaría de Ciutat Vella estaba de guardia el mosso al que dos días antes un boxeador amateur italiano golpeó con sus puños cuando trataba de detenerlo, de paisano. “Estoy bien”, explicó con mucha timidez. El italiano se pasó el fin de semana rondando por el barrio y grabándose vídeos celebrando su puesta en libertad con cargos. De madrugada lo identificó la Guardia Urbana por alborotador y, por prevención, acabaron esposándolo.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/vivo/lifestyle/20200817/482802327287/por-que-espana-lidera-contagios-coronavirus-mascarilla.html

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