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In Memoriam

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. EDUARDO PUELLES GARCÍA, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Eduardo Puelles García



Denía 49 años, estaba casado con Francisca Hernández y era padre de dos hijos, de 21 y 16 años. Natural de Baracaldo, de padres emigrantes (su padre de Valladolid y su madre de Burgos), era jefe de grupo de la Brigada de Información de Bilbao, entre cuyas tareas está precisamente la lucha antiterrorista. Durante su adolescencia soñaba con ser piloto de aviones de combate, pero la necesidad de contribuir en la economía familiar le llevó a ingresar en el Cuerpo Nacional de Policía con sólo 22 años. Su hermano Josu, ertzaina, contó a El País que su madre "sufrió mucho porque era el año 1982, una época terrible de atentados diarios. Edu siempre tuvo claro que si entraba en la Policía no sería para quedarse como agente raso".

El 19 de junio de 2009, la banda terrorista ETA asesina en Arrigorriaga (Vizcaya) al inspector de la Policía Nacional EDUARDO ANTONIO PUELLES GARCÍA. Los etarras colocaron una bomba-lapa, con unos dos kilos de explosivo, adosada al depósito de su vehículo. Puelles García fue la primera y única víctima mortal de la banda terrorista en el País Vasco desde que el socialista Patxi López se convirtió en lehendakari en mayo de ese año gracias al apoyo del PP. Por otra parte, era la primera víctima del año 2009, en el que la banda asesinaría a dos personas más: los guardias civiles Carlos Enrique Sáenz de Tejada García y Diego Salvà Lezaún, asesinados en Calviá (Baleares) el 30 de julio.

Pese a su enorme debilidad, la banda podía seguir matando y causando dolor. La captura de los principales líderes y la presión policial habían dañado seriamente las estructuras de ETA. La propia banda terrorista lo había reflejado así en un documento intervenido por la Policía francesa donde decían que "la izquierda abertzale está en crisis" y que "la estrategia político militar está colapsada".

El inspector Eduardo Puelles fue asesinado cuando se dirigía a su puesto de trabajo. Eran aproximadamente las 9:05 de la mañana cuando al introducirse en el vehículo hizo explosión la bomba-lapa. Un testigo presencial relató que Eduardo tuvo aún tiempo de pedir socorro, pero que nadie pudo dárselo por la intensidad de las llamas del incendio que siguió a la explosión.

Dos días después del asesinato, se celebró una manifestación que recorrió las calles de Bilbao. Al final de la misma, la viuda de Eduardo, Francisca Hernández, tomó la palabra para decir que la banda terrorista ETA lo único que ha conseguido "es dejar dos huérfanos y una viuda, no van a conseguir nada más porque gracias a Dios hay mucha gente como mi marido y no van a poder con ellos, cada día van a salir más y más". Después les llamó "asesinos" y exigió a los familiares de los etarras que fueran "pidiendo dinero" para visitarlos en las cárceles porque "no son presos políticos, no, es mentira, son asesinos".

La intervención de la viuda de Puelles fue muy criticada por los nacionalistas. Un miembro de la Ejecutiva del PNV dijo que "no se puede dejar el discurso a la viuda (...) La mujer lo mezcló todo. Hizo referencias muy duras a las familias de los presos. Supongo que estaría sedada a tope. Eso lo tienen que cuidar. Es mejor que las viudas no hablen" (El País, 22/06/2009).

El 1 de marzo de 2011, se detuvo en Vizcaya a cuatro miembros de la banda terrorista ETA. Las Fuerzas de Seguridad creen que tres de ellos son los autores del asesinato de Eduardo Puelles. Concretamente, participaron presuntamente en el asesinato Daniel Pastor Alonso y la pareja formada por Iñigo Zapirain Romano y Beatriz Etxebarria Caballero. A la cuarta arrestada, Lorena López Díez, no se la ha vinculado con el asesinato del inspector de Policía. En el momento de la detención la Guardia Civil ya sospechaba de su participación en el asesinato de Puelles, sospechas que se vieron posteriormente confirmadas tras el examen de la documentación incautada.

Antes de incorporarse en 1991 a la comisaría de Bilbao estuvo destinado en Alicante, Irún y Portugalete. En 1997 se incorporó a la Brigada Provincial de Información de Bilbao y en 2002 ascendió al puesto de inspector. En el momento de su asesinato, estaba preparando su ascenso a inspector jefe. Puelles contaba con una impecable hoja de servicios y había recibido treinta y cinco felicitaciones por su profesionalidad. Había intervenido en una decena de operaciones que concluyeron con la detención de más de setenta miembros o colaboradores de la banda terrorista ETA. "Coge el currículo de mi hermano y examínalo. Verás la cantidad de detenciones de terroristas en las que ha participado, con una dedicación que quitaba a la familia en la mayoría de las ocasiones", señalaba Josu Puelles a La Razón (27/06/2009). Para la familia del inspector asesinado, Eduardo "es un héroe, y no una víctima, y como tal ha muerto". "Eduardo era un vasco noble y un español de corazón. Profundamente orgulloso de sus orígenes, supo proyectar su amor a su tierra en los sitios donde estuvo destinado", afirmaban desde el Sindicato Profesional de Policía (SPP) al que estaba afiliado. Sus compañeros de comisaría y de la Policía Nacional tampoco escatimaban en elogios a la hora de recordarle: "Un buen policía, un buen vasco y llevaba a sus espaldas 16 años de experiencia en Información", en la lucha contra el terrorismo.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. EMILIO JUAN CASANOVA LÓPEZ, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Emilio Juan Casanova López



Era natural de Ayora (Valencia). Tenía 29 años y estaba casado. El agente había estado presente en los funerales que se celebraron a mediodía en el Gobierno Civil por el guardia civil asesinado la víspera, Juan Maldonado Moreno. Al día siguiente se celebró en su localidad natal el funeral y entierro de la víctima, al que asistieron unas seis mil personas. Ese mismo día los Comandos Autónomos Anticapitalistas reivindicaron el atentado con llamadas a diferentes medios del País Vasco.

El 23 de junio de 1983 la banda terrorista ETA asesinaba en San Sebastián al policía nacional EMILIO JUAN CASANOVA LÓPEZ. Eran aproximadamente las 14:20 horas y hacía dos horas que había finalizado el funeral por Juan Maldonado Moreno, asesinado el día anterior en Pasajes.

El atentado, obra de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, se produjo mediante la explosión de un coche-bomba al paso de una patrulla policial formada por un furgón y una furgoneta con siete agentes de la Policía Nacional en su interior. La patrulla se dirigía al Parque Móvil de San Sebastián y circulaba por el paseo de Mundaiz, en la margen derecha de la ría del Urumea. Los terroristas, apostados en la otra orilla, activaron a distancia la bomba en el momento en que la furgoneta policial se situó al lado del coche cargado de explosivos.

El vehículo en el que viajaban los agentes fue alcanzado de lleno por la metralla y la onda expansiva de la bomba. La fortísima explosión quemó las ramas de los árboles del paseo y levantó en el aire los restos del coche Seat 127 en el que se encontraba el artefacto explosivo, que contenía gruesos tornillos y tuercas a modo de metralla.

El lateral izquierdo de la furgoneta policial quedó acribillado, con orificios que en algunos casos alcanzaban varios centímetros de diámetro. Emilio Juan Casanova López fue trasladado urgentemente al Hospital de la Cruz Roja, donde falleció poco después, mientras que otros compañeros heridos eran trasladados a la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu de San Sebastián, y otros dos más, al Hospital Provincial. Un portavoz de la residencia sanitaria hizo un llamamiento público a primeras horas de la tarde solicitando sangre para las transfusiones.

Minutos después del atentado, efectivos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil desarrollaron en San Sebastián una amplia operación con controles, cacheos y, en algunos casos, registros de viviendas. El tráfico de amplias zonas de la ciudad quedó colapsado, mientras vehículos policiales cruzaban las calles a toda velocidad haciendo sonar sus sirenas. Cientos de ciudadanos fueron interceptados e identificados en una operación policial espectacular por su envergadura y por la celeridad con la que fue realizada.

Uno de los policías heridos, José Antonio Quintana Cañuelo, de 27 años, tenía seccionada parcialmente la arteria yugular y su estado era gravísimo. Sufrió múltiples heridas de metralla en cabeza, tronco y extremidades, shock hemorrágico y paro cardiaco. Era natural de Valencia y estaba casado. Antonio Gutiérrez Pizarro, natural de Algeciras, 29 años, casado y con dos hijos, sufrió heridas graves en región lumbar derecha y múltiples heridas incisocontusas. El resto de agentes -Jesús María Díaz Barcia, Heliodoro Borrás Jesús, Juan Plaza Navarro y Engracio Calabuig Noguera- resultaron heridos de menor gravedad.

A las 20:00 horas se celebró el funeral en el salón del trono del Gobierno Civil presidido por el ministro Barrionuevo, mandos policiales, el alcalde y representantes municipales.

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Recordamos hoy al Policía Nacional D. FRANCISCO MARTÍN GONZÁLEZ, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Francisco Martín González



Tenía 32 años, era natural de Ávila y estaba casado con Cristina Domínguez. Había sido destinado a San Sebastián un mes antes de su asesinato, por lo que su residencia seguía estando en Madrid, donde vivía su mujer y donde fue enterrado. Cristina contó que tras el asesinato se sintió muy sola, y sólo contó con la ayuda de los compañeros de su marido para hacer las gestiones que le permitiesen cobrar una pensión. "Del Gobierno nunca tuve una palabra, hubo algún político el día del funeral, pero después nada, ni una llamada" (La Fuerza de la Razón, nº 27 revista de la AVT).

El 27 de junio de 1978 la banda terrorista ETA asesina a tiros en el barrio de Bidebieta de San Sebastián al sargento de la Policía Armada FRANCISCO MARTÍN GONZÁLEZ.

Ese día, el sargento Martín González y otros tres agentes del cuerpo se encontraban prestando un servicio de vigilancia en una urbanización de San Sebastián. El todoterreno en el que viajaban estaba parado en el paseo de Los Olmos, donde iban a proceder a hacer un relevo de las patrullas que recorrían las calles de San Sebastián. Uno de los agentes se encontraba en el exterior del vehículo cuando se acercó un taxi de color blanco del que se apeó un terrorista que ametralló a los miembros de la patrulla. El sargento resultó muerto en el acto, mientras que sus tres compañeros –José Frado Carro, Francisco Sánchez Arcos y José Gutiérrez Díaz- resultaron heridos de gravedad. En el lugar del atentado se encontraron numerosos casquillos del calibre 9 milímetros parabellum marca Geco.

Un testigo presencial, recién licenciado en Medicina, ha contado a Libertad Digital lo que vivió ese día. Aunque han pasado más de treinta años, prefiere mantenerse en el anonimato. Este es su testimonio:

"Era el 27 de junio de 1978. Yo acababa de terminar la carrera de medicina al mismo tiempo que cumplía mi servicio militar. El curso había terminado y estaba con mi mujer comiendo en casa de mis suegros, en el Parque de Bidebieta en San Sebastián. En la sobremesa oímos un tableteo de arma automática. Mi suegro dijo que eran fuegos artificiales pero yo sabía que era un arma de fuego. Bajé a la calle entre los gritos de mi mujer ‘¡No bajes!, ¡No bajes por Dios!’. Al llegar al portal vi el Land Rover rodeado de varios policías caídos. Me acerqué sin reflexionar, no había nadie ni a derecha ni izquierda, tenía la boca seca y temía que volviesen a disparar. Uno de los policías estaba sentado en la acera, sangraba tremendamente de una herida en la sien. Una arteria sangraba a golpes. Estaba vivo y me dijo que estaba bien. Le enseñé a ponerse un dedo apretando la arteria y la sangre empezó a pararse. Otro policía estaba tumbado en el suelo, tenía los pies apoyados en la escalerilla de atrás del furgón. Estaba vivo y me dijo si podía bajarle los pies de la escalera. No sentía las piernas. Estaba parapléjico y tenía, entre otros, un tiro en el abdomen en la parte derecha a la altura del hígado. Estaba chocado, blanco como el papel. Le tomé el pulso, que estaba en taquicardia muy elevada. ‘Se muere’, pensé... ‘¡Ánimo!’, le dije, ‘enseguida vienen a llevarte’. ‘¿Me voy a morir?’ ... ‘no, no...’ El sargento estaba sentado en el sitio del copiloto con la cabeza caída hacia atrás. Estaba muerto. No veía un sangrado claro, pero al intentar mover la cabeza tenía sangre en la nuca. El tiro había entrado por el lado del conductor matándolo en el acto... Seguía sin venir nadie y me parecía que había pasado una hora. Descolgué el micro de la radio del coche y presioné un botón... ‘¡Oiga, oiga! ¿Me oyen?..’ Alguien me contestó y ni me acuerdo lo que dije... Empezó a llegar gente, intenté organizar el traslado del agente herido. Alguien trajo una puerta y, a modo de camilla, lo montamos y lo subimos al coche de un solícito vecino de la urbanización. ‘¡Rápido, rápido!’ decía yo... Llegaron tres coches de la Policía a toda velocidad. Uno de los policías, en plena crisis, sacó la porra y se vino como a golpearnos. Sus compañeros le tranquilizaron... Les conté lo sucedido... y el sargento está muerto... ‘¡Han matado al sargento González!’, gritó uno... otro guardia se puso a llorar desconsolado. Todos estaban muy afectados. Como todo estaba controlado, solté el mando de la situación y, de repente, me bajó la adrenalina y casi sin poder andar me volví a casa... Tardé muchos días en recuperarme porque las imágenes de la sangre y el dolor de sus compañeros no me abandonaban. Tenía entonces 24 años. Jamás lo olvidaré".

Los restos mortales de Francisco Martín fueron trasladados al día siguiente, 28 de junio, a Madrid, y la capilla ardiente se instaló en la Academia de la Policía Armada de Canillas. Esa misma mañana tuvo lugar el funeral sin que se registrase ningún incidente. Al mismo asistieron el subsecretario de Orden Público, Julio Camuñas; el director general de Seguridad, Mariano Nicolás; el general inspector de la Policía Armada, Timón de Lara, y numerosos jefes, oficiales, policías y alumnos del citado cuerpo. No asistió ningún miembro del Gobierno, que a esa hora se encontraba reunido en Consejo de Ministros extraordinario.

Unas horas después, hacia la una y veinte de la madrugada, otro grupo de la banda terrorista abrió fuego contra miembros de la Policía que habían montado un control de carretera para intentar capturar a los autores de la muerte de Francisco Martín. Los disparos fueron hechos a bastante distancia desde un monte cercano a la capital donostiarra, y obligó a los agentes a tirarse al suelo para protegerse del ataque. Horas después, cuando amaneció, se procedió a inspeccionar la zona. Cerca del lugar desde el que se realizaron los disparos se encontraron tres paquetes que contenían respectivamente un kilo de goma-2 cada uno adosados a una cantidad importante de metralla. Los artefactos explosivos estaban preparados para ser lanzados directamente, a modo de bomba de mano. La banda terrorista ETA pretendía tender una emboscada a las Fuerzas de Seguridad y los disparos tenían el objetivo de que los policías se acercasen al lugar.

En 1981 la Audiencia Nacional condenó a Miguel Sarasqueta Zubiarrementeria, miembro del grupo Donosti de ETA, a 30 años de prisión mayor por el asesinato del sargento Martín González. En la misma sentencia se condenó a José Manuel Olaizola Eizaguirre a 17 años de prisión en concepto de cómplice del asesinato. Dos años después, en 1983, se condenó a José Cruz Eizaguirre Mariscal a 30 años, también como autor material.

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Recordamos hoy a los Policías Nacionales D. PEDRO DOMÍNGUEZ PÉREZ, D. LUIS CLARACO LÓPEZ y D. JOSÉ LUIS JIMÉNEZ BARRERO, asesinado por la banda terrorista ETA.

D. Pedro Domínguez Pérez



Subinspector de la Policía Nacional de 45 años, era natural de Forfoleda (Salamanca), donde fue enterrado. Estaba casado y tenía tres hijos. A su funeral asistieron varios centenares de vecinos de Forfoleda y de otros pueblos de la comarca.

D. Luis Claraco López



De 39 años, era natural de Linares (Jaén). Estaba casado y tenía tres hijos. El funeral por su alma tuvo lugar en la parroquia de San Francisco de su localidad natal, al que asistieron unos doscientos vecinos, además del delegado del Gobierno en Andalucía, Alfonso Garrido, y de mandos provinciales de la Policía Nacional y la Guardia Civil.

Hacia las diez y cuarto de la noche del 1 de julio de 1991 un paquete-bomba hacía explosión en la empresa Express Cargo, en el polígono industrial de Villaverde (Madrid), causando la muerte en el acto a dos artificieros de la Policía Nacional, el subinspector PEDRO DOMÍNGUEZ PÉREZ y el agente LUIS CLARACO LÓPEZ. Un tercer miembro de los Tedax, el agente José Luis Jiménez Barrero, resultó gravemente herido. Permaneció clínicamente muerto dos días más, falleciendo el 3 de julio.

El paquete, con unos siete kilos de explosivo, había sido enviado desde Valladolid a un alto cargo del Ministerio de Justicia, que anteriormente había ocupado el puesto de subdirector general de Personal de Instituciones Penitenciarias. El paquete llegó el 27 de junio al Ministerio y los servicios de seguridad no pudieron comprobar su contenido por verse todo opaco a través del escáner. Tenía unas dimensiones de 40 centímetros de largo, 15 de grosor y 20 de ancho. Ese mismo día se entregó también en Valladolid el paquete que hizo explosión el jueves 28 de junio en la cárcel sevillana Sevilla-1 y que provocó la muerte a cuatro personas -un funcionario, dos reclusos y el familiar de otro recluso- y heridas de diversa consideración a otras treinta.

Al rechazar el Ministerio el paquete, la empresa Express Cargo lo depositó en un almacén situado en el barrio de Villaverde en Madrid, donde permaneció catalogado como "incidencia". Y así estuvo el envío hasta el 1 de julio, cuando una llamada anónima avisó a la delegación de Express Cargo en Aranda de Duero (Burgos) de que en alguna de sus dependencias tenía que haber un paquete-bomba.

La central de Express Cargo avisó a todas sus delegaciones hasta que se detectó el paquete en el almacén de Villaverde. Los Técnicos Especialistas en Desactivación de Artefactos Explosivos (TEDAX) llegaron a la empresa sobre las seis de la tarde y adoptaron todo tipo de precauciones, según la Jefatura Superior de Policía de Madrid. Los funcionarios utilizaron un robot para desplazar el paquete y los artificieros cebaron el bulto en dos ocasiones. Los agentes tenían órdenes expresas de sus superiores de "no arriesgar nada" en su labor de desactivación. Después de varias horas de trabajo, sobre las 22:15 horas, y cuando parecía que todo estaba controlado, el paquete hizo explosión. El artefacto tenía una trampa consistente en un doble detonador y estalló cuando los artificieros intentaban desactivarlo manualmente. La explosión fue muy fuerte y la onda expansiva derrumbó 35 metros cuadrados del tejado de la nave.

Al lugar de la explosión acudieron el ministro del Interior, José Luis Corcuera, el director general de la Policía, José María Rodríguez Colorado, y el alcalde de Madrid, Agustín Rodríguez Sahagún.

En julio de 2010 se sentó en el banquillo de la Audiencia Nacional el exjefe de ETA José Luis Urrusolo Sistiaga por el asesinato de los tres agentes del Tedax. Urrusolo Sistiaga, alias Joseba, fue extraditado por Francia en 2001 para ser juzgado por dieciséis asesinatos y dos secuestros entre otros delitos. Durante el juicio, y a preguntas de la defensa, el etarra señaló que había abandonado la organización terrorista en 1994. En septiembre de 2008 hizo pública una carta en la que, junto a la también etarra Carmen Guisasola, se desvinculaba del Movimiento de Presos Vascos y criticaba la estrategia de ETA y de Batasuna.

Según el escrito de conclusiones provisionales del fiscal, antes del 25 de junio de 1991 Joseba averiguó y anotó la dirección de la sede del Ministerio de Justicia en la calle San Bernardo de Madrid número 21 con la finalidad de enviar un paquete-bomba a cargos políticos o funcionarios destinados allí. "En ejecución del plan concebido", añade el escrito, miembros no identificados de la banda terrorista facturaron un paquete-bomba desde la empresa de paquetería Express Cargo de Valladolid. El fiscal consideró a Urrusolo Sistiaga coautor de un delito de estragos terroristas, uno de atentado contra funcionarios, uno de asesinato en grado de tentativa y dos de asesinato terrorista.

El 28 de julio de 2010 Urrusolo Sistiaga fue condenado a penas que suman 119 años de cárcel como cooperador necesario en el atentado que costó la vida a los tres policías. Según se recoge en la sentencia, en una agenda que se intervino en 1992 al ser desarticulado el grupo del que Urrusolo formaba parte, se encontraron anotaciones con la dirección del Ministerio de Justicia para que ETA lo enviara a una persona en ese departamento. También había anotaciones sobre empresas de mensajería escritas por una etarra huida. Un hombre y una mujer no identificados se encargaron de enviar desde Valladolid el paquete cargado de explosivos.

Los jueces al dictar sentencia tuvieron en cuenta que Urrusolo Sistiaga no negó haber escrito las notas de la agenda intervenida por la Policía, y que un informe pericial realizado por expertos en grafología de la Guardia Civil acreditó que el acusado era el autor de las anotaciones. La sentencia señala que el plan del atentado, "concretado entre el acusado" y la otra etarra huida, "dio lugar a que personas de la organización ETA, utilizando la información por aquellos conseguida, montaran el explosivo, lo ocultaran en una caja y lo facturaran".

D. José Luis Jiménez Barrero



Tenía 41 años y era natural de Santa Cruz del Valle (Ávila). Estaba casado y tenía dos hijas. Fue enterrado en su localidad natal el 4 de julio, donde le despidieron más de un millar de personas entre familiares, allegados, compañeros del Cuerpo Nacional de Policía, autoridades y vecinos de Santa Cruz del Valle.

El 3 de julio de 1991 fallecía el policía nacional JOSÉ LUIS JIMÉNEZ BARRERO, dos días después de haber resultado gravemente herido en el intento de desarticulación de un paquete-bomba enviado por la banda terrorista ETA a un alto cargo del Ministerio de Justicia.

El paquete, enviado el 27 de junio, fue devuelto a la empresa de mensajería, que lo mantuvo en una nave en Villaverde (Madrid). Tras avisar los propios terroristas a la empresa de que en alguna de sus dependencias había un paquete-bomba, varios artificieros de la Policía Nacional procedieron a intentar su desactivación. Después de varios intentos, y cuando iban a iniciar la desactivación manual, el paquete explotó matando en el acto a Luis Claraco López y a Pedro Domínguez Pérez, ambos Tedax de la Policía Nacional. El tercer agente, José Luis Jiménez Barrero, resultó gravemente herido.

José Luis quedó ingresado en el Hospital Doce de Octubre, clínicamente muerto y en estado de coma irreversible, aunque su actividad cerebral no cesó hasta dos días después, el día 3 de julio.

Un mes después, otra carta-bomba remitida por la banda terrorista ETA hirió a varias personas en la sede del Gobierno de La Rioja, en Logroño. A finales de agosto, un policía nacional resultó herido en su domicilio en Madrid al explotar una carta-bomba remitida también por ETA.

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